Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 06 Julio 2022 20:48
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© CURTIUS
Les hablo desde mi humilde guarida, un poco húmeda y fría, pero que la costumbre ha convertido en confortable.

Permitanme presentarme, me llamo Curtius, soy un soldado del Imperio, combatí en la frontera del norte a las órdenes de Germánico, en los tiempos en que establecimos las primeras colonias en aquellas tierras bárbaras.

El campo de batalla siempre fue el lugar en donde por momentos sentí que la vida tenía algún sentido.

Siempre juzgué emocionante el mirar a los ojos de mi eventual enemigo, justo antes de que la muerte se decidiera por uno de nosotros. Lo definía como una lucha leal, sincera, frente a frente, la vida nos había enfrentado en ese momento y en ese lugar, y era nuestro deber no escaparle al destino.

Los regresos triunfales y los ecos de las loas se acallaban rápido, y una nueva campaña siempre continuaba a la anterior.

A través del tiempo fuí logrando cierto ascendente sobre los soldados noveles, quienes creían ver en mí, a alguien que conocía todas las aristas de la batalla.

Pero debo confesar hoy -y es por eso que escribo esta esquela- que el temor ha invadido mi alma.

Siento que en estos últimos años de mi vida, un enemigo invisible me acosa.

Día a día, momento a momento. Me clava sus dardos cuando estoy distraído. O espera hasta encontrarme en los momentos en los que estoy tranquilo, plácido -y por lo tanto- indefenso.

Y para que sepan ustedes, amigos, la magnitud de tales ataques, les cuento que la punta de esos dardos no están embebidas de un veneno mortal (cosa que hoy desearía), sino que lo están con una sustancia mucho más cruel.

Es un veneno que -pude comprobar- tiene el extraño poder de atacar mi voluntad.

Es una pócima que va matando lentamente los puntos de apoyo en los cuales sostenía toda mi alma.

Una vez dentro mío, va erosionando sin prisa y sin pausa, mis noches y mis días.

Y les aseguro que esta es una clase de batalla que nunca antes en mi vida había librado, y puedo percibir que mi escudo ya no me protege y que mi espada se siente demasiado liviana al blandirla.

Esta vez no puedo mirarle los ojos a mi enemigo y presentarme a la lucha.

Las cosas, al parecer han cambiado.

La candela que alumbra mi guarida ya se está acabando y se la oye crepitar en el silencio.

Mañana por la mañana, deambularé por la ciudad, observando los arcos y monumentos que me recordarán hechos vividos y lugares conocidos.

Tal vez en otra ocasión, continúe con mi relato.

Buenas noches.

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A buey viejo pasto tierno.
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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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