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© Galaor - Los Anales de Gaula: El sueño de una noche de Invierno
La pesadilla que sufrió el Sr. Ministro de Arrastre, Traslados, Mudanzas y Acarreos Varios debió de ser pasmosa. En su trance onírico recibió la visita del Señor Invierno con sus largas barbas de nieve y sus ojos duros de azul cobalto. Le miró fijamente y le amenazó con bloquear todas las vías de comunicación, con congelar todas las locomotoras y, como postre macabro, con costipar a todos los controladores aéreos para que cogieran la baja. El pobre ministro sudaba frío, no era para menos, pero algo en la voz del personaje, aquellas gafas y la sonrisa torcida del genio maléfico le llevaron a soñar que se parecía mucho a Mariano, por mucho que la pequeña estatura, los harapos de piel de oso y la sobrada barriga de papa noel en paro le dijeran lo contrario. Empezó a irritarse y en un repente gritó "esta es la mía" y despertó. Y la "suya" era, no lo duden, que tal como estaba el clima si los controladores se ponían rufos podía declarar el Estado de Alarma -que lo había leído el otro día en su curso de Derecho a Distancia- y meterlos en cintura. Con lo que no contaba el ministro es que el Señor Otoño ya reclamaba sus fueros y traería un frente sureño más cálido y menos calamitoso. Pero no adelantemos acontecimientos.

Mariano estaba feliz. Al partido le había crecido un bulto que parecía maligno, pero los últimos diagnósticos de los "menciñeiros" encuestadores daban por seguro que era un empreñe en toda regla y el parto podría ser múltiple y alcanzar la mayoría absoluta. Claro que todo podría acabar en aborto, pero la solución era clara: atender a todos los antojos del partido, fuesen cuales fuesen, que a los votantes ya les contaríamos lo que fuese necesario. Nada de sobresaltos, ni de levantar la voz, ni de hacer gestos estridentes. Ya tenía los billetes para Lanzarote y desde que había releído los Paisajes del Alma, su espíritu de crápula reprimido y de sensual degustador de ambientes se derretía de gusto por estar allí.

El prisionero de la Moncloa estaba no menos feliz que su enemigo político. Desde que había nombrado a Pérez como vice para todo, gobernar era un remanso. Podía remolonear todo lo que quería pues apenas tenía que intervenir y así tenía la posibilidad de recuperar fuerzas entre mitin y mitin. Su vice para todo era un currante nato, capaz de no decir la verdad mirando a los ojos y, además, le caía estupendamente a los yanquis. Cierto que su tranquilidad se había visto alterada por la llamada de uno de sus ministros con no sé que historia sobre un Estado de Alarma y su viabilidad constitucional, pero le tranquilizó recordándole que ya le había explicado que la Constitución era elástica -su tesis-, pero que en todo caso hablase con Pérez que siempre tenía solución para todo.

Cuando el Sr. Ministro de Arrastre, Traslados, Mudanzas y Acarreos Varios se reunió con el vice para todo, Pérez, éste no se alteró, tan solo un leve y continuado pestañeo de los ojos daban a entender que asimilaba la propuesta. En su mente estaba el viaje del monarca a la Cumbre iberoamericana -tendré que dar instrucciones al embajador, pensó-, la ausencia de Mariano en Las Canarias -a ése lo contentamos con cualquier cosa, se dijo- y el largo puente que estaba a las puertas -es la mejor excusa que podríamos tener si los controladores se plantan, soñó para sí-. Tras la complicada y extensa verborrea de su compañero de gobierno le dijo que sólo se podría hacer si estos se cabreaban y la mejor forma era usar el real decreto- ley de Medidas Urgentes que estaban preparando: podemos modificar un par de leyes, Pepe, y así por un lado evitamos que cojan la baja por razones físicas o síquicas obligándoles a someterse de manera inmediata a reconocimiento por parte de los Servicios Médicos que facilite AENA, quienes verificarán la concurrencia de la misma, y determinarán si ello ha de dar lugar al apartamiento de su puesto de trabajo -ésto seguro que les cabrea- y de paso, en la ley esa que hicimos en abril de tránsito aéreo, cambiamos la disposición adicional primera, de medidas extraordinarias, haciendo que queden sometidos a la dirección del Ministerio de Defensa quien asumirá su organización, planificación, supervisión y control; luego sacamos un decreto poniendo en vigor esta medida y al día siguiente, como ya la habrán montado, publicamos el decreto del Estado de Alerta. Vamos a contárselo al presidente y al resto del gabinete, que hay que cumplir con las formas...

Vino el aire templado, las carreteras y los ferrocarriles no se bloquearon, los ausentes estaban ausentes, pero todo estaba escrito y se publicó tal cual.

Mariano recibió una llamada de la Moncloa en la cual Rodríguez, su prisionero, le comunicaba que el gobierno iba a tomar medidas extraordinarias por decreto, sin especificar cuales. Como se iba a oponer, por culpa de aquellos cafres no podía visitar a su familia. Te apoyaremos, como no, le dijo. Cuando días después del Estado de Alarma volvió a la península se mantuvo en su apoyo. Estaba pillado. No podía decir que no había sido avisado, aunque ¿quién iba a suponer que iban a hacer semejante barbaridad saltándose los supuestos legales? Lo mejor era hablar lo menos posible y exigir explicaciones el jueves en el Congreso, que ya sabremos como se lo ha tomado la opinión pública, se dijo.

El Sr. Ministro de Arrastre, Traslados, Mudanzas y Acarreos Varios, sonreía nerviosamente en su comparecencia del viernes. Todavía no se le habían subido a las barbas los expertos en Derecho Constitucional, y otros permanecían silenciosos. Al día siguiente estaba más serio. Creo que en Cataluña y en el País Vasco, después de hacer la contabilidad, les pasaron una fina minuta de cara al jueves, que les heló el humor, si deseaban que permaneciesen en los asientos y sin molestar. Es que a algunos con los aeropuertos no les llega, quieren también los aviones, los vehículos de apoyo, los ordenadores, las tragaperras, los burdeles del entorno aeroportuario, el espacio aéreo vital, etc.

La parte inteligente de la población, que siempre la hay, sintió que estaban algunos, poco simpáticos, en Estado de Sitio, y que aquello era un aviso a los navegantes para ocasiones futuras que seguro que se iban a producir dado el estado desastroso del país.

La parte tonta..., que quieren que les diga, siempre que fastidien a los demás..., pues eso.

Felíz Navidad, y manténganse en permanente alarma para el 2011.

© Galaor
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