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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
LA PESCA
Estando pescando en una parte rocosa de la costa me ocurrió lo que os cuento.
Como todos los sábados, al amanecer, me encontraba en un rincón esperando que algún pez despistado confundiera mi cebo con su comida y con un poco de suerte y habilidad acabara en mi bolsa y por la noche en la sartén.
El sol acababa de surgir por el horizonte y se dibujaba un camino de luz sobre el tranquilo mar. No hacía mucho frío y el cielo estaba manchado con algunas nubes gruesas y blancas.
La tranquilidad y el silencio se vieron rotos por el ruido de una piedra que cayó por la ladera unos metros abajo. Miré hacia el lugar de donde provenía el sonido y vi una silueta entre las rocas. Era un hombre que bajaba poco a poco pero al mismo tiempo con paso seguro hacia el agua. No llevaba nada en las manos ni tampoco algún tipo de bolsa o zurrón donde guardar una red u otro artilugio de pesca. Era extraño, a esas horas y en ese lugar. Pero tampoco podía aventurar ninguna hipótesis pues era la primera vez que elegía ese punto concreto del litoral para practicar mi afición favorita. El recién llegado se detuvo a un metro del agua y sintiéndose solo se fue quitando la ropa hasta quedar completamente desnudo. Se sentó sobre la piedra donde se encontraba y dejándose caer despacio se introdujo en el agua. Un nadador solitario, pensé. Y así fue hasta que se sumergió y fueron pasando los minutos y no volvía a salir a la superficie. Habían pasado ya quince minutos y nadie aguanta tanto tiempo sin respirar. Se habría ahogado, quizás el agua estaba demasiado fría.
Recogí todas mis cosas y comencé a subir por la empinada pendiente para avisar a algún servicio de salvamento; no llegué a dar muchos pasos pues al girarme un instante para fijarme bien en el lugar donde había ocurrido todo y así poder describir con detalle a los rescatadores su situación, vi que el misterioso personaje estaba con la cabeza fuera del agua y con su mano izquierda se sujetaba de un saliente.
No alcanzaba a comprender lo que estaba sucediendo. Sólo podía pensar en la posibilidad de que hubiera una gruta en ese sitio y que se pudiera acceder a ella desde el mar. Qué podía ser si no. Debía seguir mirando para quedar tranquilo.
El hombre salió del agua, se quedó de pie unos instantes mientras su cuerpo se secaba un poco y comenzó a vestirse pausadamente, estaba muy tranquilo. Yo no. Comenzó a ascender pero en lugar de hacerlo por donde había bajado se dirigía hacia donde yo estaba. Me agaché entre unas piedras, iba a pasar cerca de mí y no quería que me viera. Ya me había rebasado cuando de repente, se giró y clavando sus ojos en mí exclamó algún insulto que no alcancé a comprender pues debía de hablar alguna lengua extranjera. Me enrosqué en posición fetal asustado y sentí un doloroso golpe en la cabeza.
Lo que pasaría luego me lo imagino yo igual como lo haréis vosotros pero no puedo recordarlo, el siguiente recuerdo es el de sentirme mareado, aturdido. Estaba en una cueva oscura, con la ropa todavía húmeda y atado de pies y manos. Por el techo entraban numerosos haces de tenue luz que debía filtrarse por los resquicios que habían quedado entre las rocas del acantilado después de miles de años de erosión. Estaba solo. O por lo menos eso era lo que parecía. El lugar en el que estaba era el final de la cueva y a los tres metros giraba y quedaba fuera de mi vista.
A partir de ese instante todos mis esfuerzos estuvieron dedicados a soltarme. Se estaba erosionando la piel del rozamiento con las cuerdas pero tenía que salir de allí como fuera. Por fin pude escurrir una de mis manos y desatarme. Poco a poco, a gatas, comencé a moverme y al girar el recodo quedé paralizado de terror. Mis ojos estaban viendo algo que me negaba a creer, quería pensar que estaba soñando, pero no, era cierto y lo tenía delante de mí, al alcance de mi mano.
Era transparente, como de cristal. Junto a él unas máquinas que producían un zumbido apenas perceptible. Dentro parecía como si una ligera niebla se moviera suavemente. Dentro de esa urna había una mujer desnuda. Pasé junto a ella y me fijé en los cables que salían de las máquinas, iban hacia la salida que estaba cerca. Al llegar allí una gran caja de metacrilato permanecía con una parte dentro del agua y otra fuera. Tenía muchos conductos por los que entraba y salía el agua con los vaivenes del mar y allí iban a parar los cables que había venido siguiendo. Comprendí que se trataba de un generador de electricidad que alimentaba los aparatos junto a la urna. Volví sobre mis pasos y observé detenidamente todo aquello. La joven tenía la apariencia de estar durmiendo y daba la impresión que se encontraba congelada. No debía tocar nada, lo mejor sería salir de allí. Cogí aire y a duras penas conseguí salir de aquel túnel bajo el agua y respirar ya a la luz del sol.
Regresé a casa y cuando ya estaba aseado y recordando todo lo que había sucedido surgió la duda. Si yo dudaba, qué es lo que iban a pensar los demás. No puedo contar esta historia.
Hoy pasados muchos años sigo pensando: ¿Cuántas cosas habrá a nuestro alrededor que ignoramos?
© Jose A A
es.humanidades.literatura
24/11/2010