DESDE EL DESAMOR
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Y desde mi burbuja, la suya, en la que me tiene prisionera, busco saber qué recibo a cambio de mis desvelos... ¿qué recibo? ¡Ah, sí! seguridad económica; eso debería ser importante pero para mi no lo es. Recibo su confianza, para eso soy su administradora única, y recibo exigencia, intransigencia, indiferencia... con indiferencia me trata y me dice dónde me he equivocado. Y siempre, bajo su parecer, estoy equivocada. También me gusta que me digan lo que hago bien pero él nunca lo hace porque se supone que es mi obligación, y como en cualquier obligación hacer las cosas bien no tiene ningún mérito, por eso no es necesario que lo reconozca.
Necesito recibir cariño, ternura, comprensión. Quisiera compartir sueños y proyectos como hacíamos antes, desearía ser su amiga pero ya no puedo porque no confío en él; me agradaría recibir amor pero no su amor egoísta y materializado. Todo es ahora innecesariamente material, todo es ahora desencanto, desencuentro, desilusión, desamor.
Después de tanto tiempo me doy cuenta de que lo único, lo verdaderamente hermoso que nos hemos dado, son nuestros hijos. Ellos tampoco son perfectos pero son maravillosos, los quiero como son y ellos me quieren a mí como soy yo, son míos y nada ni nadie, ni el desamor, ni siquiera él, podrán arrebatármelos. Y ahora, cuando ya no creía posible volver a amar, llegas tú, amor, y vuelvo a soñar, vuelvo a creer que puedo ser feliz pero me sigo engañando, nuestro amor está prohibido. Si te hubiera encontrado cuando tenía diecinueve...
Has llegado tan tarde, amor, que el desamor de toda una vida me impide reaccionar. Ya no es tiempo de sueños imposibles porque estoy cansada, me faltan fuerzas para romper los muros de esta burbuja aunque carezca de oxígeno y me esté ahogando. Ahora ya es tarde y no puedo luchar contra el orden establecido, contra "su" orden establecido, y por mí consentido, durante tanto tiempo.
¡Dónde estabas amor, cuando te necesitaba!
Sigo engañada y engañando. Y todas las mañanas de mi vida me dibujo con esmero en el rostro una sonrisa de cómico, igual que si me colocase una máscara carnavalesca durante todo el año, falsas sonrisas que dibujo primorosamente para no hacer desgraciados a los que me rodean, a los que todavía amo, para que no adviertan que el desamor, ese enemigo que desconocía, me ha invadido, ha ganado su batalla y me ha vencido.
Como los soldados que lucharon en Vietnam, sigo suicidándome desde los diecinueve y me encuentro derrotada, sólo quiero dormir y olvidar, amor, que no has llegado a tiempo para salvarme.
¿Dónde estabas, amor, cuando yo tenía diecinueve?
¿Dónde cuando te necesitaba?
¿Dónde estabas, amor, en mayo del 68?
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