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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Hombre, me gustó aquello que contaste sobre un mormón pero me pareció algo típico, no sé, así que me dije que como yo había conocido una vez a un testigo y supongo que vienen a ser dos bichos con ojos parecidos pues igual me apetecía, que si, contarte aquella historia. Voy a escribir los párrafos como tu para que sea una biopic, que me mola la idea.
El caso es que lo conocí o frecuenté su compañía durante poco tiempo, alrededor de año y medio o dos años pero aquel chaval tuvo una influencia importante en mi vida hasta el punto de que, claro, a mis treinta y tantos todavía aquí me tienes, lo recuerdo. Él venía de una ciudad pequeña que creo era Jaén o un sitio parecio a un pueblo también pequeño o insignificante entonces y por lo visto en su familia estaban acostumbrados a mudarse con cierta frecuencia, no preguntes. A todo esto yo tenía trece o catorce años cuando conocí al chaval éste, que era de mi edad e ingresó a medio empezado del curso que creo era el octavo de la egb de entonces.
Vivíamos en el extraradio, vamos, en las afueras del pueblo que esto no es Madrid y es para que te hagas una idea de barrio obrero pobre y deprimido lo que hoy son las desgraciadamente famosas 200 o 500 viviendas donde nos criamos y que entonces ni por el forro se parecían a las actuales pero si eran, como digo, un barrio pobre honrado y deprimido lleno de padres que le daban un poco más de la cuenta a la botella o a otras cosas y que zurraban pero que bien cuando hacía falta con el cinturón si hacía falta a sus chavales. Yo es que soy el hijo de puta de uno de estos hijos de puta, leopoldo, te lo digo por aquéllo del condicionamiento operante.
Pero claro por aquel entonces no era más que un crío retraído que iba muy bien en los estudios porque tenía cabeza y le gustaba el colegio, un chico a quien no le gustaban las broncas y jamás empezó una pelea con nadie pero al que tuvieron que separar más de una vez de algún otro crío antes de que le partiera la cabeza a golpes contra el suelo, le sacara los ojos o le ahogara con sus propias manos si es que tal cosa hubiera sido posible, es decir, que yo era un angelito que le había zurrado a la mitad del barrio siempre por culpa del mariconazo de mi hermano pequeño que era otro ángel de esos que andaban por ahí apedreando viejas, rompiendo cristales, pintando puertas de la gente honrada pobre trabajadora y metiéndose en todos los putos líos posibles, el muy cabrón, que en general eran que el hermano mayor de algún crío o el propio crío le habían partido la boca y eso no se podía consentir en un sitio así, como comprenderás.
Si te digo que no sé cómo no terminamos metidos en temas de trapichéos hurtos drogas y cosa así pues te miento porque la verdad que aquello era un pueblo y en aquel tiempo no se veían ni se daban con la naturalidad de hoy todas estas cosas ya que estábamos empezando a aprender lo que era el mundo. Entonces un chaval un poco retraído pero que extremadamente serio para su edad, callado, tímido y más silencioso y pacífico que una puta tumba se encuentra con el mormón de esta historia, vamos a llamarle Tomás para ponerle un nombre, a quien rápidamente apodamos "el loco" en el barrio por sus costumbres nunca vistas antes allí que eran simplemente cosas de críos que nos impresionaban en aquélla época, como cruzar las calles entre el tráfico esquivando coches con la técnica, decía el hombre, de la cucaracha o pasearse en los columpios de los críos chicos haciendo el mono o el salvaje y estas cosas, chorradas.
Yo creo que todo el que conoció a Tomás se contagió se su alegría de vivir, su felicidad, su buen humor y el buen rollo que destilaba siempre este chaval, macho, que parece que le saliera de todos los poros de la piel... lo que era una cosa curiosa y nos debía convertir en una especie de pareja rara porque el tipo era una auténtica guindilla que no podía parar quieto ni de palabra ni de obra mientras que yo, tio, a mi me podías apalancar contra cualquier pared a mirar las nubes pasar y podía pasar las horas muertas así, respirando.
Estuve en su casa durantes aquellos dos años creo que como dos o tres veces mientras que el chaval se hizo tan habitual de la mía que mi madre casi lo tomó por un tercer hijo adoptivo al que servía la merienda, le preguntaba si quería cenar y estas cosas que hacen las madres para ganarse el cielo además de soportar a mamones hijos de puta. De aquellas visitas a su casa recuerdo a la perfección el salón en el que había, exactamente, unas cortinas, una mesa, un sofá, unas sillas y un mueble de salón, apenas había libros y punto porque no había absolutamente nada más y te miento si digo que recuerdo qué había en la cocina, no recuerdo nada y la impresión que para mi siempre guardará en la memoria aquél piso es que estaba totalmente vacío, en penumbras, silencioso. Creo que vi alguna vez a su hermana menor y me crucé con sus padres en aquella casa pero no podría asegurártelo. Él nunca hablaba de ninguno de ellos ni de su religión ni de ninguna cuestión que tuviera relación con su familia, eso jamás así que comprenderás que nunca sermoneó a nadie este hombre. Yo creo que el chaval quería vivir y que cuanto más tiempo estuviera fuera de aquel ataud de piso, macho, más tiempo estaba vivo así que pasábamos el día en la calle pegándole patadas a las piedras cuando no estábamos en mi casa cuando no estábamos en la sala de las recreativas con la pasta que yo le había sisado a escondidas al viejo o a la vieja.
Excepto los domingos, claro, porque los domingos Tomás desaparecía como por arte de magia, no existía los domingos. A todo esto olvidaba decir que debían de correr mediados los ochentas y nosotros, que éramos una familia de clase baja teníamos dos televisiones (una de catorce pulgadas que vino con el msx que me acababan de regalar para reyes y que eran dos lujos), un futbolín, el msx que digo, una california, un coche teledirigido made in japan llegado del tío en Alemania que era la envidia de todos los críos del barrio y en fin, pues teníamos de todo en comparación con Tomás.. vivíamos jajaja de puta madre porque todo lo bueno siempre queda, hombre, de puertas adentro.
Lo que ninguno del barrio tenía era el talento de este hombre para el dibujo ni su chispeante ingenio ni su imaginación desbordante ni su capacidad para embaucarte y para que lo siguieras a cualquier aventura chorra ni su pasión exacerbada por las películas de artes marciales, sobre todo del bruce lee, que yo cogía prestadas del video club con la tarjeta del bar del viejo y que nos zampábamos una tras otra junto a las de zombies y otras mierdas serie B de la época, el commando, el rambo y esas capulladas. También estaba el Tomás un poco más despierto que yo para aquella edad y ya me dijo la Ani un día, la vecina de arriba, que no bajaba más por mi casa a ver películas de zombies desde aquella tarde en que estábamos los tres juntos viendo una italiana y el Tomás se le puso más pesado de la cuenta, le vaciló y trató de meterle mano en las tetas creo.
Todavía conservo y no sabes cómo me gusta mirarlos de vez en cuando las páginas de los cómics que guionizaba y dibujaba este hombre, sobre todo las de su héroe favorito -todos los héroes los había inventado él-, un tal Arlequín Enmascarado, un karateka o ninja o yo qué sea que era un gustazo verlo moverse allí pintado y entintando a mano, tío, página tras página en un mini cómic con su argumento y más o menos su desarrollo chorras. Los katas que le hacía, los miniestudios, las posturas, todos los bocetos, todo aquello era una jodida delicia. Yo le pagaba la tinta a Tomás con gusto y le ayudaba con los diálogos de aquellas minihistorietas. Claro que esto de los cómics yo creo que fue lo que nos hizo conocernos y nos unió porque a pesar de los estricto de la familia de este chaval, cosa que yo intuyo por sus miradas y sus respuestas cuando salía el tema ya que aquella realidad pues siempre será una nebulosa para mi, pues decía que sus padres le permitían al hombre que comprara cierto tipo de tebeos, sobre todo marvel de bruguera y la otra que ahora no recuerdo que era lo que circulaba por el barrio en aquella época a mansalva. También de aquéllos que se compraban precintados en bolsa y no sabías qué llevaba la bolsa -excepto el de la portada- hasta que no la abrías, y solía llevar sargentos rock y dráculas y algún masters of kungfu como aquel de la lucha contra el gato o el de la peléa antológica contra el puños de navaja, macho, yo he pasado una década buscando el final de la peléa con el gato, ríete, Tomás es que era un fanático de shang shi.. visto hoy pues me parece que aquellas lecturas no eran nada convenientes para un testigo pero Tomás era un tipo despierto de ingenio, como digo, que no solo me gorroneaba tebeos si no que también se había aprendido de memoria la pose, el tono de voz, las palabras adecuadas que debía pronunciar siempre en presencia de sus padres y lo mismo hasta el modo de esconder aquéllo para meterlo en casa. Esto lo sé porque las pocas veces que vi a Tomás con sus padres vi a un chaval al que no conocía de nada.
Aquella amistad terminó en el segundo de bup aunque ya sufrió un golpe en primero cuando él optó por la fp en lugar del bachillerato y nos separamos en el día a día de las clases y hasta del centro (ya que estaban separados ambos centros).. yo intenté convencerlo de que se pasara al bup, fuésemos juntos y luego quizá la uni pero el hombre veía claro, ahora lo comprendo, que lo suyo era provisional en aquel barrio y aquel pueblo y que cuanto antes lograra un oficio con el que dejar atrás el ataud de sus padres pues iba a ser lo mejor y era su meta, claro, y tenía razón porque no llegó a terminar el segundo de fp en el pueblo cuando se trasladó con su familia a la capital de la provincia.
No me recuerdo de haber llorado muchas veces de chaval, ni siquiera de niño pero aquélla putada de despedida fue una de esas veces y eso que seguimos en contacto por carta de esas de papel tío, durante algún tiempo, él se hizo amistades de inmediato en la capital y hasta cambiamos juegos de msx por correo.
Aprendí muchas cosas de aquel chaval que tampoco es que fueran lecciones magistrales sino cosas sencillas como que la vida podía ser estupenda y era posible hata una alegría enfermiza, efervescente a pesar de que la misma jodida vida te machacara de vez en cuando las pelotas, o apenas te dejara espacio para respirar. Claro que lo mío no era tan difícil después de todo, y bueno, volvimos a encontrarnos unos años después y ya le perdí la pista para siempre, una lástima.
Fue en una sala de recreativos donde yo solía parar a esperar el bus al pueblo tras salir de la uni y dejar el bus urbano. Como salía de la uni a media mañana porque no había cojones de aguantar más mierda jurídica de aquélla pues las paradas por aquella sala se hacían más o menos eternas. Había una coin-op de Taito que me tenía idiotizado delante de la pantalla porque yo ya había comenzado la cuesta abajo del snobismo rancio cultureta y ya sabía distinguir a chopin de objetivo birmania así que cada vez que me encontraba delante de aquella recreativa que era un arcade de navecitas del montón en el que sonaba a toda hostia, pero que a toda hostia, un nocturno o un improntu o cualquier otra obra de chopin pues me quedaba embelesado mirando aquella combinación imposible de máquina recreativa. La he buscado en la inet para poner un enlace pero no recuerdo el título y da igual porque podría haber sido delante del New Zealand Story o el Mr Heli o el Lengadary Warrior Rygar o cualquier otra perla un poco vieja ya para la época, da igual... el caso es que en un salón de cómics o en un salón de recreativos teníamos que volver a encontrarnos, Tomás y yo.
Es una lástima como pasa el tiempo y como lo borra todo, leopoldo, supongo que por eso he escrito esto, porque Tomás trabajaba en una fábrica de cajas de cartón, le habían dejado una pistola de remaches que me enseñó como si fuese una maravilla extraordinaria porque la llevaba encima ya que iba hacia el trabajo. Tenía novia y decía que se iba a casar. Yo creo que tendríamos 22 o cosa así. Se le veía tan efusivo, amable y chispeante, tan contento como siempre. Yo me lo quiero pensar ahora así, coño, me alegra.