"y en mis brazos de hoguera, declinaron tus ojos,
y tu sombra y mi sombra, amor, se adentraron en el mar"
(Pequeño fado. Andrés Aberasturri.)
Declinando silencios
Cuando me sé, conscientemente,
polizón de mí misma y de mi cuerpo,
tus palabras aumentan el silencio de ti que me rodea.
Frente a frente:
inmaculada tu orilla,
inmaculada la mía,
oro se vuelve la soledad entre las alas de nuestras golondrinas Midas,
y en tanto el dorado remolino que forma su ágil vuelo sobre el río
me rodea,
el acompasado golpear timbales de la sangre,
escribe sobre el agua cada silencio que nos hemos dicho
-silencios que callan para siempre, lo que los dos callamos-
Polizón de tu alma: yo.
Polizones también, mi voz, mis ojos y mis manos.
Mis manos, que dibujan besos en la espalda de tu sombra
-todos aquellos que jamás rozaron nuestros labios-
Polizones tú y yo:
yo de tu cuerpo,
tú del mío,
pues cuando no lo somos,
viajamos por otra soledad que entona un salmo,
y viste de luto los colores, incluso aquello que sólo fueron míos,
incluso aquellos que sólo fueron nuestros.
Cuando me sé, conscientemente,
polizón de mí misma, y tus palabras aumentan el silencio:
entonces, sólo entonces,
cierro los ojos para no ver como se alejan, aún más, nuestras orillas.
[© Indah. enero de 2002]
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