Llevaba diez meses trabajando en el almacén del Viejo. Era junio y el calor, la miseria, el olor de la madera y la constante pelea con las ratas me tenía ya hasta los cojones. Todo lo que había que hacer en el mundo era madrugar, barrer y apilar cajas y cajas de comida que jamás llegaban a venderse. Parecía como si nada tuviera salida. La misma mierda allá donde dejaras caer la mirada, la mueca de aburrimiento mortal en todas las paredes.
En toda la ciudad parecía haber no más de seis tipos legales, con los que beber o hablar de tías. Todo lo demás estaba hundido y cansado, ni brizna de vida en sus ojos, incapaces de reírse o de gritar, sin pasión, sin un mínimo poso de rabia que pudiera estallar aun. Ninguna esperanza. Carlos era uno de ellos. Cuando estaba sobrio era manso como un cachorro, uno podía ver aún lo que hubiera sido capaz de lograr en otra vida. Siempre tenía otra cerveza en la mano, y otra, y otra más. Era el tipo que más bebía en el mundo, el único que parecía saber de qué coño iba todo aquello y como actuar ante lo irremediable. Cada mañana se levantaba dos horas antes que nosotros. Echaba un polvo de urgencia y bajaba a emborracharse.
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
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Alguien me dijo: Vivirás mejor en una casa desnuda.
Empecé por vaciar los armarios. La ropa volaba por la ventana y desaparecía pronto de las aceras. Algunas piezas que nadie quiso quedaron allí como animales vacíos ...
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Comportamiento de las jirafas
A las jirafas les gustan les gustan los puentes. A las jirafas también les gustan los ríos. Si un puente describe su trayectoria sobre un río, uniendo ambas orillas, y ha tomado el nombre de dicho río y una jirafa pasa sobre ese puente que pasa sobre ese río, esa jirafa será en extremo feliz...
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Parece imposible superar el patetismo tan crudo que plantea Gógol en las pocas páginas de este relato. El personaje de Akaki Akákievich apenas se nos presenta en unas cuantas líneas; poco sabemos de él, nada conocemos de su pasado ni de sus circunstancias. Sin embargo, esto no es óbice para que inmediatamente establezcamos una conexión con él, para que sintamos a este pobre desdichado como alguien cercano. Alguien íntimo.
La escritora Shirley Jackson (1916-1965) publicó su primera novela The Road Through the Wall en 1948, a la que siguieron Hangsaman (1951), The Bird’s Nest (1954), The Sundial (1958) y We Have Always Lived in the Castle , en 1962, que obtuvo una valiosa publicidad extraliteraria cuando al marido de Shirley Jackson se le ocurrió hacer público, en las páginas de un conocido rotativo, que su autora había practicado la brujería, cosa que ésta negó rápidamente. No obstante, después de su muerte se supo que semejante desmentido sólo trataba de evitar el rechazo de la opinión pública hacia su persona. Según explicó su hijo, Laurence Hyman, su madre poseía un tablero Ouija y cartas del Tarot y sabía perfectamente cómo utilizarlos, además de unos quinientos libros sobre ocultismo. La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House, 1959), considerada una de las principales novelas de horror del siglo XX, narra el inquietante experimento de John Montague, doctor en Filosofía y antropólogo, que lleva años entregado al estudio de «las perturbaciones psíquicas» que suelen manifestarse en las «casas encantadas». Infructuosamente ha buscado una casa idónea, cuando un día oye hablar de Hill House, una mansión solitaria y de siniestra reputación. Montague decide alquilarla y busca ayudantes dispuestos a pasar una temporada en ella: Eleanor, una mujer desdichada que, tras once años cuidando a su arisca madre inválida, se ha vuelto una persona solitaria; Theodora, joven alegre y curiosa, seleccionada por su increíble capacidad telepática; y Luke, vividor y mentiroso, incluido en el grupo por exigencia de la propietaria, su tía. El objetivo: tomar notas de cualquier fenómeno paranormal que se presente para documentar el libro sobre casas encantadas que prepara el doctor. Las alucinantes experiencias que vivirán en la casa será mejor que el lector las descubra por sí mismo.




la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor