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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
NOCHE DE ÁNIMAS
Borja salió del portal y todavía llevaba la sonrisa en los labios.
Formaban un buen equipo, pero realmente sus compañeros eran unos pusilánimes; seguro que todavía estaban con aquellas caras horrorizadas cuando les sugirió la solución. Tanto debatir, tanto debatir..., y esa moda de la bioética suponían una pérdida de tiempo. Al fin y al cabo lo único que pretendían era tranquilizar sus conciencias y no buscar la verdad. Y en ese trabajo no podían ceder ni un milímetro pues habría al menos un centenar deseando ocupar sus puestos.
Unas niñas disfrazadas de brujillas perseguidas por una especie de esqueleto se cruzaron con él. Recordó la fiesta baile a la que estaba invitado. Ir de conde Drácula era un disfraz cómodo. Ya se peinaba igual, con fijador y para atrás, sólo cambiar de traje y unos dientes de quita y pon... Pensó que, al fin y al cabo, el remedio que les había sugerido para los miles de excedentes que tenían congelados podría ser macabro lo suficiente para un día de las Ánimas como aquél. Volvió a reír para sí al recordar que a Ana, la enfermera, se le había caído la botella de agua y regó de arriba abajo al Dr. Ramírez, que pegó un bote hacia atrás como si fuese ácido. Que le gustaba más el vino, lo sabían todos, pero decirle que no imaginaba que fuese hidrófobo no le sentó nada bien... La reunión se había acabado en un silencio tenso que lo llenaba todo y ante el que Borja tuvo que disimular sus ganas de carcajearse.
Cruzó la calle dando unos pequeños saltos y alcanzó el autobús antes de que arrancara. ¿Por qué se lo habían tomado así? ¿Habitualmente manipulaban cientos al año y destruían muchos más que ya no se molestaban en congelar? De acuerdo que lo había dicho en broma, harto de tanta filosofía barata como se soltaba en aquellos encuentros, pero ¿acaso era un disparate? En el fondo no eran coherentes. Borja sólo creía en Borja Yáñez de Bertoa y en nada más. Pero los demás jugaban a tener algo más que su frialdad científica -esa asepsia moral que era imprescindible para triunfar en aquel campo-, y estaban encantados con aquellos debates que les hacían creerse que no eran unos simples técnicos amorales. Pero las virtudes de su propuesta les pasaban desapercibidas, y las tenía. No era tanto una mera solución como algo que podría reportar ingresos económicos. Aunque hubiera un fuerte rechazo inicial siempre habría ricos interesados en el nuevo producto. Seguro que algunos hasta disfrutarían con ser estigmatizados socialmente por consumirlo...
Además, ninguna fábrica por moderna que fuese podría equipararse en limpieza e higiene con la clínica... En fin, parecía un disparate, pero no lo era, y ni siquiera supieron ver el sentido del humor.
Unas horas más tarde Borja llegaba al Hotel Bristol con su atuendo de conde chupasangre. Hay que reconocer que no le faltaba elegancia y no solía perderla excepto delante de un buen caviar. Era superior a sus fuerzas. Parecía un nuevo rico que nunca lo hubiera probado y a veces daba un espectáculo por la enorme cantidad que era capaz de deglutir a pelo, sin añadidos y con una pequeña cucharilla. Hoy estaba de suerte. El cocinero era conocido, antiguo compañero del Ramiro, y preguntó por él nada más entrar en el vestíbulo. Antes que nadie, acompañado de su amigo, pasó revista a los espléndidos manjares que les tenían preparados. Y era evidente que el Club no había reparado en gastos para la ocasión.
Algunos socios que querían hacerse los importantes procuraban llegar los últimos, pero a Borja le encantaba ser de los primeros para ir observando con calma a todos los que llegaban, y en especial a las señoras. Era una de sus habilidades: saber quien estaba y quien no, y poder así relacionarse de la manera más conveniente. Una hora más tarde el lugar estaba de bote en bote y Borja se encontraba extasiado disfrutando del caviar y de la compañía de Lola. Que su piel estuviera teñida de verde no hacía más que resaltar su escote ante los ojos del médico, que de buena gana renunciaría por ella a su manjar favorito, al menos por aquella noche. Hacia el otro lado de la mesa se acercaba un hombre lobo, más bien tripudo y algo bebido del que salía la voz del Dr. Ramírez:
-Yáñez, no sé como es Vd. capaz de comer eso tan ávidamente, después de la sugerencia que hizo esta tarde. Me revuelve el estómago...
-No beba tanto, amigo, coma algo y le irá mejor a su estómago -contestó Borja.
-¡Vean y escuchen, señoras y señores! El Dr. Yáñez de Bertoa ha encontrado la solución para todos los embriones humanos que tenemos congelados en los hospitales y las clínicas. -Añadió Ramírez mientras subía el tono de su voz y algunas personas comenzaban a mirar para ellos.
-No sea bobo, doctor, -comenzó a contestar Borja-, era una broma; debería haberse dado cuenta. Aunque después de todo tampoco es un disparate.
-¿Broma, disparate? ¿Qué juzguen los presentes? r11;respondió Ramírez dirigiendo su mirada a quienes les rodeaban. -Hervir los embriones y enlatarlos como si fueran huevas de esturión o hacer paté con ellos. ¿Qué opinan? ¿Les apetecería probar ese manjar?
Un murmullo recorrió el entorno de los dos médicos y las miradas iban del uno al otro.
-Aparte de estar borracho, es Vd. un hipócrita, Ramírez. En los últimos veinte años cuántos ha mutilado, manipulado o destruido. Cuántos ha ordenado congelar por no poder implantarlos. ¿Acaso es peor cosa utilizarlos como alimento que hacer lo otro? ¿Acaso le parece más inmoral?
Algunos de los presentes se apartaron de ellos como de unos apestados y si no fuera por la música de la orquesta lo habría hecho la mayoría.
-Pero, ¿realmente crees en lo que dices? -le preguntó Lola.
-¿Creer? Yo no creo, razono. ¿Cómo os cuesta tanto admitir una cosa y no la otra? No es químicamente diferente a este caviar, en lo fundamental, claro que variaría el sabor... -Pero Lola lo dejó con la palabra en la boca y se marchó de la fiesta.
-Es Vd. un monstruo, y supongo que nunca se aceptará semejante barbaridad. -dijo Ramírez.
-¿Qué no se aceptará? Es Vd. un ingenuo, doctor. Todo es posible con unos políticos que te ayuden, que controlen medios de comunicación y tengan unos buenos socios capitalistas. Ya se ha hecho antes. Cualquier cosa es susceptible de ser presentada como algo bueno..., o excelente.
-Es Vd. un vulgar Mengele y un cínico, y haré todo lo posible porque le echen del equipo. -dijo el Dr. Ramírez mientras tiraba su copa al suelo y se daba media vuelta hacia la puerta...
-¿Qué me echen del equipo? ¡Pobre viejo...!
En aquella parte del salón se había formado un vacío en torno a los dos médicos y en su centro ya sólo quedaba Borja. Estaba entre divertido y molesto, pero se había marchado Lola y ahora sólo le quedaba el caviar y el vino que había tomado. Sacó del bolsillo los colmillos de Drácula y los dejó clavados en un pastel de cabracho que estaba sin comenzar. Vació la copa de un sólo trago, llenó un pequeño plato de caviar, cogió el abrigo y se fue a la calle tomando las huevas con una cucharilla.
Las doce campanadas sonaron en una Iglesia cercana y Borja recordó que era la noche de ánimas. Malditos embriones, pensó burlón, si tuviesen alma, ¿cómo serían sus fantasmas? ¿Cómo puntitos grises en la noche? Tantos miles formarían una nube inmensa si salieran a pasear por la ciudad... Notó un escalofrío, tomó todo el caviar que quedaba en el plato y lo tiró dentro de un contenedor. Se abrochó el abrigo y abrió las solapas en torno al cuello mientras caminaba en dirección al río por un callejón lleno de una bruma densa, casi granulada. Al poco de penetrar en ella dejaron de oírse sus pasos.
A la mañana siguiente la noticia recorrió la clínica. Lo habían encontrado a unas pocas calles de su casa. Llevaba ya unas horas muerto y nada pudieron hacer por él excepto la preceptiva autopsia. Ante el asombro de los forenses aparecieron sus pulmones llenos de huevas...
© José Puentes.
02/11/08
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