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El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
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PLACER ETERNO
Navegar, volar, quizá una mezcla de ambas cosas. Acompañantes, la cantidad exacta, de todas clases y modelos. Herramientas de trabajo bastante descuidados, transportes de cargas, vehículo de fin de semana; pocos recientes, lujosos y potentes apenas alguno. De todos los colores. Las prisas justas. Temperatura de veintitrés grados. El sol a la espalda, ya bajando. Sin viento. Suelo seco. El estado ideal trasladado al asfalto que provocaría el que un surfista rezumara serotonina. Y el destino me había puesto ahí en ese justo momento. No tenía más que aprovechar la ocasión y disfrutar.
¡EL QUE NO CHILLA NO MAMA!
No todas los vecinos reúnen los requisitos para ser considerados como tales; hay personas que "son vecinos" y hay otras que no pasan de ser "el que vive al lado", o "la de enfrente de casa", como ocurre con el fulano que mora tras mi medianera, un sujeto aparecido hace unas semanas al que aún no he visto pero sé que es esmirriado, pálido, de algo más de metro y medio de altura, de gruesos anteojos de carey oscuro, tímido, escurridizo y, encima, de mirar ladeado. El hombre tiene un perro, un cuzco juguetón y de agradable aspecto pero que suele ser molesto. Hoy, sin ir más lejos, estaba yo limpiando las hojas del jardín trasero cuando el cuzco comenzó con su prédica diaria.
Fabada
- ¡Trae más agua, niña! -Le grité, frunciendo el ceño con toda la ferocidad de que era capaz. Pero la chiquilla me sacó la lengua y echó a correr hacia el camino, en dirección contraria a la fuente.
A mis espaldas sonó la risa aguda, infantil, del Nene:
- ¡Ay, maestro! Ni las niñas te tienen miedo -se burló, chasqueando los labios con desaprobación.
Desconcertado, me volví hacia Trini que, apoyada en la puerta de la chabola, parecía empeñada en recuperar algo valioso extraviado en los recovecos de sus uñas sucias y melladas. Comprendí. Lenta, intencionadamente, volqué de una patada la tina y el agua formó una breve laguna de espuma en la tierra reseca.
A mis espaldas sonó la risa aguda, infantil, del Nene:
- ¡Ay, maestro! Ni las niñas te tienen miedo -se burló, chasqueando los labios con desaprobación.
Desconcertado, me volví hacia Trini que, apoyada en la puerta de la chabola, parecía empeñada en recuperar algo valioso extraviado en los recovecos de sus uñas sucias y melladas. Comprendí. Lenta, intencionadamente, volqué de una patada la tina y el agua formó una breve laguna de espuma en la tierra reseca.
Noticias

Marco Stanley Fogg está a las puertas de la edad adulta cuando los astronautas ponen el pie en la luna. Hijo de padre desconocido, fue educado por el excéntrico tío Victor, que tocaba el clarinete en orquestas de mala muerte. En los albores de la era lunar, muerto su tío, Marco va cayendo progresivamente en la indigencia, la soledad y una suerte de tranquila locura de matices dostoievskianos, hasta que la bella Kitty Wu lo rescata. Marco empieza entonces a trabajar para un viejo pintor paralítico y escribe su biografía, que éste quiere legar a su hijo, al que no llegó a conocer. Tras un largo periplo que lo lleva hasta el Oeste y bajo el influjo de la omnipresente luna, Marco descubrirá los misterios de su origen y la identidad de su progenitor.
Títulos de Tolstói, Dostoyevski y Leskov regresan en nuevas traducciones en una colección de El Aleph y Mario Muchnik 

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor