Los que estamos atados al duro banco de galeote porque no servimos para otra cosa tenemos estos días alegres las pajarillas, no por las fechas tan navideñas, que tambien, sino porque LA MAÑANA ha tenido el acierto de recordarnos tiempos pasados. Son muchos años los setenta de su vida, y son muchas las anécdotas, peripecias, alegrías y sinsabores que hemos pasado bajo su cobijo. Porque eso es, ha sido y será nuestro diario, un cobijo para todos los lleidatans, que no caigo en cursilada de las “...” por mi apego a la cosa bien hecha, como preconizaba Xenius, Eugeni D’Ors, en “LA BIEN PLANTADA. Tengo delante el libro editado por LA MAÑANA que condensa larga época y vuelvo a vivir tiempos pasados con compañeros y sin embargo amigos, con hechos algunos anodinos, otros relevantes, pero todos ellos formando parte del entramado de la vida local y comarcal que tuvieron reflejo en estas páginas. No renuncio a la nostalgia de las épocas idas, aupada con la satisfacción de haber sido testigo desde dentro de la evolución viva y vivaz de un medio de comunicación caminando hacia el futuro con paso firme. Ruedecilla que fuí y a ella me agarro, en el gran engranaje de la confección del diario, mi satisfacción es plena y avalada por la respuesta de la sociedad y por la calidad contrastada de un producto --hay que escribir del continente y del contenido-- que pionero en la Terra Ferma, sabe evolucionar mirando al mañana esplendoroso pero sin soltar las amarras del pasado.
LOS SETENTA, columna semanal
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