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© Sebastián - EL MOLINO
EL MOLINO

Los veo a Vds. lejos de toda pasión, como sin causa, y me atrevo a contaros la historia de un molino de contrabando cuya presencia y funcionamiento quedaron registrados en mi infancia. Lo he recordado.

Sería a mediados de los años cuarenta, unos tiempos en que el gobierno de siempre exigía a a todo productor de trigo la entrega de una parte de la cosecha, y además se interfería la molienda del resto con necesarias autorizaciones para llevar el trigo a los molinos públicos. Deberán Vds. perdonarnos aquellas bajezas.

Pero la gente tenía que moler el trigo que le quedaba y que debía ser más, deduzco yo, del declarado ante el ayuntamiento. La situación pedía remedios. En mi casa, y en alianza con otros miembros de la familia, se hablaba de ello con recato y se derivó hacia diversas soluciones. Es lo que recuerdo.

Tengo en la mente la imagen de un molinillo de café, tal como eran. Se probó, se cambiaron comentarios. ¡Era muy lento! Téngase en cuenta que para la masa del pan semanal se necesitaban unos diez quilos de harina. Luego llegó la idea de una maquinilla más grande, metálica, que originariamente quizás se usaba para otras cosas (creo que la propuesta vino de un hermano de mi madre, cazador y hombre de ingenio). También sería lenta, pero además transmitía a la harina, que tampoco quedaba muy fina, un olor exactamente metálico. Recuerso este olor, como una cierta tibieza que lo acompañaba. A partir de aquí, los planes y los movimientos pasaron a mayores. El nuevo tema era hacer un molino de verdad, la averiguación de cómo tenía que ser este molino, la manera de alcanzar las cosas y hacerlo. Así se abrió camino a la fase definitiva.

Se construyó un molino que siempre me pareció cosa muy seria. Se buscaron muelas de pedernal, en las que se grabaron pequeños mordientes para triturar el trigo. Se hizo el soporte y se amañó un gran volante, vertical que transmitía el movimiento, a través de ingeniosa mecánica, a la pesada muela de arriba. Recuerdo que costó controlar la entrada del trigo por el agujero que allí tenía esta muela, y que se consiguió mediante una piececilla móvil, temblona, que recogía el grano proveniente del saco. Llegó a funcionar, sí señor. Aunque hubo de resolver algunos fallos.

Primero se temió que el considerable ruido del artefacto, instalado en una breve caseta de las afueras del pueblo, se oyera desde su calle y pudiera ser escuchado por la autoridad. Este sencillo hecho era comprobado por terceros y luego se comentaba, se comentaba. El otro fallo fue cosa indudable y grave. Un primo de mi madre, que allí estaba para conseguir su harina semanal, le daba con tanta fuerza al volante que, sin que él se diera cuenta, la muela superior se alzó despacio, abandonó el sitio y voló hasta el suelo por la vera del hombre sin tocarlo. Lo contaban. Y entonces, por los temibles ruidos y por la necesidad de conseguir un funcionamiento más seguro, aquella máquina se ubicó y montó, con las mejoras convenientes, lejos del pueblo: en la caseta de una finca del abuelo. Allí el molino siguió funcionando, claro hasta que aquellos tiempos se acabaron, claro. Bien.

Trabajé yo en esta finca hasta que llegó el servicio militar, con mi padre, y a veces veía y miraba el molino. Se mostraba muy sólido, polvoriento e inmóvil. A mis ojos tuvo siempre una dignidad. En realidad, era un molino que tenía de todo.

© Sebastián
Editado por fw el 08-02-2011, 23:08
fw
RE: © Sebastián - EL MOLINO
Sebastián
> Deberán Vds. perdonarnos aquellas bajezas.

znort
XDDDDD

perdonad nuestras bajezas así como nosotros nos bajamos de los perdones.

una familia que se reúne para ponderar cómo dar esquinazo a la autoridad no para evadir impuestos sino para moler el trigo sembrado y cosechado con sus propias manos y que ha de servir, ni más ni menos, que para el pan semanal.

y eso era ... lo normal. pues no habremos cambiado tanto pero hemos cambiado un huevo. hoy pensamos más bien en el iPan pero es lo mismo. es lo mismo? al leerte uno duda, deplora secretamente no vivir ya en esa época. pero no va de épocas, no. esta que consumimos es tan salvaje como cualquier otra, traficamos la misma crueldad y la misma tristeza pero más tecnificadas. antes se veía que éramos ignorantes. hoy se demuestra que somos idiotas. no va un mundo, precisamente, en términos prácticos.

la dignidad es una rendija por la que algunos sebs muestran mundos diferentes.
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