Ya se ha acostumbrado a nosotros…"
Sebastián
Radiografía de un francotirador
El reloj marcaba las tres menos veinte, cien días después de la caída vertiginosa desde aquel helicóptero a trescientos metros de altura. Tres minutos después de tratar de ordenar el caos colocando meticulosamente las botellas como lápices en una caja de colores. Anís, brandy, coñac, ginebra. Peor que Nicolas Cage en Living las Vegas, al menos él no cabía erguido en la caseta del perro. Martini, ron, vodka, wisky.
Amapola de laúdano tras los colores de tu bandera.
Tres minutos antes, la manita de un bebé sobre tu brazo te recuerda las marcas de la camiseta sobre la piel tras el verano, y a los muñecos de la tarta nupcial fosilizados en una caja. Ella te mira como si sobraras, o eso te dicen la media docena de latas de cerveza vacías que ondean, como espuma al viento, sobre tu bandera. Toro condecorado con un sombrero cordobés.
Y pensar que tal vez al otro lado haya alguien colocando meticulosamente las botellas te jode, porque eso no te permite odiar, y odiar es lo único que te hace estar vivo, odiar para ser un gasto, odiar para ser una molestia, odiar para ser un estorbo para la humanidad.
Tras las gafas negras, la mirada con un ojo entreabierto. Nueve días antes un hombre lee sobre ti en un periódico y un día antes te meas en fluorescente agarrado a la escalera que pende del helicóptero.
La camiseta te queda grande. El reloj marca las tres menos veinte. Tres minutos para hundirte, dos para ordenar los lápices de colores, uno para olvidarte de todo.
Amapola de laudano en la oscuridad, como si solo no fuera suficiente.
marta s

