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© EL MATADOR DE GONZALO FISCHER

Una tarde de distraída tristeza, una voz la detuvo antes de abandonar el bar.

—¡Señorita! Se le ha caído el diario.

Era la voz de un hombre, hasta entonces oculto en su silla detrás de una columna. Ella se acercó a él. El hombre levantó el diario y se lo entregó.

—Gracias —dijo ella.

—¿Usted también lee noticias viejas? Es comprensible. Hoy ya no las hacen como antes.

Ella le dio una sonrisa como respuesta y le regaló una fugaz mirada.

Era un hombre de rostro pulcro y adusto, un rostro que hacía juego con la seriedad de su ropa. Su cabello adornaba su cabeza con finos surcos, su nariz aguileña proyectaba una sombra delicada sobre el arco elástico de su boca, y sus ojos negros e inmóviles parecían transmitir alguna conocida sensación. Algo inquietantemente familiar.

—Es de la época en que murió Gonzalo Fischer, ¿no es así? —prosiguió el hombre—. Muy conmovedor, pero se lo merecía ese arrogante.

Sandra Fouchard cambió repentinamente su mirada, y le arrojó todo su furor con sus ojos ofendidos, heridos sus recuerdos y sus ilusiones.

—¿Acaso lo conocía? —lo enfrentó con altivo reproche.

—Demasiado, tal vez.

—Debe de haberlo envidiado mucho como para seguir insultándolo aun tanto tiempo después de su muerte.

—Nada de eso —rió el hombre—. El que lo mató le hizo un favor.

—Nadie sabe quién lo mató —arguyó ella.

—Yo sí —manifestó el hombre.

—¿Cómo dice? —preguntó ella con pálidas palabras.

—Si le interesa, puede quedarse un rato más —la invitó él.

—No tengo tiempo para oír mentiras —respondió ella, y se dirigió hacia la puerta.

—Usted es Sandra Fouchard, ¿verdad? De todos sus conocidos, sólo usted puede defenderlo con tanto entusiasmo.

Ella se dio vuelta y caminó hacia él.

—¿Cómo sabe mi nombre? —inquirió.

—Si le interesa… —repitió el hombre, señalando una silla.

Sandra Fouchard tuvo un breve momento de duda. Muy breve.

Se acercó a la silla y ambos se sentaron a la mesa.

—¿Quiere tomar algo? —sugirió él—. ¿Un café, una gaseosa?

—¿Qué tiene que ver usted con Gonzalo? —arremetió ella.

—Yo era su amigo más íntimo.

Ella lo observaba, incrédula, tratando de adivinar el engaño. El hombre, atenuando sus gestos, continuó.

—Un amigo oculto, podríamos decir.

—No habla de él como si fuera un amigo.


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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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