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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Desconozco cuando la expresión abandonó las mesas de los contables para engrosar la jerga literaria de truhanes y demás elementos del crimen y, mucho menos, cuando llegó a ser frase hecha de políticos y periodistas, por vía policial supongo. Pero es evidente que de todas las simplezas no razonadas que suele adoptar el tropel televisivo es una de las más injustas.
Da igual quien sea el interfecto que no faltarán los que especulen sobre una posible "justicia fáctica" en su muerte. Nada que ver con la justicia oficial ni mucho menos con la divina, el "ajuste de cuentas" saldrá del informe de una policía impotente o incapaz para aclarar el crimen, de la pluma de un periodista, de los labios de un locutor o de un político simplistas. La carga de la culpa se vuelca sobre la víctima, implacable y fatal.
Hace pocos años un matrimonio murió cerca de Vigo al abrir la verja de su casa porque alguien había colocado en la misma una bomba casera. Que se sepa, los cuerpos policiales no han sido capaces de descubrir al culpable, pero desde el primer momento se difundió la infamia del ajuste de cuentas aunque no constase en ninguna parte una probable actividad delictiva de los asesinados. Y hoy mismo se decía en la televisión r12;dando como fuente a los cuerpos de seguridadr12; de un abogado al que le han pegado dos tiros en la cabeza a la puerta de su casa.
El "ajuste de cuentas" implica siempre un plano de igualdad entre el asesino y el asesinado, en negocios, intereses o manejos. Le resta maldad al primero para adjudicársela al segundo. Y lo hace precisamente cuando nadie tiene ni idea del móvil del crimen. Si se hablara de venganza sería más adecuado y más justo porque el muerto mantendría su inocencia intacta, a menos que se demostrara lo contrario. Los motivos de una venganza son múltiples y no implica nunca a priori que el agredido lo sea por haber cometido también un crimen.
El otro aspecto de ese lugar común de la mediocridad r12;periodística, policial o política, elijan Vds.r12;, es que el muerto nunca puede dar su versión. No puede testificar en el juicio, ni demandar a los que le injurian. Sigue muerto y desvalido ante la palabrería ocasional que motiva el hecho de ser asesinado, ante las especulaciones interesadas de los incompetentes.
Pero la injusticia no está solo en la incriminación e indefensión de un inocente sino en banalizar el mal, en convertirlo en una frase hecha que aparenta ser un simple amaño o arreglo entre delincuentes y calmar así las conciencias de los simples: ¡tranquilícense señores! A Vds. no les pasará lo mismo porque no están metidos en nada turbio... Con la agravante de que la abusiva reiteración de la frase puede crear la impresión de que el crimen es una forma corriente, entre tantas, de solucionar discrepancias, al margen de la ley o de una mediación civilizada.
A cualquiera nos podría ocurrir que un tarado nos mandase para el otro barrio sin una aparente razón y que los mediocres de turno despachasen el asunto con el eufemismo apestoso.
Galaor. 19/12/2008.