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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
El combate se desarrollaba entre un púgil negro -el campeón- y un blanco, el sueco aspirante, Ingemar Johansson que era campeón de Europa. Y aquella noche de finales de junio de 1959, de repente, el sueco soltó un trallazo que mandó al campeón a la lona... ¿Con qué me ha pegado?, balbuceó cuando recuperó la consciencia el aporreado de forma tan inclemente.
Floyd Patterson había sucedido en el cetro mundial al invicto campeón Rocky Marciano. Tenía 21 años aquél negrito de Waco (Texas), que parecía que se iba a comer el mundo. Hasta que apareció Martillo de Thor en su camino. Que le había pegado con el puño, y no con un mazo, como pensó Patterson.
Johansson había ganado el entorchado europeo ante el transalpino Franco Cavicchi, por KO. Tenía 27 años. También puso a dormir Henry Cooper y Joe Erskine.
Hubo algo extraño en la carrera de aquél chico de 20 años que fué descalificado en los Juegos Olímpicos de Helsinki por eludir al yanqui Edward Sanders, lo que le hizo perder la medalla de plata y volver a su país con el rabo entre las piernas. Mal comienzo.
Pero, a partir de aquél instante cambió radicalmente, y se ponía enfrente de quien fuese, listo para abatirlo con aquella derecha capaz de derribar un tabique de cemento armado.
De modo que luego de abatir a cuantos se encontró en el camino, se libró en el primer asalto de Eddie Machen, ganando así la oportunidad de optar por el título mundial... que se llevó a Suecia... despues de tirar en el tercer asalto ¡siete veces! a la lona al bueno de Floyd. Claro, la última hostia fué la definitiva. Y el otro creyó que le había atizado con una viga.
Era el tercer europeo, tras Max Schmeling y Primo Carnera en alzarse con el entorchado de los pesados. Y también acabó teniendo su medalla de plata honorífica... en 1981, ya viejo. Su "pecado original" quedaba perdonado.
La verdad es que Patterson y Johansson se enfrentaron otras dos veces. En la segunda, en 1969, Floyd se tomó la revancha noqueando a Martillo de Thor en el quinto round. Fué el primer púgil en la historia de los pesados en ser campeón dos veces, aunque luego su marca sería igualada y superada por Alí, Foreman y Hollyfield.
La tercera pelea entre ambos "amigos" fué en 1961. Ambos visitaron la lona. En el primer asalto la visitó Patterson, que se repuso y con un gancho de izquierda ultimó a Ingemar en el sexto. Ya debía darles algo de "cosa" pegarse así, porque lo cierto es que en lo sucesivo, incluso ya retirados ambos, uno u otro cruzaban el Atlántico para visitarse y recordar tiempos... una vez al año.
En 1962, Martillo de Thor recuperó el cetro europeo frente a Dick Richardson. Y en 1963 lo perdió ante Brian London. Fué la última pelea de una carrera de 26 victorias -17 por KO- y dos derrotas. Había conocido lo mejor y lo peor... y estaba ahí para contarlo y disfrutar de sus recuerdos. Tampoco pudo hacerlo a gusto, porque sus últimos años estuvieron enturbiados por la espesa niebla del alzhéimer. Ni siquiera vio llegar el gancho con que la Parca lo tumbó para la cuenta definitiva. Tenía 76 años.
Descansa en paz, campeón.
© gsmiga