LULÚ EN COLORES
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--Sí. No podía dormir en la cama. El techo bajaba y bajaba, las paredes se acercaban.

Lulú hablando desde su perfil brusco. Lulú viviendo en un cuadrado de ocasionalmente móviles paredes y techo.

5.

La noche está cálida aunque no hay muchas estrellas. Lulú y yo fumamos por turnos en la terraza. Yo me siento en el poyo blanco delante de la puerta azul, ella se apoya en la baranda verde. Ya está vestida. Se cambió delante de mí. Sin vergüenza de mostrarme su espalda desnuda, sus nalgas, sus piernas. Sin vergüenza de mirar de reojo, entre ondas rojas, preguntándome algo y mostrándome --casi sin dejar ver--, la blanca silueta de un seno. Lulú no siente vergüenza al mostrarme su cuerpo. Sabe que yo no haré nada, excepto hacer lo que esté haciendo. Se cambia al fondo de la casa-habitación, ante la pared más alejada de la puerta azul, junto al rincón-trastero. Se pone ropajes lilas a modo de harapos y siempre lleva algo en el cuello. Lulú tiene un gusto raro. Mientras fuma en la terraza la observo y no soy capaz de encontrarlo. Es independiente, de un carácter fuerte, alegre y a la vez solitario; triste pero duro, como un busto de barro seco.

--Vamos dentro.

Entra en la cocina-baño y comienza a maquillarse, yo hago otro canuto. Ya he visto antes sus potingues, frascos y tubitos de todos los tonos, como óleos en el caótico estudio de un pintor. Lulú se maquilla los pómulos, las pestañas, los ojos, las uñas. Se pone carmín en los labios, se sombrea el cuello, la frente, el entreseno. Los párpados rojos, naranjas, violetas; las uñas verde. Sus facciones se acentúan cuando sopla sus dedos, sentada en la cama de pieles, dando el último aliento a su obra, otra obra.

Lulú sabe lo que le espera cuando salga por la puerta azul, cuando baje la estrecha escalera sin baranda, cuando deje el sonido de sus tacones esparcido por el patio de baldosas rojas, por el pasillo de suelo de roca vieja. Ella, Lulú, sabe muy bien lo que va a encontrarse cuando abra la enorme puerta de llave antigüa y salga a la calle Hombre de Piedra. Yo también lo sé pero yo no soy como ella.

6.

Lulú está tiesa con la estampa hacia el bullicio. El mentón levantado, el pelo algo revuelto, los párpados cayendo, entrecerrando los ojos de color indefinido. Perfecta mujer de Julio Romero. En su mano derecha sostiene el vaso de plástico, su mano izquierda recoje el codo del brazo derecho.

--Mira ése.

Lulú me mira de reojo, ríe y echa un trago. Se inclina tanto que parece que se va a caer. Miro a un tipo con una cresta verde en el pelo. Lulú apoya durante un segundo su mano en mi hombro. Su contacto es privilegiado, de esos contactos escasos y sinceros. Noto su mano larga.

Bebemos en la acera, en el bar hace calor. Estamos de pie, como dos palos, observando como pasa la gente y el tiempo con ellos. Apuramos los vasos y nos vamos. Caminamos por calles de héroes mitológicos, recorremos alamedas, pasamos bajo columnas de Hércules, atravesamos plazas de Rinconete y Cortadillo, calles de bailaores muertos y de versos de Machado. Llegamos a una verja y entramos en un pasaje hacia un espacio entre edificios modernos. Compramos porros a una castañera y bajamos las escaleras hasta el bar. Otro bar, otro más.

Lulú roza sus mejillas con las de alguien, gente que conoce. Ríe y charla. Yo miro a la cara del músico en el televisor, arriba, en el rincón. Una foto fija, la portada de un disco con un foco de luz detrás. Sé que ha llegado la hora. Lulú se pierde, se pierde. Se confunde con la multitud, se diluye en la noche, se funde con ella.

Ya no la volvería a ver más, aunque nunca llegué a olvidarla del todo. Siempre recordaré su perfil brusco, su caracter fuerte, las emociones encontradas que provocaba en mí. Siempre la recordaré en su casa-habitación, sentada en la gran cama de pieles, con su pelo de ondas rojas y sus ojos de color indefinido. La recordaré saliendo por la puerta azul, cruzando el patio de baldosas rojas o manchándose las manos largas en el cubo de agua negra. Siempre la recordaré en rojo, en naranja, en violeta. A Lulú siempre la recordaré así, en colores.

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