EL GATO SOBRE SU PECHO
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El blanco brillante me envolvía como un sudario. Paseé complacido la mirada, había alquilado el piso sin amueblar y con mis propias manos lo había pintado de color blanco. Completamente, hasta los escasos muebles carecían de color, excepto la nevera roja. Es lo único que poseo de ella y su color chilla y se retuerce en medio del albino salón. No funciona, a veces incluso dudo que lo haya hecho alguna vez, son los restos de nuestro naufragio. La última vez que ella disfrutó conmigo: la recogimos del vertedero, ella siempre ansiosa rebuscando las basuras. Explicándome simplistas teorías acerca de la gente que derrocha cosas que aun son útiles. Tuve que cargar con ella, a pesar de que claramente por el modelo era bastante antigua y probablemente la habían retirado por vieja. Cuando la abrimos descubrimos que la habían utilizado como un pequeño y original armario, el motor había desaparecido y pequeñas y encarnadas lejas se distribuían ordenadamente dentro del cubículo. Tenía unos pequeños desconchones que afeaban la puerta y pase horas lijando y volviendo a pintar para que quedase como ella quería Me gusta ser así, me gusta que las cosas sean así: inmaculadas, asépticas, ordenadas.

Fue algo que nunca logré que fuera ella, siempre había sido tan desordenada y colorista. A veces, era como un caleidoscopio que me producía dolor de cabeza. Desde luego, cuando volviera todo eso cambiaría.

-¡Eres un vampiro!, me gritó una vez, ¡Me estas robando la vida!. No tardé en aclarárselo, yo no robo, cojo lo que es mío. ¡Y tú eres mía!.

Lleva dos semanas sin llamarme, no lo entiendo. Nunca ha soportado la soledad. ¡Mierda!, el puto gato. Por eso no me llama, no esta sola, está con esa fiera. Es el gato más arisco que he conocido, sin embargo a ella la seguía por todas partes, incluso dormían juntos. El gato sobre su pecho.

Una vez haciendo el amor, supe lo que el gato hacía encima de su pecho. El también lamía y mordisqueaba esos pechos que eran míos. Fui a besarlos, huyendo de tan cruel pensamiento, y los vi peludos, con pequeñas uñas afiladas que surgían de los pezones dispuestos a desgarrar mi boca. Intenté defenderme a dentelladas y devorar esa obscenidad. La sangre inundó mi boca...

Era la sangre de ella, sabor salado como su sexo. La curé amorosamente, con mimo,... habían perdido toda su maldad. Hay que ser compasivo, ya no eran peludos, eran trocitos de carne temblorosa y maltratada. Y sobre todo, definitivamente suyos.

El gato sobre su pecho.

Aún no comprendo como sobrevivió, hubiera jurado que lo había aplastado con el coche. Sin embargo apareció, días después, con una pata destrozada y sangrienta. Para ella fue una cuestión de vida o muerte salvarlo. Facturas y más facturas de veterinario. Pero de todas maneras no hay mal que por bien no venga, y aun hoy puedo decir que tuve suerte que no muriera. No quería gato, ¡pues toma gato!.No podemos ir a esa fiesta , cielo, piensalo un poquito, ¿ quien va a cuidar al gato?. No, yo no puedo, mi abuelo se esta muriendo, no puedo dejar a mi madre sola en estos momentos. Piensa cariño que alguien tiene que darle la medicación para que no se le infecte la pata. Se la podrían cortar. Ella no fue a la fiesta, gracias a Dios, mi abuelo no murió, la palmó la puta de mi abuela.

Él estaba conmigo y yo hacía lo correcto.

Mi madre la odiaba porque era un zorrón como lo había sido ella. No hay nada peor como la misericordia de la pecadora arrepentida. Mi madre había sido una puta, pero mi padre le enseñó muy pronto lo que le convenía. Yo estaba enseñando a mi mujer.

Volví a su casa. El gato no quería venir a mi llamada, pero no pudo resistirse al olor de las sardinas frescas. Su cuello hizo crac y la sangre brotó de su boca, se había mordido la lengua. Pense dejarlo en la cama, pero me dio asco: tarde o temprano volveré a dormir aquí. Lo tiré a los pies de la cama y miré el despertador, aun era temprano. Me senté en el butacón mientras miraba el cadaver, la imagen me parecía incompleta. Le enrollé un sujetador en el cuello quebrado, perfecto. Ahora ya estas sola.

Sigue sin llamarme.

Esta noche he dejado sola a Maite en la discoteca, necesito un poco de aire fresco, ahora vengo, no es mala chica, además es tan fácil contentarla. Me he asomado a su ventana, está con el estúpido de la fiesta de cumpleaños, ¡plaff!, dile adiós a tu luna trasera, ¡imbécil!.

Corro de nuevo a la discoteca.

La llamo y me grita: ¡Me da lo mismo lo que hicieras anoche, no quiero saber nada de tu vida! ¡MUÉRETE!.

La odio. Me obliga a no ser yo. Te echo de menos, ojalá te mueras. Cuando estoy con ella no soy nada, cuando estoy solo no soy nadie. Viajo por mis mundos interiores. Castaneda se ríe de mí, ella se ríe de mí, todo el mundo se ríe de mí... Tengo que acabar con este cachondeo. Yo soy el que manda.

Hoy ha venido la policía. No, no se nada sobre los ataques que ha sufrido su casa, no, no se nada sobre un coche roto. ¡No se nada sobre robos y muertes!. Yo estaba con mi novia. Yo estaba con Maite.

¡La odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio!

La tendría que haber preñado. A mi padre le funcionó, de ahí no se escapa ni con alas. No mama, yo no he hecho nada, es ella que esta loca... ¿las joyas?, me las devolvió ella cuando me dejó. Son mis regalos.

Lo he hecho.

Cuando el juez me escuche, no habrá ningún problema. Fue en defensa propia. Además todo el mundo puede tener un momento puntual en el que sea un asesino... un año o tal vez dos. Todo depende del informe psiquiátrico. La condicional en seis meses, seguro.

No hay prisa, Maite me espera.

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