Sap, lo he leído dos veces y suena bien pero no esntendí a dónde quieres ir. Seguramente es un texto muy cerrado, sólo para españoles.
Me sorprende el vecno que nunca te invitò a entrar a su casa. Esa cerrazón no se da en los barrios de mi paìs, al menos no se daba hasta que comnzaron los asesinatoa a ancianos, lo los robos en que se engañó o timò a la víctima. Yo siempre he pensado de los que no abren la puerta a los vecnos que se trata de personas que urden revoluciones, o atracos, o arman bombas caseras,o siembran hierbas de mal nombre, o que se dedican a raptar gente, como hacìan los Puccio en San Isidro, o que conviven con la hermana, incestuosamente. Algo de eso debe suceder con tu vecino por eso de que en cuanto sue la escalera lo rodea la niebla. Un consejo, compra catalejos de esos que se ven en los hipòdromos y dedícate a espiar a esa gente. Por ahì nos encotramos con un argumento para un cuento o un cuentzco, según se quièn lo escriba.
Un abraxo. PacoZ-
y no se va a buscar la foto que quiere poner el solito. lo mejor es que pongas el enlace al afoto dentro de un marcador "url" "/url" con el botón que tienes debajo de cuadro para escribir estos mensajesfíjate en la imagen que pego a esta respuesta




VOLVER A EMPEZAR
No es que uno sepa nada, hay que decirlo, pobre hombre, pero lo suyo es hablar algo.
A lo mejor se tiene en el corral un albaricoquero. Por este tiempo ya le habrán cogido los albaricoques, pero allí está, paciente. Todas las hojas permanecen, pero un poquitín ajadas por la tarea. En rigor, no sabes qué hacer con él. Ni siquiera sabes qué es. Puedes quedarte un rato mirando, si quieres. A lo mejor notas -antes no te habías fijado- que le salen unes débiles renuevos en lo bajo del tronco. Pero te preguntas qué es.
Lo del albaricoquero es un ejemplo, naturalmente. Pero puede ejercer parecido atractivo una hierba que ha salido entre dos baldosas de la acera. Una mata de "maragall", qué quieren Vds., algo que en vuestra lengua podría llamarse "vallico", y no se dice para culpar a nadie. Ahí está. Nuestra ignorancia, al pararnos, puede sorprendernos.
Mas ahora llega el vecino. Viene a pie y se dirige a su casa, en la que uno nunca ha entrado. Lo puedes mirar y, aunque conoces sus gestos de antemano, sabes que enseguida darías con una bruma densa. Pero allí te paras. Puedes volver a pensar en el albaricoquero y en el "maragall" —modesto Lolium perenne—. A lo mejor todo pide una nueva mirada, un repaso. En el vecino tendríamos como mil albaricoqueros juntos. Ahora estará subiendo la escalera.
Y uno puede acabar pensando en el mar. Qué padrazo es el mar, señores. Es para reírse, tan grande y, en el fondo, tan inocente.
© Sebastián.
es.humanidades.literatura
29/06/2010