Casilda, que en su juventud no se llamaba Casilda, sino Casildita, sentía una verdadera pasión por las cebollas picantes. Todas las mañanas, a eso de las seis, se levantaba Casilda y, en un tris-tras, de los que ya no existen, se preparaba para dirigirse a la tienda. La tienda, por supuesto, no abría hasta las 10. ¿ Dónde se ha visto que una tienda de cebollas picantes abra antes?. Pero a Casilda no le importaba. Era feliz esperando.
Y así fueron pasando los días, año tras año, y Casilda siguió esperando cada día hasta que la tienda se abriese.
Aquella mañana, después de otras muchas esperas, Casilda se levantó a las 6 como de costumbre, y fue a esperar frente a la puerta de la tienda. Llegaron las 10, pero la tienda no abrió. Llegaron las 11, pero la tienda no abrió. Llegaron las 8 pero la tienda no abrió. Casilda se fue a su casa, con hambre y cansancio de tanto esperar, pero por el camino se fijo en una tienda que, a pesar de lo tarde que era, estaba abierta. Era una tienda de judías verdes gigantes. 'Es curioso', pensó Casilda, ' tantas veces que he pasado por aquí y nunca la había visto.'
Desde aquel día Casilda que, en su juventud no se llamaba Casilda sino Casildita, sentía verdadera pasión por las judías verdes gigantes. Todas las mañanas, a eso de las seis, se levantaba y, en un tris-tras, de esos que ya no existen, se preparaba para dirigirse a la tienda. La tienda, por supuesto, no abría hasta las 10. ¿Dónde se ha visto que una tienda de judías verdes gigantes abra antes?
© la maga
18 sep 1997
La tienda de cebollas picantes
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Mis afectuosos salduos a la autora.
PacoZ.