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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
En el documental se veían los impresionantes dibujos de Nazca, pero, por conocidos, no fue eso lo que llamó mi atención sino el cartel que el gobierno —creo que del Perú— ha hecho poner para recordar que ese yacimiento arqueológico está protegido: Zona Intangible.
Acostumbrado al uso del término en sentido figurado, referido habitualmente a lo etéreo, espiritual, incorpóreo, no recordaba el verdadero sentido: aquello que no se puede o no se debe tocar. Bendito país que ha sabido poner un cartel de advertencia sin el tan manido "prohibido" del que tanto se abusa en España después de la muerte de Franco. Dirán que, entonces, como había tan pocas cosas permitidas, acaso solo toleradas, no era necesario prohibir tan explícitamente pues bastaba que te aplicasen un reglamento desusado para hacer que volvieras al redil.
Pero el hecho es que hay cosas que no se pueden o no se deben tocar, según los casos, que no es lo mismo rascarle la espalda a la Luna que sobar la cara de un Diputado a Cortes, que quizás se pueda, mas no se debe. Y , aunque algún viejo diccionario señala que para las cosas materiales se usa intocable y para lo demás, intangible, lo cierto es que son sinónimos a arbitrio del que escribe. Lo que no ocurre con deber y poder,que no lo son, ni lo uno implica lo otro ni lo otro lo uno. Que más de una cosa se debería hacer, pero en la práctica no se puede, y muchas sería posible hacer sin que ello implique que se deba.
Mas díganselo Vds.. a los políticos que a veces con la embriaguez de su poder se empeñan en hacer lo que no se debe. Y no solo en las cosas importantes en las cuales los ciudadanos nos jugamos los dineros o la propia vida, sino también en las más contingentes y acaso innecesarias. Que algo así debe ser el que la portavoz de la derecha en el Congreso salga envuelta en gasas en una revista dominical. Más allá de percibir la posibilidad de que en la realidad tenga buenas carnes no se sabe para que pueda servir eso a la nación. Claro que peor sería el presidente de su partido vestido de tarzán carnavalero con un par de chitas a su vera...
En fin, a uno le gustaría vivir en un país que, a pesar de tener políticos tan ligeros, el modo de vida de los ciudadanos fuese lo más intangible posible a sus largos brazos y que sus bolsillos —los nuestros— fuesen casi intocables a su codicia. O, al menos, que al salir de sus edificios oficiales y antes de poner un pie en la calle se encontrasen con un cartel que en letras grandes dijese: ¡Advertencia! ¡Zona Intangible!
Pero esto es Gaula.