Foros · el cuadernoAbajo
fw
© flantains - La llave, capítulo I
LA LLAVE

...

Aguantó la respiración durante un momento, apoyada en la pared aspirando aire lentamente ¿quién podía haber sido?, sin dar tiempo a que su cerebro le resolviera la duda se precipitó hacia la salita y apagó la luz de la lamparilla nada más entrar. Apoyada discretamente sobre el quicio de la ventana y medio tapada por las cortinas, observó la acera, la espió con sus ojos pequeñuelos y vivarachos; transeúntes que van y vienen, imposible distinguir quien ha podido salir del portal, la gente se mueve deprisa estimulada por el frío; bajó la persiana y encendió la luz, otra vez; disminuyó el volumen de la tele y luego se acercó hasta la puerta para verificar que no se oía desde allí. Volvió a oír la parada del ascensor conteniendo el aliento; unos pasos y en el piso de al lado el ruido de una llave desentraña el acceso a otro universo paralelo, se limpia el sudor de la palma de las manos en los costados de la bata. La hora de cenar se va acercando.

`No esperaba a nadie´ Mientras se prepara un bocadillo de jamón y queso, insiste en esto tozudamente. Abre una cerveza y lo coloca todo sobre una bandeja, a las nueve y media empieza una película y ya casi son, así que se dirige a la salita evitando pisar el baldosín suelto, sintiendo, al pasar a su lado, cierto odio por este delator inesperado. Se acomoda en el sofá concentrándose en la película, sonríe cuando hay que sonreír y llora con la protagonista gruesos lagrimones que estallan en la bandeja llena de migas: "te quiero", se lo dicen tantas y tantas veces, ella no se cansa de oírlo "te quiero" dulce y tibio, divino "te quiero", mientras las lagrimas corren por sus cachetes y tiene la boca llena de jamón, pan y queso. Te quiero. No esperaba a nadie. Cada fotograma que pasa hace que le importe cada vez menos que no esperaba a nadie. Pero cuando vuelve a sonar el timbre el sobresalto es tal que se la cae la bandeja al suelo en desordenada algarabía; en una décima de segundo se arrepiente de no tener alfombra que haya mitigado el ruido, de no haber abierto en la primera ocasión, para escupirle a la cara, a quien fuera, que un domingo por la tarde no se le hacen visitas a Pilar, de no haberse pegado una ducha y haberse quitado el pijama, de que Andrés no esté allí para resolver él, maldita sea. ¿Dónde se habrá metido ese chico? En la televisión, él, comienza a desabrocharla los botones de la blusa. De rodillas en el suelo Pilar recoge todo lo que se le ha caído y aprovecha para sacar las zapatillas que se han escurrido debajo el sofá. Después de calzarlas se pone de pié y se queda clavada en el suelo. No abrirá. Se aprieta con las palmas de las manos los oídos, el extraño insiste con inusual paciencia, sabe que está en casa o no tiene nada mejor que hacer, ¿y si es algo importante? ¿ y si es Carmen que ha vuelto a discutir con su novio? ¿ y si es Andrés que ha perdido las llaves? ¿ y si son los tres reyes Magos, o caperucita roja, o el lobo feroz? No abrirá. En cualquier caso está el teléfono. Oye como el intruso manipula la puerta, como si se apoyara, como si la rozara movido por la impaciencia, ¿comienza un forcejeo con la cerradura? Se desliza hasta el pasillo en alerta total, pisa el baldosín suelto rompiendo el silencio y a renglón seguido una oleada violenta le sonroja las mejillas. Los ruidos siguen, es capaz de oír la respiración de quien está al otro lado. Algo araña la base de la puerta y un ruido metálico se desliza por el suelo hasta la mitad del pasillo. Ruido en el descansillo de la escalera. Ruidos. Se abre la puerta del ascensor y se cierra. Y Pilar vuelve a estar sola, inmóvil con la mirada fija en el suelo intentando descubrir que es lo que está allí, con la mano en el pecho intentando controlar el galope desmedido de su víscera enciende la luz y se acerca lentamente. Es una llave, la recoge, la observa. Es la llave de su casa, la misma llave que abre la puerta que ella no ha querido abrir, y el otro tampoco, tampoco la ha querido abrir. ¿Quién? Se encoge de hombros ¿Quién ha podido ser? ¿Su hijo, su novio, su madre.? Pero ¿Por qué? No entiende, no entiende nada. Aprieta la llave en el puño echando de menos un interlocutor que le mitigue las dudas, la imagen de su ex marido se instala en su cabeza ocupándolo todo, ¿ha sido él? Siempre sospechó que tenía una llave. Durante unos instantes le ve paseando salón arriba, salón abajo, este mismo, riéndose de ella mientras reconocía abiertamente que sí, que tenía un amante. Hace ya casi cinco años que descubrió que Javier tenía un amante, hace cinco años que la misma escena le revuelve la memoria cada vez que olisquea el peligro, cinco años no son tiempo suficiente para mitigar el recuerdo. Feliz el que descansa en el triste olvido: "tienes lo que te mereces, nunca la vida fue tan ecuánime con nadie como lo es contigo, Pilar" Le ve riéndose de que alguien haya deslizado la llave de su propia casa por debajo de la puerta. Le susurra al oído, su obsesión, mensajes que no acierta a comprender. Está muy confundida.

Sobre la palma abierta de la mano la llave silenciosa. No es capaz de descifrar ningún dato con la simple contemplación, es como una tempestad insignificante en medio de la calma más abyecta. Recorre la casa habitación por habitación, entra y sale presurosa, la mirada arrastrada por el suelo, en los labios una letanía indescifrable. Al fin se paró. Buscó el teléfono móvil en el fondo de su bolso y llamó a Andrés: "este teléfono móvil esta apagado o fuera de cobertura" ¿Y si hubiese sido él? ¿Andrés? ¿Daniel? Si hubiese sido él ¿quién? ¿Por qué? Habría sospechado que estaba en casa, hubiese llamado a la puerta de otra manera, con los nudillos, con su voz, incluso hubiese podido llamar por teléfono, en cualquier caso, si eso no hubiese sido así. "Andrés estará en casa de Luis, estará con su amigo". Se relaja un segundo, casi sonríe con cierto alivio y busca en la agenda el teléfono de Luis. No lo tiene. Son casi las once de la noche, es tarde, es tarde. Se dirige al dormitorio de Andrés y busca su agenda en el cajón de la mesa de estudio, no la encuentra. No está en la mesa de estudio, no esta en la mesilla de noche, no esta en su armario, no está en el bolso de los pantalones sucios, porque los pantalones que se puso ayer tampoco están, ni los pantalones, ni las camisetas ni los jerséis, calcetines, playeras, no hay nada. Con cara de pasmada se sienta en la cama. Pasa algo. Interpretar los indicios es un bofetón a mano abierta ¿se ha ido? ¿Se ha ido sin decir nada? La comisura de los labios le tiembla, los ojos se le llenan de lágrimas y el corazón rompe a galopar como un caballo desbocado. Se levantó de la cama y salió al pasillo, de pronto, la casa, es terriblemente grande, la sala está demasiado bacía, hay más comida de la precisa en la nevera y el silencio lo ocupa todo. De pronto madrugar más de lo que a ella le corresponde para prepararle el desayuno ya no será preciso, se evaden las excusas para su insomnio y ahora, por fin sabrá, si no llegar a final de mes era una cuestión de excesos en las propinas. Vagabundeó sin rumbo por los noventa metros cuadrados que suponen su universo familiar, despacio retorciéndose las manos en un monologo interior difícil de precisar, la sensación de abandono parece que le resulta familiar, tan pronto se reconoce en su cara una muestra de disgusto como de reproche, un dolor agudo en la mano le saca de sus pensamientos, lentamente abre el puño, ha apretado la llave con tanta fuerza que le ha herido la palma de la mano. La llave se va a parar al fondo del bolsillo de la bata. Marca el número de teléfono de Daniel; suena, suena. Cógelo por favor, cógelo ya.

(CONTINUARÁ)

© flantains
Editado por fw el 10-02-2012, 17:02
Foros · el cuadernoArriba