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© Paco Z - PESE A TODO, UN CUENTO DE AMOR

PESE A TODO, UN CUENTO DE AMOR




No diré que la conocía porque a las mujeres no se les ve el fondo —tan astutas son para simular simplicidad, ingenuidad y recato— pero sí que la tenía vista desde que era una inocente niña de escasos quince años que corría por el parque tras las mariposas, siempre delante de sus amiguitas, olvidada de velar por que el borde de la pollera no dejara al descubierto las largas y ya torneadas piernas. Sabía que se llamaba Irma y conocía su casa tanto como a su padre, que fuera compañero de aventuras en nuestra juventud y a su madre, prima segunda mía. Sin embargo, en contra de lo que podría suponerse, sólo estuve frente a Irma, sin atraer su atención, en un par de ocasiones en las que me saludó más atenta a los grupos de donde había sido distraída —a los que volvía de inmediato— que a las obligaciones protocolares a las que la forzaban sus padres.

Desde aquel entonces el tiempo transcurrió para ambos y, de regreso a mi país, ocho años después, teniendo yo treinta y seis y ella los actuales veintitrés, nos encontramos nuevamente. Ella ya había completado su desarrollo, tarea cumplida con minuciosidad y sin regatear encantos, y yo acumulado una considerable fortuna cuando su padre, nada inocentemente, le recordó mi existencia. En ese momento Irma me dio la mano eludiendo mi intención de besársela; de inmediato se despidió dejándome constreñido a seguir escuchando las desventuras de mi amigo que, pasando por un momento angustiante, estaba al borde de la quiebra en los negocios a los que se dedicara tras recibirse de ingeniero civil.

Escuché pacientemente sus pesares dándole por toda respuesta un par de consejos, de inútil aplicación en esa emergencia, eludiendo así su intención evidente de pedir mi socorro. En cuanto pude salir del brete, con alevosía, le comenté mi intención de formar una familia para lo cual buscaba una mujer joven, hermosa y dispuesta a ofrecerse a un hombre que la doblara en edad. Mi astucia no fue vana ya que pronto recibí una invitación a cenar en la casa de Irma, oportunidad en que ella fue forzosamente gentil y pronta a aceptar mi envite a concurrir juntos al teatro una y otra vez hasta concluir en mi ofrecimiento de contraer nupcias, aceptado, resignadamente por Irma y con alborozo por su padre que, de tal manera se convirtió, de la noche a la mañana, en mi socio.

En fin, que puesto a recordar cómo la conocí y ante la invitación para que escribiera un "lovetale", lo que en inglés se conoce como "cuento de amor", dudé, enviar esta historia a la editorial por tremor a que se la juzgara ajena a los límites propuestos; sin embargo, si se la analiza con rigor, se verá que en el caso hubo amor; yo amo a Irma, Irma a mi dinero.



© Paco Z
es.humanidades.literatura
05/08/2009

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