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la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor

El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
SIEMPRE SUCIA
Textos · Usenet - Poética · Leer
Siempre sucia. La cocina estaba siempre sucia. Por mucho que frotase la grasa se pegaba a las paredes alicatadas, a los fuegos de la cocina, a la mesa de formica. Pasó el paño por ella con rabia. La mesa se tambaleó ruidosamente y Pepiño se volvió a mirarla desde su lugar detrás de la barra. La mirada que ella le devolvió le hizo encogerse de hombros con resignación. ¿Para qué discutir?, parecía decir su mirada, ya sé te pasará. Sí, se le pasaría, claro que se le pasaría. Siempre se le pasaba. No era un drama, no, el limpiar una y otra vez la misma mesa, la misma cocina, los mismos baños, qué puerca puede ser la gente, dios mío, en casa ajena, no es un drama barrer el mismo suelo, una y otra vez, pensó ella, mientras volvía a pasar el paño húmedo por esa mesa que, hiciese lo que hiciese, nunca quedaría lo suficientemente limpia.
LA DISCPLINA ES UNA VIRTUD CASTRENSE
Textos · Usenet - Narrativa · Leer
Después de terminar mis estudios secundarios, conseguí empleo como oficinista en una Compañía de Seguros de Buenos Aires. Era un trabajo aburrido que se desarrollaba en un ambiente desagradable en al que todas las situaciones posibles estaban pautadas y además de ser obligatorio su cualquier falta llevaba las condignas sanciones, pero como yo tenía apenas veinte un años pronto me acomodé a ellas.

El edificio de la Compañía constaba de diez pisos que eran recorridos por cuatro ascensores. Dos de ellos estaban destinados al uso general, otro al personal jerárquico y el cuarto, alfombrado en rojo, y con tres espejos, estaba destinado al uso exclusivo del Presidente de la Compañía y al Gerente General, Fernando Heidder.
el jorobado de notre dame
Textos · Usenet - Narrativa · Leer
Llevaba diez meses trabajando en el almacén del Viejo. Era junio y el calor, la miseria, el olor de la madera y la constante pelea con las ratas me tenía ya hasta los cojones. Todo lo que había que hacer en el mundo era madrugar, barrer y apilar cajas y cajas de comida que jamás llegaban a venderse. Parecía como si nada tuviera salida. La misma mierda allá donde dejaras caer la mirada, la mueca de aburrimiento mortal en todas las paredes.

En toda la ciudad parecía haber no más de seis tipos legales, con los que beber o hablar de tías. Todo lo demás estaba hundido y cansado, ni brizna de vida en sus ojos, incapaces de reírse o de gritar, sin pasión, sin un mínimo poso de rabia que pudiera estallar aun. Ninguna esperanza. Carlos era uno de ellos. Cuando estaba sobrio era manso como un cachorro, uno podía ver aún lo que hubiera sido capaz de lograr en otra vida. Siempre tenía otra cerveza en la mano, y otra, y otra más. Era el tipo que más bebía en el mundo, el único que parecía saber de qué coño iba todo aquello y como actuar ante lo irremediable. Cada mañana se levantaba dos horas antes que nosotros. Echaba un polvo de urgencia y bajaba a emborracharse.
Noticias
El país de las últimas cosas.
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Me bajé y empecé a leer El país de las últimas cosas, de Auster. Supongo que habré leído una quinta parte. No leeré más. Te digo lo que me ha parecido:

Me ha parecido una parodia, sorprendente y abrumadora, de los muchos males de ese mundo. La idea me ha parecido original, y hasta podría tener algo de genial. Pero su desarrollo me ha cansado. He llegado a un punto en que lo que seguía ofreciendo dicha parodia me sobraba. Me ha parecido que insistir sin más, aunque fuera en términos distintos, en el salvaje y original retrato, resultaba ocioso. Se había dado la medida de las cosas, y sólo podía quedar el ingenio. Así ha sido. Si hace falta pediré disculpas a la Literatura y a quien sea, claro. Por otra parte, Coppelius, me satisface conocer algo realmente serio de ese autor y esa obrita, que debe ser una muestra muy representativa y conocida. Se agradece de veras la indicación.

Sebastián.
Navy Tales. Convocatoria 2008/2009.
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Jorfasan pregonó:

Instrucciones para escribir un navy tale diez minutos antes de la destrucción del mundo.

El objetivo es construir una máquina del tiempo. Escójase un sombrero parlanchín si es usted un fan del mago adolescente y sus cuitas de identidad contempladas en el reflejo platino de una americanexpress de ídem, y si no también, leñe, que está de moda. Aunque casi todos elegirán la gorrilla de Santa, uno aconseja la corona de cumple del Burrikín, básicamente pq la mayoría tendrá su patria en el absurdo peregrinaje de unos monarcas ancianos, zascandiles -seguidores de estrellas- y petados de mercancías que se revalorizan tras unos días de ruta camellil. Consultar otras opciones.

A continuación contémplese a sí mismo en el espejo. Lo ideal sería un espejo de maquillaje, iluminado por todos los ángulos que circundan el rostro y procurar así la ausencia de sombras, siempre proclives a esconder los matices y necesitamos precisamente esas hormigas para acarrear el material de la piel caída estos años todos. Ahora toca buscar.
Sobre Gomorra.
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No sé la peli, aunque uno puede hacerse una idea sobre ella leyendo las palabras del director (que si nunca se sintió amenazado, que si es "una pelicula sobre historia humanas, no contra la camorra, sino sobre la camorra", y que si patatín y que si patatán); el libro de Roberto Saviano que la ha inspirado es de lectura obligatoria, si uno quiere comprender un poco mejor el mundo demencial que nos rodea.

Escasamente espectacular -podría ser el complemento a "No logo" de Naomi Klein, algo así como un viaje a las cloacas de las cloacas-, un pelín dramatizado en algún pasaje -se le disculpa por supuesto- "Gomorra" debería significar, de hecho significa la vergüenza de Italia, por no decir del mundo llamado civilizado, que de civilizado no tiene ná. O acaso lo que describe es precisamente la civilización y no otra cosa. Una narración sobre la macroeconomía capitalista y el mundo de la empresa moderna, nada a lo "Donnie Brasco" u otras historias de infiltrados en la mafia; la imperfecta pero impagable descripción de un intestino podrido por el cáncer. Poco importa que como en muchos otros libros sobre desastres, resalte algún episodio de esperanza, la clase de integridad que debería ser la moneda corriente y es la más rara; todos sabemos que no la hay ni la ha habido nunca.

Pobre Saviano: no sólo debe andar escondiéndose para que no lo maten sino que, con lo joven que es, lo tiene crudo para continuar a este libro, no ya superarlo.

por coppelius, e.h.l., 02dic08.

Gomorra, la película