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© azx - NAVYTALE 2012. CULO DE MANDRIL
CULO DE MANDRIL

Capítulo II
(Navidad)

- Las siete y ya noche cerrada. La oscuridad me hace sentir más el frío.

La joven, de andar frágil y rostro vulgar cogió con una mano la de su pareja y con la otra el brazo juntándose mientras seguían paseando por la avenida.

- Es un gusto avanzar hacia el fin del año. Seré tradicional pero disfruto con el clima de cada temporada. Mucho calor en verano y frío intenso en invierno.
- Tú eres tradicional pero también interesado. Los cuarenta de agosto para vernos mondadas de tela y los ocho que habrá ahora para tenerme enroscada a ti.

Nadie podría señalar a esos dos chavales enamorados viajando dentro de la multitud, serpenteando entre gentes con trayectoria independiente a la de sus miradas. Son días de escaparates, adornos, luces, música, prisas.

- Y ¿cómo te ha ido en tus primeras semanas de trabajo?
- Un poco agobiado. Todo es nuevo. Tengo dentro de la cabeza más cosas de las que me caben. Y no sé cuando se me irá el complejo de nuevo, porque el jefe pasa de mi nombre, siempre está: "pardillo", "pardillo".
- Mira, vamos a entrar aquí; seguro que encuentro un cinturón que le guste a mi hermano.

Y así, de tiendas, castañas asadas y paseo, transcurrió la tarde del viernes, víspera de Noche Buena. Habían decidido solucionar el problema de la añoranza familiar repartiendo su tiempo y momentos de marcado sentido navideño para evitar reproches. Este sábado y domingo con la familia de Sam. El siguiente fin de semana, fin de año, para ellos dos. Y la noche y día de Reyes, con los López, la familia de Rodri. Por la noche, ya en casa.

- Sam, mañana saldremos a las seis o así para irnos a tu casa, ¿no?
- Sí. Y el domingo también nos iremos pronto, así podré estar con mis hermanos. Mientras estoy con el pequeñín mi madre puede preparar las cosas. ¿Tú estás a gusto?
- Claro. Les caigo bien. Se me olvidaba, en febrero empiezo tres meses de contrato en el reptilario.
- ¿En un reptilario? ¿Y qué hacéis allí?
- Atender las instalaciones y las visitas. No puedo decirte más.
- ¿No puedes contármelo? A mí., una ejecutiva.
- Pues no. Yo seré auxiliar pero ya estoy trabajando. Y tú serás ejecutiva cuando acabes el curso. Cómo lo llevas.
- Bien. Sarna con gusto no pica.
- Vuelves después de Reyes ¿no?
- Sí, pero no puedo abandonar la actividad continua. Ahora, tal como usan los simuladores de vuelo, o para conducir trenes, o barcos, también usamos la informática para soltarnos antes afrontar el encuentro directo.

Al decir esto, dejó de prestar atención a la televisión y giró la cabeza para mirar durante unos instantes los tres ordenadores portátiles que había encima de la mesa. Eran muebles de kit de auto montaje y escasos, en un apartamento de alquiler, todo por ser independientes para permitirse un poco de intimidad.

- Con el presupuesto que me dan me ha venido justo para comprar dos portátiles obsoletos en una tienda de segunda mano. Ahora durante estos dos años he de mantener activos dos Nick en un mismo foro. Y sin poder usar recursos que tengan que ver con mi realidad. Cada uno de sexo diferente y discrepantes entre si.

Rodri guardó silencio durante unos instantes intentando hacerse a la idea, para luego comentarle en voz baja, diciéndoselo a sí mismo.

- El trabajo. Tu familia y yo, y dos vidas más. Todo al mismo tiempo.
- Sí. También hay quien juega partidas múltiples al ajedrez. Quien puede, puede, y quien no.
- Entiendo. Capacidades. Sin embargo, en el ajedrez hay reglas y los participantes son dos. Y en los simuladores se maneja una máquina. Aquí juegas tú sola, contra personas. Personas que pueden llegar a depositar en esos personajes confianza, afecto, confidencias.
- Ojos que no ven. Solo duele lo que llegas a saber. Al final dos despedidas por imposibilidad debido a la falta de tiempo y no pasa nada. Lo que nunca se sabe, nunca ha existido.

Se acercaban las agujas del reloj a marcar las dos de la madrugada cuando en la calle se borró la luz que tenuemente iluminaba una de las ventanas de un sexto piso. Incalculables colmenas. Infinidad de celdas. En cada una de ellas tantas historias como habitantes las moran. El deseo por alcanzar los anhelos. La preocupación por el bien de los dependientes que miran esperando ayuda y protección. Un final y un inicio en el que todos desean sentirse queridos, y arrojar sobre las nuevas hojas que empezarán a arrancarse el treinta y uno de enero las esperanzas en obtener lo que se les ha negado durante este año que acaba.

***


En estos tiempos de individualidad y saturación de ofertas no es frecuente hallar en unos cien metros cuadrados a toda una familia reunida. Pero hoy no es un día cualquiera, hoy todos procuran disfrutar de uno de los momentos de alegría y calor humano como es la Navidad. José, el segundo hijo de Luz, intenta subido a una silla rodear el aparador con los adornos que han sobrado de la decoración del árbol. Y en el sofá Sam hace cosquillas a Enrique, su hermano pequeño, del que destaca sus ojos; ella dice que esos ojos hablan solo con detenerte a contemplarlos sin prisa.

- ¡Rodrigo, Jaime. Venid a por algunas cosas para la mesa que necesito espacio en la cocina!

Luz necesita ayuda y sabe que su futuro yerno y su esposo están viendo la tele. Estaremos en el tercer milenio pero sigue siendo la mujer quien acarrea con la mayoría de las responsabilidades de la casa. Hay cosas que cuesta cambiar. En el regreso de uno de esos viajes al centro de la mesa Luz se interesa por Rodri.

- Cuéntame qué ha sido de ti en estos meses que no nos vemos.
- Bien. Para los tiempos que corren me puedo considerar afortunado. Tengo un contrato hasta finales de enero y el diez de febrero empiezo con otro de tres meses. Hasta que encuentre algún lugar donde echar el ancla por muchos años.
- Tú lo que tendrías que hacer es estudiar y preparar unas oposiciones, como hicimos Jaime y yo. Y la tonta de Samanta también. Eso de tener sueños y proyectos está muy bien para los hijos de., pero los que sois de familias humildes debéis pensar más en el futuro y lo seguro que en tantos ideales y monsergas.
- Que somos jóvenes. Además, nos conformamos con poco. Cuanto menos tienes menos necesitas para mantener lo que tienes. Filosofía oriental.
- No hay quien pueda con vosotros dos.

Lucía se quedó refunfuñando atendiendo al horno y Rodri acudió junto a José que le reclamaba. Tenía problemas con el sistema hidráulico que movía el molino del belén. Se dijo que esta vez el suyo iba a ser uno de los mejores de la escalera.

Encerradas en esas paredes flota una viñeta invisible y muda rumiando el discurso del Rey que pasaban en ese momento por la tele. Otra, sumida en el éxtasis de la inocencia por la falta de competición de que disfrutan las criaturas de su especie. La tercera, deriva por la duda sobre la vida que le espera en este enloquecido mundo a ese niño que dentro de veinte años tendrá los suyos. Otras dos atascadas, calculando diferentes posibilidades de solucionar un problema ornamental. Y la sexta, la última, con el mundo distribuido en tantas habitaciones como personas y necesidades hay en su vida. Habitaciones a las que no puede dejar de asomarse tratando que estén siempre lo más ordenadas que pueda, y casi siempre descuidando la suya. La viñeta de Lucía.

Cena, villancicos, turrón, una noche de inquietud ante la sorpresa de los regalos por la mañana debajo del árbol, y más Navidad, todo el domingo entero de Navidad.

La rueda gira.

© azx
24-12-11
Editado por fw el 06-01-2012, 17:03
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