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El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
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MATAR EL TIEMPO
En cierto pueblo de algún lugar es bien conocida la habilidad que tienen algunos de sus habitantes para matar el tiempo. Es maravilloso verlos reurnirse en pequeños grupos los fines de semana para, armados de escopetas y perros, partir al campo a la caza del tiempo.
Peces
Lo de los peces fue después de lo del rugby. Sí. Primero me echaron y después lo del rugby. Y en lo del rugby conocí a Susi. Porque era difícil ser un tío en lo del rugby y no conocer a Susi, ya sabéis.
A mi no me echaron por mangante. Digan lo que digan. Yo tengo buena mano con los masajes y eso hacía en el gimnasio. Pero soy un negado para vaciar bolsas y carteras en los vestuarios. Pero sucede que en el gimnasio mandaba el Curilla. Que yo soy un chulo y un borrico y no me rajo. Y al Curilla me lo tropecé afanando . Me pasé de listo por no denunciarlo. Me la jugó. Yo era el nuevo y me cargó el mochuelo, me comí el marrón entero, me echaron. Allí quedó el Curilla, otra vez el amo.
A mi no me echaron por mangante. Digan lo que digan. Yo tengo buena mano con los masajes y eso hacía en el gimnasio. Pero soy un negado para vaciar bolsas y carteras en los vestuarios. Pero sucede que en el gimnasio mandaba el Curilla. Que yo soy un chulo y un borrico y no me rajo. Y al Curilla me lo tropecé afanando . Me pasé de listo por no denunciarlo. Me la jugó. Yo era el nuevo y me cargó el mochuelo, me comí el marrón entero, me echaron. Allí quedó el Curilla, otra vez el amo.
Noticias
El buscador vuelve a la carga en su estrategia de incorporación al negocio de la venta de libros - Ofrecerá, antes de final de año, un catálogo de 400.000 títulos
La novela ha sido galardonada con el Premio RTL-Lire 2010.
Escritor, periodista y editor estadounidense, prestó servicios en el Ejército de la Unión durante la Guerra Civil, en la que fue herido de gravedad. Su primer cuento, «The Haunted Valley», fue publicado en 1871 en la revista Overland Monthly. En 1877 inauguró su famosa columna «Prattle» en el semanario Argonaut. En 1887 empezó a trabajar para los periódicos de William Randolph Hearst y su fructífera relación duró más de veinte años, período en el que su envenenada pluma combatió la impostura de políticos, predicadores, abogados, racistas, capitalistas, poetas, anarquistas e inescrupulosos de todo tipo. La prosa de Bierce —heredero literario de Poe, Melville y Hawthorne— se caracteriza por la lucidez y el cinismo y cierta fascinación por el horror y la muerte. Entre sus obras sobresalen Cuentos de soldados y civiles (1891), El monje y la hija del verdugo (1892) y El diccionario del diablo (1906). La muerte de Ambrose Bierce está rodeada de incertidumbre. A fines de 1913, a los 71 años, viajó a México, en plena Revolución, y en su última carta dice que va a trasladarse a Ojinaga, ciudad donde unos días después se libró una sangrienta batalla. Bierce escribió: «Debe de ser horrible morir entre sábanas; si Dios quiere, a mí no me ocurrirá».

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor