Robur se decidió a dar el paso. No podía dejar transcurrir más tiempo sin plantear el problema. Era su responsabilidad y estaba en juego el futuro de los habitantes de La Tierra.
Se dirigió apresurado al edificio en el que vivía Único H. S. y entró sin llamar. Sabía que el viejo científico no se cuidaba de cerrar las puertas pero que tampoco admitía a extraños, aunque en esta ocasión esperaba que a él sí le atendiese.
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
UNA RAZA EN JUEGO
¿Por qué?
La primera vez que escribí algo en este grupo fue el 12 de septiembre de 1997. Tuve mis 10 minutos de gloria y después he estado entrando y saliendo de aquí pero sin acabar de irme definitivamente. Llevo mucho tiempo sin escribir nada y tampoco tengo ganas. No soy una persona demasiado sociable, así que me cuesta mantener el contacto con la gente. Soy muy perezosa para ponerme a escribir o llamar por teléfono y por desgracia he perdido la amistad de un montón de personas a las que admiro o quiero o tengo cariño. El azúcar me cansa, por eso creo que nunca he acabado de encajar. Pero tengo muy buenos recuerdos de este sitio y de muchas de las personas que estuvieron, han estado y están ...
PROCEDIMIENTOS SENCILLÍSIMOS DE SUBVERTIR...
PROCEDIMIENTOS SENCILLÍSIMOS DE SUBVERTIR LOS SACROSANTOS VALORES ESTABLECIDOS Y QUEDARSE TAN PANCHOS (evidente plagio de Cortázar, por cierto e incierto)
1. De los cuadros y otros fetiches
Se debe elegir un cuadro muy conocido, muy caro, que por ejemplo llamara mucho la atención cuando se vendió en subasta por última vez por el precio tan estúpidamente alto que se pagara. Pongamos por caso "los floripondios", de Michello della Michelletti. Una vez escogido el cuadro sobre el que actuar, se roba tan pronto como sea posible. Naturalmente, habrá que procurar que esta acción tenga una gran repercusión posterior, por lo que se deberá hacer el robo de la manera más espectacular: huídas en helicóptero, robo a plena luz del día, etc...
1. De los cuadros y otros fetiches
Se debe elegir un cuadro muy conocido, muy caro, que por ejemplo llamara mucho la atención cuando se vendió en subasta por última vez por el precio tan estúpidamente alto que se pagara. Pongamos por caso "los floripondios", de Michello della Michelletti. Una vez escogido el cuadro sobre el que actuar, se roba tan pronto como sea posible. Naturalmente, habrá que procurar que esta acción tenga una gran repercusión posterior, por lo que se deberá hacer el robo de la manera más espectacular: huídas en helicóptero, robo a plena luz del día, etc...
Noticias
Un grupo de antiguos amigos, que ya no tienen nada en común excepto un turbio episodio del pasado, se reúne en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. La reunión sigue fielmente el guión habitual de estos casos, pero, en plena celebración, un acontecimiento externo alterará por completo sus planes. Sometidos a una creciente presión, cada individuo interpretará los acontecimientos según sus particulares obsesiones; y entre confesiones y rencillas largamente incubadas se irá recomponiendo un esquema sórdido e intrincado de las relaciones que los habían unido en el pasado, todo ello bajo la sombra de una amenaza cada vez más cercana y palpable.
Doyle (Edimburgo, 1859-1930) estudió Medicina en Londres a la vez que empezaba a esbozar el perfil de una especie de detective privado de capacidades analíticas y deductivas fuera de lo común: Sherlock Holmes. A pesar de crear otros dos personajes, nunca pudo librarse de la fama de este detective.
Siempre que le preguntan, Quim Monzó explica que Mil cretinos es su libro más alegre, pero no es verdad. Hay humor: un humor negro que tiñe los diecinueve relatos de este libro, pero ¿alegría? Quizá confort, porque resulta alegremente reconfortante pasar cuentas con el dolor, con la vejez, con la muerte, con el amor y con el desamor, con las rencillas cotidianas, con el vacío del paisaje. En Mil cretinos Monzó observa, divirtiéndose, el equilibrio entre la dicha y la desdicha: el hervor de la tristeza bajo un cielo tan azul que resplandece de felicidad. «Monzó sabe hacer que el lector sonría a pesar de ir hundiéndose paulatinamente en un cúmulo sensacional de miserias cotidianas. Son unos cuentos tan tristes y terribles como los que escribía Virgilio Piñeira» (Ponç Puigdevall, El País); «La mayor de las ternuras disimulada tras una inmisericorde crueldad. Qué grande es Quim Monzó» (Julià Guillamon, La Vanguardia). 

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor