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la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor

El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
Los Anales de Gaula: Jalogüin o la cultura de plástico.
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Contaba mi madre de la Gaula rural en la que vivió su infancia, de aquellas noches de Ánimas –las del 1 al 2 de noviembre– en las cuales ahuecaban calabazas, ponían velas en su interior y las colocaban sobre muros o sobre postes en zonas oscuras de los caminos, que eran la mayoría, con la ingenua intención de asustar a viandantes ocasionales. Nada decía de la costumbre de ir la muchachada por las casas pidiendo a sus habitantes, acaso porque ya se había perdido en aquellos comienzos del siglo XX, como otras por la voraz emigración de la centuria anterior. Costumbre que había existido al menos desde el XVI si damos crédito a los intentos de suprimirla de un obispo mindoniense que le parecía fatal entre otras muchas razones porque recibian más obsequios los hijos de los ricos que aquellos de quienes estaban verdaderamente necesitados. Alguna cosa consiguió erradicar como las comilonas en honor de los muertos dentro de los templos parroquiales, que al ser los camposantos un anexo alrededor de las iglesias y dado la crudeza del clima durante ese carnaval de otoño no parece extraño que acabase por desplazarse el banquete de las tumbas al edificio cubierto más a mano.

© Galaor
jazminero otoñal
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Puede que la bonanza, ese subidón de temperatura del finde cause despiste al enterado de todo. Puede que moleste a la santa la rebeca y que el jersey del paseo vespertino estorbe más de la cuenta. Pero sí. Estamos a fines de octubre y las hojas de árboles e hiedras empiezan a alfombrar de oro los suelos de calles y terrazas.
El tiempo
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Parece que lloverá, aunque no quiero empezar hablando del tiempo.

De hecho, la cantidad de relatos, novelas e incluso conversaciones cotidianas, que tienen el tiempo como motor de arranque es tan grande que me niego en rotundo a dedicarle la primera línea, y mucho menos la primera línea y un párrafo.

El relato que estoy planteándome escribir, que no empezará hablando del tiempo bajo ningún concepto, ni explicará esa negativa a hablar del tiempo en el primer párrafo, ni contendrá un segundo párrafo para comentar todo lo dicho con anterioridad sobre no hablar del tiempo, se basará en cosas que sucedieron en una conferencia a la que asistí hace poco.

Me interesa porque, fuera del ámbito de la misma conferencia "sistemas de gestión de la información para la toma de decisiones en el mundo empresarial- el tema carece de interés, así que utilizarlo como punto de partida es tentador cuando quieres saltarte el principio, nudo, desenlace, hacerle una pedorreta a la linealidad e incluso construir un relato sin llegar a escribirlo, con algo tan poco literario como esa conferencia en su base.
Noticias
"Sólo un muerto más" de Ramiro Pinilla
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Ramiro Pinilla, el veterano autor vasco de la trilogía "Verdes valles, colinas rojas", me deparó uno de los fiascos más señalados cuando terminado el primer volumen de la serie concluí que a pesar de su fulgurante, bella y personal primera mitad, el resto era un ladrillazo de notables proporciones, por lo que hasta el día de hoy los dos volúmenes siguientes reposan en mi biblioteca sin haber sido siquiera despellejado el plástico que los envuelve. De esta manera, puedo estar de acuerdo con Anasagasti cuando en su blog, y por los que sospecho otros motivos fuera de la literatura, califica al escritor de plomazo aunque sin ahorrarse recordarnos en un comentario lleno de vileza que Pinilla también fue autor de pies de cromos de muchos álbumes infantiles.
1280 ALMAS, Jim Thompson
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Nick Corey es el sheriff del pequeño pueblo de Pottsville, un pueblo cualquiera en el salvaje Oeste americano. El título de la novela alude a la población del mismo (aunque haya una discusión entre el protagonista y el sheriff del pueblo vecino sobre si en esas 1280 almas están contabilizados los negros o no, ya que para el otro sheriff estos no tiene alma) y todo arranca cuando están llegando las nuevas votaciones para elegir de nuevo al sheriff del lugar ...
El paseante de las dos orillas, Guillaume Apollinaire
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Apollinaire nos propone en El paseante de las dos orillas un largo y asombroso paseo por el París vibrante de las vanguardias de principios del siglo XX.

La obra es una continuación de la tradición francesa de la flânerie que, más que un "paseo", implica una actitud vital y constituye un género literario cultivado por autores como Rabelais, Rétif o Baudelaire, quien lo definió como la capacidad de "estar fuera de casa, y sin embargo sentirse en todas partes como en casa".

En su flânerie personal, Apollinaire nos conduce a la animada bodega frecuentada por Vollard, célebre marchante de arte; a las bibliotecas del mundo, a los muelles de París. Conoceremos al señor Lehec, el librero celoso de sus libros; a Ernest La Jeunesse, poeta y coleccionista inveterado, y deambularemos, entre otros lugares, por el barrio de Auteil.

"El paseante de las dos orillas es un libro especial... Es una guía de paseos por lo imaginario... Un prodigioso encantamiento". J. Ignacio Velázquez, del epílogo.

Colección Errantes / El paseante de las dos orillas
Traducción Elena Fons y Jèrôme Gauchet
Páginas 104 - Formato 13,5 x 21,5 cm
ISBN-13 978-84-936637-6-6
Publicación Mayo 2009 - Precio 16€

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