Inicia sesión para charlar.
Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
DICOTOMÍA
Franky Muller era probablemente el hombre más feo del mundo cuando estaba durmiendo o meditando con los ojos cerrados. Su cuerpo era una amalgama de ángulos obtusos y obscenos donde sus extremidades largas y delgadas, que en otro cuerpo habrían parecido gráciles, no ayudan al conjunto. Su cabello graso y ralo, la cara doblada sobre si misma y un problema crónico de artritis, que le afectaba desde niño, hinchando de forma grotesca sus articulaciones, le daba el aspecto de un insecto en reposo. Sí, con los ojos cerrados, Franky Muller bien podría haber sido el diablo.
Y sin embargo Franky abría los ojos y todo eso quedaba relegado, sin cortapisas ni concesiones, a un absoluto segundo plano. Y a uno le quedaba de repente meridianamente claro que Franky no tenía nada que ver con el diablo. Dos eran los atributos físicos que golpeaban de inmediato a un observador casual: inmensos y azules; de un azul invasivo y eléctrico, con miles de facetas tornasoladas e hipnóticas que eclipsaban completamente el resto de peculiaridades. Y eso no era lo mejor de sus ojos; lo mejor era que si con los ojos cerrados podría haber salido de una pesadilla de la que uno huiría con horror, con los ojos abiertos uno podía nadar en el mar franco y profundo de su alma: la tenía allí, ofrecida, para el que quisiera conocerla. Sí, en un extraño equilibro la naturaleza había compensado a Franky dándole unos ojos que decían de él todo lo que su cuerpo negaba.
© Lunamar.
es.humanidades.literatura
13/03/2009