Foros · el cuadernoAbajo
fw
© Sebastián - TRISTEZA
TRISTEZA

Es un punto aislado en la memoria, que allí se quedó. Debía ser el año 41. Yo andaría por los siete años.

Nada de política, por supuesto. Sólo el peso anónimo de las cosas sobre unos niños que no sabían nada.

Antes de entrar en clase, el maestro nos iniciaba en el canto de las canciones que iban viniendo en su folleto. Las estaríamos estrenando. Esto ocurría en una sala desnuda previa al aula, en un rincón de la cual había una pesa de hierro con asa que ponía: 50 Kg. (Años más tarde probaríamos y la levantaríamos. Pero esto va de paso y por el recuerdo).

Este día se habían organizado cosas. No se repetía nada de lo conocido, el maestro no se había puesto el cubrepolvo (un maestro que dirigía nuestra actividad con grueso bigote blanco, así era). El hombre, además, no estaba en su sitio, sino junto a las nuestras mesas. Luego nos sacaría a la sala previa, adonde vendrían el otro maestro con sus niños. Nos dirían algo. Y nos harían formar (un paso necesario para todo). Luego nos hicieron partir hacia fuera. Cantando.

Aquella escuela era un edificio solitario que se levantaba en un alto del terreno, al lado del pueblo. Por su lado pasaba una ancha carretera, por la que bajábamos en dos dudosas filas. Yo recuerdo que hacía viento. Cierto que cada uno de aquellos momentos merecía un paro, una mirada; pero yo me quedé con uno.

Aquella carretera formaba una espaciosa curva para entrar en el pueblo, lo que alejaba nuestras dos filas. Yo iba por el lado interior, y vi a los del otro lado alejados, pequeños y retrasados. Me fijé en ellos. Yo creo que los vi en un general y asumido desamparo. Vi a unos niños que, obedientes a los consabidos poderes, caminaban despacio, y el viento hacía volar su pelo y la falda de algunos baberos. Cantaban con una vocecilla especialmente débil y sumisa, distraídos.Decíamos todos:

Prietas las filas,
recias, marciales,
nuestra escuadras van
cara al mañana,
que nos promete
patria, Justicia y pan.


Por falta de nociones, entonces no llegué a decírmelo; pero ahora sé que aquel cuadro me pareció triste. Se amontonaban allí cosas sin nombre, digamos fatales. Todavía puedo ver aquella hilera de niños.

¿Que qué era todo aquello? Por lo visto era una concentración de colegios, que luego se dirigieron al ayuntamiento. Allí nos dieron a cada uno, mientras pasábamos, un bocadilllo y una naranja. Por alguna confusión en el turno, a mí no me dieron naranja y me puse a llorar. Pero esto ya queda fuera de la cuestión.

© Sebastián
Foros · el cuadernoArriba