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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
EL DÍA MENOS PENSADO. 4
Cuatro metros treintaysiete centímetros de largo y el alto no importa mucho, con que mida metro y medio, vale. El caso es que ahora que me he puesto manos a la obra ya no me parece tan fácil hacer una portillera para este prado y vuelvo a caer en la cuenta de que las cosas vistas con distancia siempre parecen más fáciles de lo que en realidad son. Miro a la motosierra con desgana y mientras enciendo un pitillo pienso en lo fácil que sería montarme en la furgoneta e ir a la serrería, encargar unos tablones a medida y luego liarme con ellos a martillazo limpio clavo tras clavo; más fácil, todavía, sería ir a bricodepot y comprarla hecha, las tienen monísimas, distintas maderas, distintos colores, tamaños… puertas a medida para metes retorcidas, monotonía de umbrales bien engrasados, caer en la desgana de entrar o salir, qué oscuro es le lado practico de la vida. Me viene a la cabeza un flash de la peli `american beauty´: decidido, la haré yo solita.
- Pues no está mal.
- Que estén atados los troquitos en vez de clavados es original.
- Es que se rajaban cada vez que les metía un clavo.
- ¿Se puede abrir?
- Hombreeeee, dónde estaría la gracia si no.
- Juer, pesa como un muerto.
- Como me la jodáis me hacéis otra, aviso
Verlas abrir la portillera, todo tiene una primera vez.
- Puedes hacerte por ahí una gatera para entrar y salir a diario, luego la tapas con ese par de tronquines que te han sobrado y te quitas de herniarte.
- Eso, esta solo la abres cuando vengas con el John Deere, la enganchas y tiras con él.
- Lo malo es para cerrarla después.
A lo lejos el cuarto menguante bajo el lucero del atardecer tantea el horizonte como una gata sobre un cojín. Si yo fuera un perro levantaría la pata y mearía en la portillera. Mientras volvemos a casa, por fin, me dicen que me ha quedado muy bonita, poco práctica, pero bonita. Si yo fuera mirla me limpiaría el pico naranja sobre esos magníficos troncos todos los días a primera hora de la mañana. Si yo fuera portillera, sería como esa, ni más ni menos.
© Flantains.
es.humanidades.literatura
27/02/2009