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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Aquilino -le llamaremos así aunque tiene varios nombres- en seguida se convirtió en el Jack Nicholson de nuestro manicomio y pronto nos hicimos muy amigos, quizá porque se percató de que yo también era un suicida impostor.
Puedo imaginarme la conversación con el doctor a su ingreso:
-¿Y si dice usted que sabía que no lograría suicidarse por qué lo intentó de nuevo?- le preguntaría el psiquiatra.
-Pues, la verdad, no estoy muy seguro... quizá para llamar la atención de mi madre.
-Su madre. Pero en su ficha no consta que usted tenga familia alguna. Bueno, familia viva, tras el trágico accidente...
-Pues sí, mi madre vive aunque yo no se lo haya mencionado jamás a nadie.
-No es que me avergüence de ella, simplemente es que nadie debía saberlo. De haber hablado de mamá ya me habrían internado anteriormente en este u otro sanatorio. Pero, bueno, ahora que ya soy un loco oficial me da igual hablar de ella.
-¿Qué tiene de extraño que hable de su madre?
-Digamos que es muy peculiar
-¿Y a qué tipo de peculiaridad nos enfrentamos?
-Verá, ella no es como nosotros, ni siquiera vive aquí.
-¿Se refiere a que su madre es, tal vez, extranjera?
-Sí, podríamos decirlo así, bastante extranjera.
-¿Y qué tiene contra su madre para llamar su atención de una manera tan extrema, tan inapropiada?
-Pues, doctor, sé que ella me dio la vida y bien que se lo agradezco, pero también es la que me niega la muerte.
El psiquiatra, pese a que debería estar acostumbrado a escuchar todo tipo de fabulaciones y de majaderías, me figuro que trataría de componer su mejor rostro de asombro.
-¿Cómo puede ella negarle la muerte? No lo entiendo.
-Está bien, se lo contaré sin rodeos: mi madre es una diosa que hace dieciséis mil y pico años, he perdido la cuenta, copuló con un humano y fruto de esa unión nací yo. Y dada mi condición de semidiós, y en tanto que los dioses no decidan otra cosa, yo también soy inmortal.
-Pero eso –le diría el terapeuta- es estupendo. ¿Por qué alguien no querría ser inmortal?
-Ya, claro, entiendo sus objeciones. Al principio es muy alucinante, sí, pero como le he dicho tengo más de dieciséis mil años. ¿Se imagina vivir durante ciento dieciséis siglos viendo cómo generación tras generación van desapareciendo sus seres queridos? Ya llevaba varios siglos sin atreverme a entablar una relación sentimental duradera, hasta ahora. Me costó mucho comprometerme con mi última mujer, pero era tan feliz a su lado y con la niña... yo simplemente quería envejecer junto a ellas.
-Entiendo. El accidente de su mujer y su hija le han dejado sumido en un dolor insoportable.
-Efectivamente, por eso estoy harto de vivir y quiero acabar con esto: sólo deseo poder morirme como todos los demás.
-¿Y su madre qué opina?
-Ella llevaba más de doscientos años sin aparecer, hasta que contactó conmigo el otro día, tras mi primera tentativa de suicidio.
-¿Contactó con usted? ¿No vino a verlo?
-No, hace tiempo que no se le permite bajar a la Tierra.
-¿Ah, no? ¿Y de qué modo se puso entonces en contacto con usted? ¿Por teléfono?
-No, por internet.
-¿Le envió un correo electrónico?
-Apareció en mi Messenger
-Ajá. ¿Y qué le dijo?
-Que entendía por lo que estaba pasando, pero que aún no podía dejarme morir: me necesita.
-Si dice que ella lleva más de doscientos años sin visitarle, no entiendo cómo aparece ahora diciendo que le necesita.
-Ni yo, pero se supone que tendré alguna misión que cumplir.
-Pero usted la desobedeció y ha vuelto a intentar quitarse la vida.
-No, ella me dijo que pronto vendría a alguien a por mí para tomarme unas vacaciones y que mientras tanto podía hacer lo que quisiera.
-¿Unas vacaciones?
-Sí, para conformarme. A los niños los llevamos a Disneylandia y a mí me van a llevar por un tiempo a otro planeta.
-A otro planeta, ¿es que hay otros planetas habitables?
-Sí, hay muchos, habitables y habitados, aunque le confieso que yo nunca he salido de la Tierra. Cuando los dioses crearon este universo, esta dimensión, para ellos fue un divertimento: crear vida y ver qué hacemos, como si fuéramos un entretenido canal de televisión al que mirar y, claro, cuantos más canales, mejor. Así que este planeta es sólo uno más entre muchos.
-Interesante. Bueno, ya es la hora, seguiremos hablando mañana. Pero antes, dígame una cosa. Si su hija era descendiente de un semidiós como usted, pero ella ha fallecido...
-Era mi hija, pero no biológica: yo no soy fértil.
© Archiduque Rainer Della Maif von Medina Arunda und Taxis
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