LLueve, y me gusta.
Me gusta porque el aire ya no huele a frío y gasoil,
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
Ya es primavera en Arianjolandia
poemas, 1998
SIN TI
Me duele
la ausencia silenciosa de tus venas ,
me duelen
los suspiros incontenibles
que se desnudan tras el vacío ,
las caricias que se quedaron muertas
entre la huida de tus pupilas ...
Me duele
la ausencia silenciosa de tus venas ,
me duelen
los suspiros incontenibles
que se desnudan tras el vacío ,
las caricias que se quedaron muertas
entre la huida de tus pupilas ...
Manuscrito hallado en un pedrisco (II)
Cuando acabó aquel período a mí me trasladaron a Belice. No era un capricho, ya que hay zonas del planeta de las que es muy incómodo elevarse: los desiertos cálidos y las zonas polares. En los primeros aun se puede con los propios recursos orgánicos crear un protoestrato eficaz. Pero en las segundas aunque lo consigas es harto difícil evitar que se congele antes de ascender.
Noticias
El servicio se activa en estos días en 15 centros, aunque Cultura espera extenderlo a todos los 54 antes de diciembre.- El catálogo incluye casi solo clásicos
Tres personajes se ponen en marcha un desapacible día de invierno: un mercader, su criado y un caballo. Al mercader le guía el deseo de acumular fortuna, es decir (en el ideario tolstoiano), la codicia, el engaño, la explotación. Hay un bosquecillo en venta y no quiere que nadie se le adelante. El criado y el caballo viajan simplemente a donde les lleva su destino. Pero el camino está cubierto de nieve, se pierden, el frío y la oscuridad se ciernen sobre ellos...
El gran periodista soviético Ilia Ehrenburg llegó a Moscú desde la Guerra Civil española donde estaba como corresponsal, y se asombró al encontrar en el ascensor de su casa un cartel que decía: "Prohibido echar libros al retrete. Los infractores serán descubiertos y castigados". Como aquellos forasteros que tanto irritaban a Pasternak, y años después a Joseph Brodski, aquellos forasteros que llegaban a la Rusia soviética y lo contemplaban todo con ojos maravillados y sin entender lo que estaba pasando, y a menudo sin quererlo entender, a Ehrenburg el cartel le chocó como una extravagancia y le costó comprender lo que significaba: que la posesión de ciertos libros era peligrosísima y había que desembarazarse de ellos por cualquier procedimiento, aunque fuera a costa de atascar las cañerías. Lo cuenta en sus memorias Gentes, años, vida (Planeta).


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor