CARTA A UN MARIDO MUY OCUPADO
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Sin embargo, con Jaime, es un asalto permanente de pasión, en los sitios más insospechados, en el ascensor, en la cocina, incluso en los servicios de una gasolinera. Es una locura, cariño, y es bueno, muy bueno en la cama, con él me siento como si subiera en una montaña rusa... sube, baja, ralentiza, acelera, me lleva al cielo o al infierno, me abrasa con su deseo y, yo, cariño, me dejo abrasar y le abraso también a él. No deseaba darte detalles, pero he aprendido tantas cosas que te sorprenderías, aunque creo que tu capacidad de sorprenderte conmigo está agotada.
Contigo, cariño, es imposible hablar. Yo te lo hubiera explicado mucho antes con toda confianza, me hubiera sincerado, pero estás siempre tan ocupado que no he querido molestarte con mis cosas. Estas nimiedades te podían alterar un poco, y tu trabajo es tan importante que no quise que nada interfiriese en tus vitales y trascendentes decisiones.
No ha sido difícil engañarte, cariño, debido a los muchos viajes de negocios que haces. Con tus tantas cenas y compromisos yo tenía el campo libre y nunca me has preguntado qué hacía en tu ausencia ni tampoco te preocupaste de ello, por lo que no he tenido que mentirte. Es una tranquilidad, no creas. Así que, ya ves, esta es la situación, cariño. Y como, según dices siempre, yo soy tonta, -aunque siempre he sospechado, por mi cuenta, que no lo soy tanto como tú crees- he pensado que para que no te quedes demasiado solo, puedes seguir con Adela como habías hecho hasta ahora, sí cariño, me refiero a tu secretaria. ¡Hombre! ya sé que no es tan guapa como yo; ella es algo gordita y también tiene un ojillo un poco torcido pero apenas se nota, y con las gafas de sol que acostumbra a llevar, ni siquiera se le ven los ojos. Además, te llevas muy bien con ella, y como ya la conoces, pienso que no es como para que te pongas a ligar ahora con otra para no quedarte solo ¿verdad? Sé que a Adela la conoces profundamente. ¡Ya ves que una no es tan tonta, cariño!. Lo que quiero decir es que ya conoces como trabaja y también que puede hacerte la maleta perfectamente, esas cosas que tanto te gustan y en las que eres tan exigente y que siempre necesitas que hagan los demás por ti, sobre todo, después de habértela hecho tantas y tantas veces. Sabes como guisa... y, además, cariño, lo más importante para ti es que tienes la certeza de que no te fallará en la cama, porque supongo que, de esto último y después de tanto tiempo, estarás seguro, ¿no? ¡Ah! Se me olvidaba, amor, quisiera darte un pequeño consejo para que se lo transmitas a Adela, y es que hay ahora una nueva gama de desodorantes en el mercado, de esos que eliminan los malos olores pero que no dejan huella, es decir, que no huelen... pues eso.
Te deseo que seas feliz porque yo, amor, ya lo soy. Y soy feliz gracias a tu tremenda dedicación al trabajo, a tus desvelos por Adela y por tenerme a mi en el más completo olvido. Gracias a todo ello me has dado la oportunidad de volver a ser feliz con el amor de mi vida y que creía haber perdido para siempre.
- Venga, Marga, echa ya esa carta con las flores, que el cura está esperando para rezar el responso.
- Sí, Jaime, es que... como no me dio tiempo de decírselo ni de darle antes la carta, la he releído como si le hablase, para que fuese más personal ¿sabes?. Qué mala suerte la de Arturo ¿verdad? Ahora que por fin se iba a librar de mí, a la pobre Adela se le ocurre pegarle un tiro ¡qué cosas!. De lo que son capaces algunas por los dichosos celos.
- Pues si mi cielo... y lo verdaderamente sorprendente es que todos pensábamos que Adela era su amante exclusiva, y resulta que, Arturo, en realidad, bebía los vientos por don Marcial, no me extraña la reacción de Adela, la verdad.
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