Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 08 Diciembre 2021 15:11
Navegación
las Ediciones
VSnail beta 1.0
Iniciar Sesión
Nombre de Usuario

Contraseña



¿Aún no eres Miembro?
Pulsa aquí para registrarte.

¿Has Olvidado tu Contraseña?
Pulsa aquí para solicitar una nueva contraseña.
Pergaminos
Sindicación
Foros Noticias
Textos Enlaces

Comunidad
© Olé Torero
Un toque de trompeta y la puerta de los toriles se abre, dando paso en rauda carrera a un animal hermoso, de prestancia y trapío que tras una pequeña recorrida a la arena, se detiene dudoso ante la multitud que aplaude su salida.

Uno de sus ayudantes le muestra el capote y como tocado por una vara eléctrica, Mandingo le embiste.

Miguel Domínguez toma un vaso de agua y con la prestancia y soltura dada por los años de experiencia, toma su capote y sale al ruedo a efectuar el primer lance.

Nuevos aplausos colman el redondel de la monumental.

Le muestra el capote al animal y este como la vez anterior embiste pasando muy cerca de su cuerpo, mientras él con elegancia efectúa el pase. El toro cabecea algo pero seguidamente da la vuelta colocándose en posición de lucha.

Cuatro… Cinco pases más, para demostrarle al animal que él es quien manda en la arena y seguidamente la música anuncia la entrada del picador.

El ruido no parece distraer a Mandingo, quien ansioso busca al hombre que varias veces le ha burlado, pero Miguel ya está dentro del burladero esperando la faena del picador.

Allí embiste el animal colocando su cabeza y pitones en la madera que le separa del torero como retándole a que salga nuevamente.



El rojizo del capote de uno de los ayudantes distrae su atención y engañado por la furia de su linaje, embiste directamente quedando frente al sillín del picador y el caballo protegido para evitar la hiriente punzada de sus cuernos.

La pica llega a su destino y se incrusta en la humanidad de Mandingo, quien ahora enardecido por el dolor causado por la vara se pega al caballo y mueve amenazadoramente la cabeza buscando herir al causante de este.

La sangre va emergiendo por la herida y el picador diestro en su trabajo de toda la vida, punza detenidamente como el doctor que abre en el sitio indicado para efectuar una intervención importante; rápidamente los ayudantes vienen en auxilio del toro más que del picador y este deja su tortura y se encamina nuevamente a la embestida pero se tropieza con el segundo picador que le espera tranquilamente con la vara preparada.

Pero esta vez la lucha no es tan desigual y el empuje del toro que choca con fuerza sobre el costado del caballo hace trastabillar a este.

El jinete sorprendido por la acción se descompone en su montura y olvida por unos segundos su labor de picar para mantener el equilibrio y no caer a la arena a merced del toro enardecido.

Un nuevo embiste y el caballo pierde su compostura y cae de costado a la arena. Su jinete, cual trapecista de circo, se lanza a tierra buscando el amparo del burladero mas próximo.

Ahora los ayudantes vienen en auxilio del picador y no del toro, quien frenético intenta atacar al animal indefenso que desconcertado por la ceguera producto del tapaojo huele el peligro que le acecha.

Mandingo detiene su ferocidad ante el caballo, tal vez intuyendo que es otro instrumento como él dentro del ambiente, y se rebela contra uno de los ayudantes que sorprendido trata de efectuarle un pase, pero la cornamenta arranca el capote de sus manos; el toro con cabeceos arriba y a los lados intenta quitarse la tela que le cubre parcialmente la cara.

Casi frente a él, Miguel puede palpar la bravura del cuadrúpedo y pide con un gesto de su mano que se dé por terminada la suerte.



Tiene enfrente al animal que le reta con mirada amenazadora a una lucha en la que la igualdad de condiciones físicas debe prevalecer.

Puede sacarle mucho partido a Mandingo pero corre también el peligro que le pueda cornear, pero es el riesgo de la profesión y está cansado ya de vencerle sobreponiendo sobre el temor que yace oculto: el coraje.

Una nueva embestida de Mandingo tropieza con la madera y le sobresalta ya que por unos momentos había perdido de vista al animal.

Acepta el reto y toma un par de banderillas para efectuar la próxima suerte.

Mandingo se ha alejado un poco y ahora se encuentra en el centro del ruedo mirando a ambos lados, buscando en la arena a su antagonista que parsimoniosamente, con las banderillas en las manos, da pequeños salticos muy cerca de los burladeros, buscando llamar la atención del toro, que al verlo no embiste de inmediato sino que con sus pezuñas araña la arena como dándole a entender a Miguel que ya le ha visto.

La suerte que efectuará lo sabe él, es quizás la más peligrosa del arte de lidiar.

Allí lo tiene enfrente, sé la verá cuerpo a cuerpo sin capote para burlarlo, su traje de luces será el punto al que atacará el animal.

La banda toca nuevamente, el matador efectuará una suerte que no le corresponde.

Normalmente no se aventura a banderillear aunque lo hace bien, ya que sabe que es un riesgo innecesario, allí en su cuadrilla están Rafael y Antonino que son banderilleros de profesión y lo hacen mejor, pero enfrente tiene un animal especial y este es uno de esos momentos.

Sus salticos cortos finalizan cuando el toro arranca buscando su presa.

Unos pocos pasos apresurados a la izquierda, luego otros a la derecha con la vista fija en su enemigo que tal vez saborea el triunfo antes de tiempo.

Un ligero quiebre de cintura buscando burlar los pitones de Mandingo y un salto corto a la izquierda con las banderillas adelante.

El animal cae en el engaño y solo pocos segundos le son suficientes a Miguel para clavárselas en el sitio indicado.

Siente rozar su cuerno izquierdo muy cerca del estómago.

Él ha seguido la carrera en dirección contraria a la del animal por lo que esto le gana tiempo para cubrirse en el burladero pero no lo hace, desafiante contempla a Mandingo darse la vuelta y levanta los brazos al publico que le ovaciona largamente.

El ataque de la bestia llega tardío y ya Miguel se seca el sudor con un pequeño pañuelo blanco lejos del acoso de este.

Los ayudantes siguen efectuando su tarea y las siguientes banderillas se las da a Antonino, quien cansado de efectuar la misma suerte durante años las coloca con la facilidad de la experiencia.

Cambio de suerte nuevamente.



Miguel toma la muleta y tras dedicarle la faena al público sale al ruedo.

Mandingo no se ha desesperado esperándole, está allí con una pequeña baba resbalándole por la boca, producto del cansancio, pero está entero, fuerte, bravo…

Sabe que la batalla decisiva la librará en los minutos que siguen.


Página 1 de 3 1 2 3 >
Comentarios
No se han Publicado Comentarios.
Publicar Comentario
Inicia Sesión para Publicar un Comentario.
Valoraciones
La Valoración está disponible Sólo para Miembros.

Inicia Sesión o Regístrate para votar.

No se han publicado Valoraciones.
En imágenes
Breves
En larga jornada, la leve carga es pesada.
Mini Charla
Debes Iniciar Sesión para publicar un mensaje.

fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

Archivo de Charlas