Foros · el cuadernoAbajo
fw
© Sebastián - NOSOTROS TRES
NOSOTROS TRES

Estaba Juan, que vivía más arriba de casa, en un lugar ya poco poblado, con su corral y demás. Allí corrientemente nos reuníamos. Y estaba Jaime, que vivía en la esquina de abajo, siempre más avanzado que nosotros. A los tres nos pelaban al rape cada verano, y nos ponían unas camisetas que llamábamos "imperi" (¡imperio!). "A mí ya me van a pelar esta semana", podía decir uno, como exhibiendo su propio rigor ante el conocido trance. Éramos niños de 9, 10, 11 años.

Íbamos a casa de Juan porque llegó a parecernos una casa abierta, supongo, porque en su tiempo tenía polluelos de tórtolas y de torcaces ("¡tudons!"), para criarlos. Su padre se los traía de lejanos nidos de la montaña, donde al parecer trabajaba. Aquellos animales absorbían toda nuestra atención, pues los veíamos como prestigiosos seres de otro mundo. Más o menos sabíamos que torcaces y tórtolas habitaban los olorosos pinares, siempre esquivas y dejando oír, de vez en cuando, un pausado zumbido que hacían con sus alas. Juan les daría la comida -habas y cereales, creo, puestos antes en remojo- abriéndoles el pico. Puedo recordar que, sobre todo las torcaces, tenían un pico grande y a la vez suave, como blando, lo que también parecía hablar de su categoría. Los animales se acomodaban a todo ello, y crecían. Encima, en su corral Juan llegó a tener, alguna temporada, un bebedero para cazar pajarillos, con su red; aunque era una cosa de poco movimiento. Así era aquello.

Ya he dicho que Jaime era el avanzado. Sabía más cosas, y hasta físicamente parecía estar a un nivel distinto. Tenía aficiones o adicciones particulares. Ibas a su casa y te lo podías encontrar entre piezas de metal esparcidas por los suelos: una vieja bicicleta que había desmontado hasta el detalle y que se proponía limpiar, lubricar y pintar de nuevo. Luego tenía una colección de huevos de pajarillos, naturalmente cogidos de sus nidos, cada uno con su color y con unos frecuentes puntitos, alineados en una caja de zapatos con serrín. También tenía Jaime un montón de tebeos de "El Guerrero del Antifaz", y se le veía aspirar a ir engrosando, al menos, la colección. Alguna vez ojeé alguno. Ahí estaba el musculoso Guerrero, con una gran cruz en el pecho y siempre en lucha contra los moros, o con la espada o con los puños. Los moros hacían "ñian" "Aj" y "glup" por toda reacción. Me defraudó un poco Jaime al oírle decir que no podía tomar leche, que le caía mal. Luego llegué a saber que eso era una afección conocida.

Habíamos nacido el mismo año, pero yo era nueve o diez meses más joven que ellos. Quizás esto me disculpaba, pues no aportaba yo algo de particular. Aunque al menos hacía compañía, grupo. Un año, Juan me regaló una tortolita, la pequeña -muy pequeña- de una pareja procedente del mismo nido. Se me murió. Seguro que lo sentí mucho. Y nada más, qué querían Vds.. A los catorce años Juan se fue a Argentina con su familia, y no volvió hacia los veintiséis. Jaime tuvo una corriente vida de adulto, pero en su salud sufrió alguna herida seria. Los dos han muerto -un cáncer, una embolia- en los últimos dos o tres años. Uno supone, si lo piensa, que nada debe ser ocioso.

© Sebastián
Editado por fw el 16-09-2011, 23:49
Foros · el cuadernoArriba