Artículo científico: Caballo ganador
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Normalmente, Platón es un caballo tranquilo, así que el sábado se mantuvo quieto y pastando mientras los otros caballos iban tomando posición en la salida. Llegado mi turno, lo coloqué en su caseta. Todo iba según lo planeado. Momentos antes de que se diera el pistoletazo de salida, preparé al lánguido Platón para el veloz Ferrari que iba a llegar a ser; empujé la palanquita que suelta una descarga moderada en sus órganos procreativos. Quizás di demasiada potencia, porque su miembro creció hasta casi tocar el suelo y, de pronto, empezó a montar la portezuela de salida. Estaba Platón en sus requiebros con la puerta cuando, afortunadamente, se abrieron todas las puertas y la carrera dio comienzo. Todos los caballos salieron antes que nosotros porque, al desaparecer la novia, Platón, desconcertado, no sabía dónde dirigirse ni qué hacer. Aproveché ese momento para inyectarle una dosis de belladona acompañada de una fuerte descarga en los testículos. Dimos un fuerte salto de cuatro metros y nos colocamos detrás de Paris Hilton, una yegua de muy buen ver a quien casi dimos alcance en un par de segundos. Aproveché para ofrecerle una dosis de adrenalina de jabalí, descargas en el bozal derecho, para que girara y la adelantara, mientras le soltaba unos gramos de cloruro de hidrógeno en sus fosas nasales para evitar que oliera a Paris Hilton.

Algunas veces la fuerza de la naturaleza es más fuerte que la química, y a pesar del lastre enorme que llevábamos por su quinta pata, que nos frenaba aerodinámicamente, Platón alcanzó a Paris Hilton y empezó a morderle el trasero, para agarrarla bien. En esas estábamos cuando Cassius Clay se nos acercó por la izquierda. Solté varias descargas y Platón relinchando se encaró a Clay. Le mordió en el cuello, provocando que se cayera al suelo con su jinete. Al llegar a la primera curva, Platón ya se había deshecho de toda la competencia, tres caballos más, que al parecer querían competir con Platón, quedaron tirados en la pista, con sus jinetes. Nos acercábamos a la recta final cuando Paris Hilton, enfurecida por los mordiscos saltó a la tribuna de espectadores. Platón la seguía, pero yo le di unas fuertes descargas a la izquierda del bozal como diciéndole "Déjala ahora, que tenemos que ganar. No estamos aquí para divertirnos, sigue la recta", pero Platón estaba demasiado salido y no escuchaba ni las descargas eléctricas, así que saltamos también entre los espectadores buscando a Paris.

La escabechina fue grande. Afortunadamente el seguro pagó los desperfectos. Aprovecho esta ocasión para dar mi más sentido pésame a los familiares de los veinte fallecidos. Humildemente creo que tengo que trabajar más intensamente en la aplicación práctica de la endrinas a semovientes mediante electroshocks.

Bubi.

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