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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
EL DÍA MENOS PENSADO. 1
Hay momentos transcendentales en cualquier historia y entiéndase por historia cualquier cosa que transcurre, que rompe la presunta y vanidosa armonía de lo que permanecer inmutable ¿hay algo inalterable? ¿existe? Existir es acontecer, como un sino. Ni siquiera los recuerdos son estáticos.
Me gustaría ser como un perro, bueno, en mi caso como una perra, para olfatear rastros sin dificultad y perseguirlos, si me viniese en gana.
—Entrena al tuyo —me dice ella
—Sí —le contesto, —pero sigue siendo él y no yo.
El mediodía es azul, frío e intenso, entramos en la taberna y pedimos tres jarras de cerveza. Hace mucho que enterré mis escrúpulos cuando vengo a este sitio en el que es imposible tomarse una cerveza fría en una jarra limpia. La camarera tiene pinta de masturbarse continuamente contra las esquinas de la mesa, contra los respaldos de las sillas, es pálida, menuda y rubia, se muerde las uñas y aún así siempre las tiene sucias.
A veces, también, me gustaría ser una gata. Me da envidia la mía, cuando de noche, echadas las dos en el sofá viendo la tele, mientras yo estoy muerta, consumida por el día ella se lametea por aquí y por allá con esa lengua áspera y ágil, se debe quedar tan a gusto después de pasársela por todo el cuerpo.
—Para eso están las manoplas de crin, reina —dice una.
—Y la ducha —le corea la otra.
—Sí, pero no se puede una duchar tumbada en el sofá mientras ve la tele.
Sé que nunca podré escapar de esos labios enormes y carnosos que cada vez que me besan me ocupan media cara y parece que me sorben. Sin embargo sus manos me gustan tanto, tanto.
—¿Y nunca has pensado en ser una vaca?
—Pues mira, eso no.
—Por lo menos tienes asegurado que te toquen las tetas dos veces al día.
—Paso de que me toquen las tetas, de verdad.
Qué buena es la risa, cuando consigo controlarla hago una señal a la camerana para que nos ponga otra ronda.
© Flantains.
es.humanidades.literatura
13/02/2009