La Presencia
Textos · Narrativa · 0.0

Tengo otra teoría.

Lo que oyen, amigos.Pueblos hay enteros que no consiguen una idea brillante y aquí me presento yo, un sujeto sencillo y normal, con, de momento, dos teorías. Suerte la suya, compadre:esta vez le va a cundir el dinero empleado en la librería.

Mi teoría es que a las presencias se las ve mejor con los ojos cerrados. Yo soy muy bueno detectando presencias. No es la primera ni será la última vez que me cambio de domicilio dias antes de la visita de un inspector de hacienda. Afortunadamente ahora estoy a bien con el fisco, pero he querido poner ese ejemplo, para ilustrar mi cualidad de ver y hasta de prever las presencias con los ojos cerrados.

Es lógico que seres de la oscuridad aparezcan ante ojos cerrados. ¿Qué es lo que yo esperaba ver? Pues como llevan comprobando, no soy nada creativo, y el olor a grito me recordaba el cuadro famoso del mismo título, de un tal Edward no se que, esa cara deformada, ese rostro cadavérico y oblongo que todos ustedes han visto alguna vez.

Pues nada de eso. La cara que vi cuando las partículas de polvo se condensaron en forma cuasi milafgrosa era...

Mi cara.

No soy un Adonis, pero tampoco el rostro de "El Grito". Me dije para mí mismo

-Un día tengo que quitar ese viejo espejo de ahí

Y lo hice. Al moverlo, una mecedora se empezó a mecer, haciendo honor a su nombre.Es lo que tienen las mecedoras, que se mecen. No le pidais a ninguna de ellas cálculo logaritmico avanzado. Me senté sobre ella y me mecí también. Me mezco, te meces, me meces...¿Qué memeces eran aquellas de los espíritus y la paranoia parapsiquica? Nada de eso existe.

-¡No hay nada de eso-grité

Korreone dio un brinco, sobresaltado. Se había quedado dormido, acurrucado junto al povoriento buho tuerto de madera. Le gusta mucho el búho. Mi loro es un romántico. O tal vez algo peor.

Más tranquilo ya, di un par de bocados al emparedado y levanté la botella para echarme al coleto una generosa ración de champán. Y entonces vi la cara.

Era mi cara.

-Tengo que quitar ese otro espejo de...-dije maquinalmente

Pero no había tal espejo. Empecé a temblar porque yo sabía que allí no había tal espejo.

¿De que se trataba entonces?

¿Un clon?

Yo, como toda persona previsora, tengo hechos dos o tres clones dispuestos a sustituirme en caso de enfermedad grave o desamor irreparable; pero no recordaba haber guardado ninguno en el desván

¿Entonces? ¿Algún hermano gemelo?

Yo, como toda persona afortunada, tengo un dos o tres hermanos gemelos para que se vayan avergonzando de mí en caso de disfortuna o malaventura; pero, que yo supiera ninguno vivía en mi desván.

Los clones los tenía en el Banco de Clones de París ( de allí vienen los niños, para allá los clones van) y lo último que supe de mis hermanos gemelos es que andan de viaje turístico por Laponia. De manera que aquello que había frente a mi...

-Voy a ser yo -dije

Y la Presencia me contestó


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