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© flantains - Salvanos del triste olvido ( historia de amor)
Don Suero de Quiñones, Leonor de Tovar, Alvaro de Luna... El Passo Honroso.Es una historia loca y real. Volver los ojos a ella es perturbador, hoy en día creo que nadie quiere que se le quiera así, otros tiempos, otro escenario... aunque los hombres y las mujeres siempre seamos los mismos.


SALVANOS DEL TRISTE OLVIDO


- “Cuando rompáis más lanzas que Don Álvaro en Madrid”

Eso le contestó en un susurro casi inaudible y retirando la mano, que él no terminaba de apartar de los labios, se dio la vuelta acompañada de un rumor de sedas y de un ligero rubor en las mejillas. Sabe que Suero está en prisión de amor desde hace meses, no es que lo sepa ella, Leonor de Tovar, ¡es que lo sabe toda Europa! pero nunca hubiese imaginado que fuera ella la carcelera y parece que los versos que Suero cincela con sus labios sobre la mano de la dama, no dejan duda:


“Que tan fermosa la vi
Que m´oviera de tornar
Loco el día que partí.”

Los escribió antes de marchar a Granada, junto a Álvaro de Luna, a hacer doblar las rodillas al Emir; qué pena que Castilla tuviere a sus más ladinos enemigos en su propia corte : Suero, valiente, se vino con el corazón desengañado porque ser valiente nada tuvo que ver con ser valiente y, casi sin pensar ni imaginar que aquellos versos corrieron por toda la corte de boca en boca, de dama en dama, como las brisas que alimentan las hogueras de los patios de armas en las tardes frescas de septiembre mientras los mozos se calienta las manos y las señoras los corazones en los salones de los castillos, a la postre serian la mejor escusa de su valor y gallardía.

¡Ay Leonor!, que corriendo a sus aposentos, dejando a Suero en el salón con los demás caballeros, se le agolparon los latidos en las sienes.

¡Ay Leonor!, que antes de meterse en la cama, esa misma noche, ya estaba arrepentida de haber mentado lanzas tronchadas y solo quería versos y besos de amor sin sospechar, si quiera, que este lance nacido de su inocente y femenina vanidad hará que el mundo vuelva los ojos y admire, para siempre, a Suero de Quiñones.

Y mientras Leonor naufragaba en cada una de las orillas que Suero le propuso con tres versos y una sonrisa, Suero cuenta las estrellas del cielo de Tovar desde el patio de armas. Ha dejado a los demás caballeros comentando la jornada de caza alrededor de la mesa del anfitrión, pero él, al arrullo del las últimas palabras de Leonor, ha preferido oír ya el ruido de la lanza al quebrarse contra el pecho de los caballeros más valientes de toda Europa y sentir el peso del escudo, el nervio del caballo entre las piernas y el sudor corriendo entre la malla y el pecho en la tarde calurosa de agosto a orillas del Órbigo, justo donde el puente medieval rompe el paisaje de la ribera: El Passo Honroso, que no ha de cruzar caballero alguno sin que sepa de su cárcel de amor. Será valiente, Suero, una vez más y esta vez no será inútil tanta valentía.

Corrió la noticia de que cayeron a sus pies lanzas rotas por decenas en las tardes calurosas de 1434, corrió rio abajo hasta Oporto y subió entre las brisas camino delante hasta los Pirineos, hasta Santiago de Compostela. El Apóstol tuvo prenda de los aconteceres de la misma mano de Suero: bien se supo que no hubo prisión de amor mejor librada que la suya.

A veces en esas tardes de otoño cortas de Noviembre, cuando después de comer se queda sentado y dormitando frente a la chimenea y Leonor manda al ama levantar la mesa y atizar el fuego, apoyada la cabeza sobre la mano callosa y ruda, le parece mentira que hayan pasado tantos años y mirando a Leonor cierra los ojos y escucha el siseo de la seda de su falda contra la piedra del salón. Siseo de sedas como las de aquel día en el castillo de Tovar: “Cuando rompáis más lanzas que Don Álvaro en Madrid”: es su nana, su cantarcillo favorito, lo mejor y más justo que a Don Suero de Quiñones le ha pasado.


© Cris
© flantains
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