Yukio Mishima (Tokio, 1925 - 1970), seudónimo de Kimitake Hiraoka, es una de las voces más intensas y polémicas de la literatura japonesa del siglo XX. Novelista, dramaturgo y ensayista, fue candidato al Nobel y construyó una obra de prosa deslumbrante y obsesionada con la belleza, el cuerpo y la muerte.
Su vida pública, marcada por el culto a la disciplina y al ideal samurái, terminó con su suicidio ritual en 1970 tras un fallido intento de golpe. Leerlo permite asomarse a las tensiones entre tradición y modernidad en el Japón de posguerra.
Mishima surge en el Japón de la derrota de 1945, cuando el país se redefine entre la occidentalización y la nostalgia de los valores antiguos. Contemporáneo de Kawabata (su mentor) y de Tanizaki, representa una generación que busca en la estética un absoluto frente al vacío moral de la posguerra.
Obras recomendadas
Argumento. Tetralogía (Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y El ocaso del ángel caído) que sigue durante décadas, a través de la reencarnación, el destino de un joven y de su amigo Honda. Es su testamento literario.
Su obra cumbre y más ambiciosa; se deja para el final por su extensión y por exigir ya familiaridad con sus temas.
Argumento. Una viuda y su hijo adolescente, que pertenece a una pandilla de chicos fríos y radicales, se enfrentan a la llegada de un marino que altera su vida. Relato inquietante sobre el ideal, la pureza y la violencia.
Es una novela corta y muy intensa que muestra su lado más perturbador y clínico; ideal como tercera lectura.
Argumento. Un joven tartamudo, aprendiz de monje, desarrolla una fascinación obsesiva por la belleza del templo de Kioto que acabará por destruir. Inspirada en un hecho real de 1950.
Su obra más perfecta y la que mejor combina trama y reflexión estética; conviene leerla tras conocer su mundo en Confesiones.
Argumento. Un joven japonés narra su infancia y adolescencia y el descubrimiento de su homosexualidad en una sociedad que le obliga a fingir. Novela de formación de fuerte componente autobiográfico.
Es la puerta de entrada natural: directa, confesional y breve, aporta las claves de sus obsesiones antes de afrontar obras más complejas.

