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© Sebastián - El colibrí
El colibrí

No sabía qué mirar, y de nuevo volvió los ojos al colibrí. Le agradaba su ligereza, y su recorrido de flor en flor besando largamente una y otra. No es que supiera por qué, pero aquello le parecía entrar en el tomo de unas verdades digamos básicas.

Luego pensó otra cosa, en otros animales, y particularmente en aquello que no comprendía. Pensó en la inmesnsa serpiente que se traga lentamente al sorprendido e ignorante corzo. Debiera venir un dios y explicarlo, se dijo. Y aquí adormecía, por el momento, su pobre discurso.

De todos modos tuvo que pensar en todo, pensó en todo. Vio los ríos de gente salir de los locales llenos de luces, aquí y allá oyó las canciones. Quizás habíanm conseguido olvidar que venían de una guerra y jugaban, sin más, a ser niños.

Tampoco prolongó más la mirada sobre esos lugares de las luces, y puso mentalmente los ojos en el horizonte, en cualquier horizonte, como si supiera que todo, absolutamente todo, estaba por venir. Imaginaba un momento en que el hombre, por fin, también tuviera algo que besar.

© Sebastián
Editado por fw el 18-12-2010, 21:13
fw
RE: © Sebastián - El colibrí
Sebastián
No sabía qué mirar, y de nuevo volvió los ojos al colibrí.

Sap
Me resulta todo muy misterioso, Seb; muy hermético, y sólo acierto a dar con explicaciones simplistas, el mínimo brillo metálico del colibrí frente al despliegue de otros brillos, el de las luces de los grandes almacenes, o sea, del Corte Inglés; el misterio irresoluble de lo pequeño y natural frente a los gigantes fastos artificiales de estas fechas... Pero luego está la serpiente y el corzo, ¿la inocencia perdida? ¿un deseo de recuperación? Ya me perdonarás, Seb; pero me siento incapaz de ir más allá de estas simples y atontolinadas claves.

Lo que sí puedo decirte es que en una ocasión presencié en directo -en su medio salvaje- el trabajo libador de un colibrí. Era que servidor, por decirlo como en las películas de espías, 'se encontraba en algún punto del Caribe'... Estábamos instalados en una especie de bungalows con porche delantero. Una mañana me encontraba solo, sentado en el porche y leyendo un libro. De repente vi que entre el matorral de grandes floripondios que tenía al lado (un hibiscus, creo recordar) se movía algo. Me entró un poco de miedo porque por allí había unos bichos rarísimos y de tamaños asombrosos. Cuando me percaté de lo era, dí un respingo y hasta se me cayó el libro al suelo... ¡un enorme abejorro! ¡un abejorro de picadura sin duda mortal!... Pero no, cuando conseguí recuperar la sangre fría, comprobé que se trataba ¡de un colibrí! ¡una maravilla de la ingeniería genética aerostática! Fueron pocos segundos los que pude disfrutar de su brillo; era una joya que volaba, se detenía y volvía a desplazarse con velocidad de insecto. Una cosa fuera de todo punto de lo convencional, de lo acostumbrado. Mereció la pena el sustito, Seb.

Saludos. :-)
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