"...Y Alice sonrió pensando que quizá aquélla sería la primera media verdad de los esposos, la primera de las pequeñas grietas que se crean entre dos personas por las que tarde o temprano la vida introduce su ganzúa y hace palanca."Queridos feligreses, tras este introito, debo explicar que llegué a esta novela por el expeditivo método que tanto facilita el lector electrónico, quiero decir, el piscinazo. Método que cuando depara sorpresas como ésta, a nada puede igualarse. Alguien -¿mi hermana, mi cuñado, mi amante bielorrusa la Gran Duquesa Svletana?- la había insertado en la tarjeta SD y su título, entre el marasmo de otras decenas, me llamó la atención: "La soledad de los números primos". Bello. Junto con el nombre del desconocido autor era cuanto sabía de la obra. Ha sido después cuando me he enterado que es un galardonado éxito editorial y que se vende como churros en los comercios del ramo... o sea, como la trilogía del sueco. ¡Ay!, nunca entenderé nada.
Supongo que habrá alguno más veterano que el que subscribe que podrá enviarte un resumen del origen -impregnado en brumas de bytes y votaciones genésicas- de este grupo y su posterior transformación en un foro donde, a veces, se discute de literatura. En este foro se ha utilizado comúnmente la expresión "patio" para denominar este foro y varios son los que han escrito varias semblanzas al respecto (siempre con la intención de lograr una pronta y fácil identificación más que un perfil preciso). Ofrezco mi visión.
Empecemos con unos adjetivos:
Marco Stanley Fogg está a las puertas de la edad adulta cuando los astronautas ponen el pie en la luna. Hijo de padre desconocido, fue educado por el excéntrico tío Victor, que tocaba el clarinete en orquestas de mala muerte. En los albores de la era lunar, muerto su tío, Marco va cayendo progresivamente en la indigencia, la soledad y una suerte de tranquila locura de matices dostoievskianos, hasta que la bella Kitty Wu lo rescata. Marco empieza entonces a trabajar para un viejo pintor paralítico y escribe su biografía, que éste quiere legar a su hijo, al que no llegó a conocer. Tras un largo periplo que lo lleva hasta el Oeste y bajo el influjo de la omnipresente luna, Marco descubrirá los misterios de su origen y la identidad de su progenitor.
Títulos de Tolstói, Dostoyevski y Leskov regresan en nuevas traducciones en una colección de El Aleph y Mario Muchnik 

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor