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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
EL SEPARADOR
MarA sus quince años Pedro trabajaba de aprendiz de camarero en un bar de su
pueblo donde no tardó ni quince días en mostrar sus extrañas habilidades
adquiridas desde la infancia.
Según me contaban en el pueblo, todo empezó cuando un día, un cliente le
recriminó a gritos que le hubiera traído un café con leche en vez de uno
café solo, como dijo haber pedido. Pedro ni se molestó en contestarle. Tomó
el café con leche y con rapidísimos movimientos de muñeca consiguió separar
el café de la leche, volcando la leche que permanecía arriba, en una taza
vacía y devolviéndole el café al cliente. Todo el mundo, atento a lo que
sucedía, le aplaudió cuando el cliente dio su consentimiento al café solo
que Pedro había preparado.
Ya en la capital, consiguió un buen empleo bien pagado en la mejor cafetería
de la Avenida del Generalísimo. Ya no tenía que separar la leche en aquellos
contados casos en que los camareros se habían confundido, ya no, los
clientes ordenaban café con leche y esperaban a que Pedro separara la leche.
Había clientes que pedían docenas de cafés con leche solo para observar
asombrados cómo Pedro separaba con esos extraños movimientos y requiebros la
leche de su taza, ya que era una maravilla ver la rapidez de sus manos. Los
clientes se llevaban el azúcar o la sal o la leche a su casa para mostrarla
a su familia. Algunos camareros intentaron imitarle, pero ninguno lo
consiguió. Si bien hubo alguno que parecía haber conseguido esa misma
habilidad, se descubriría días después, que solo se trataba de un fraude.
Hasta el NO-DO le dedicó cinco minutos en uno de sus noticieros donde
aparecían algunos extranjeros con ojos maravillados de las habilidades de
este español.
Con el paso del tiempo, esta habilidad asombrosa de Pedro no se quedó en
separar el café de la leche. También conseguía separar el azúcar para
aquellas clientas que por estar a dieta, no querían tomarlo después del
postre, o separaba la sal del caldo para aquellos propensos a sufrir
hipertensión. Un día, mientras separaba el coñac del café en el carajillo de
un cliente, intentó algo innovador: dos cambios de giro y el lanzamiento del
líquido arriba para recogerlo en su caída. Este movimiento, sencillo en
apariencia, lo repitió veinte veces en un segundo, dejando como resultado la
separación del carajillo en sus tres componentes principales: el café, el
coñac y el alcohol del coñac. Pronto los clientes le pedían whisky sin
alcohol, coñac sin alcohol, orujo sin alcohol, etc. aunque luego la mayoría
los volvía a mezclar en la proporción deseada.
Entre sus admiradores, se hallaba un viejo profesor con ansias de conocer la
verdadera naturaleza de las habilidades de Pedro. Pensaba que sus dotes no
eran únicamente físicas, rapidez en la separación molecular de líquidos,
sino psíquicas. Con este pensamiento, en un frío atardecer lo llevó a su
laboratorio para separar la luz de la oscuridad. Pedro, con rapidísimos
movimientos de brazos, consiguió partir la tenue luz del atardecer en una
luz de mediodía estival a la izquierda de la sala y una oscuridad total a su
derecha. "Bien", se dijo el viejo profesor mientras observaba cómo su brazo
desaparecía cada vez que lo introducía en la zona oscura, "tendremos que
probar con algo más etéreo, porque al fin y al cabo la luz sigue unas reglas
físicas"
-Mañana separaremos el bien del mal
Una tarde lluviosa, el profesor se sentó, junto a Pedro, ante el computador
conectado a internet.
-Entraremos en un grupo de noticias, ¿Qué te parece
es.humanidades.literatura?
Pedro no conocía ninguno, así que le contestó que bien. Le pidió que
separara los mensajes buenos de los malos. Pedro dudó. ¿Cómo separar algo de
la pantalla? ¡Eso era imposible!
- ¡Separa!" -le ordenaba el profesor
- No puedo, no puedo
- Separa, cabrón, tú puedes, separa lo bueno de lo malo
"Separa" "No puedo" "Es imposible", "Separa, separa" "Estás loco" Entonces
Pedro cogió el ordenador lo volteó por encima de su cabeza y se lo lanzó al
profesor. Con el golpe, la pantalla se partió en dos. En una parte estaban
los mensajes de un contertulio, en la otra mitad, a medio metro, apareció el
resto de mensajes.
-No puedo, no puedo -seguía diciendo Pedro mientras salía del laboratorio,
dejando al profesor aturdido.
Cuando se recobró, el profesor miró la pantalla "lo sabía, sabía que era
él", dijo entrecortado.
© Bubi.
es.humanidades.literatura
26/04/ 2009