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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
DE JAEN A MARTOS
El coche de línea que unía -es un escribir- Jaén con Martos, el de Ureña para entendernos, además de tener tres clases habilitaba para la tercera una opción dado el escaso numero de plazas. Era viajar en la baca, junto a maletas, bultos, cestas y hasta un par de gallinas atadas por las patas a la barandilla. La familia de Juanito Contreras, que quería dar boato al entierro del abuelo encargó a la funeraria “La Verdad” de Jaén un lujoso féretro, una caja con incrustaciones de limoncillo y una gran cruz sobre la tapa.
El problema de llevarlo hasta Martos era la prisa y Ureña se comprometió a hacerlo en el día, pero en el coche de la tarde. Invierno, lluvia, frío y en Torrecampo un viajero ante la disyuntiva de viajar o no viajar, se subió a la baca y se guarneció dentro de la caja del muerto. Nada que le impresionara, que acababa de salir del campo de concentración de Miranda de Ebro y se las había visto más que gordas tanto en Brunete como en el Ebro. Pero eso es otra historia. En Torredonjimeno un par de viajeros que iban hasta Martos buscando trabajo en la aceituna allá por los pagos de Tramblín, también suben a la baca. Un poco moscas sí que iban con la caja del muerto como compañía, pero llegando a la Fuente Nueva, oyen una voz que venía desde el fondo de féretro:
-¿Ha parado de llover?
La caída desde la baca hasta el suelo delante del cine de Trepaltares, revuelo, suspendida la sesión justo cuando los espectadores masculinos esperaban la escena donde Jane en compañía de Tarzán se bañaba con un sucinto “tapaeso”, que no rabo sino lo opuesto. Y don Rufino certifica la muerte de los dos pero sin diagnosticar si la causa fue el susto o el golpazo contra el empedrado. Del ocupante circunstancial de la caja nunca más se supo.
© Lope de Sosa
17/11/2008
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