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© BUSCANDO A ALMA ROSENBERG
Ubicado en un robusto edificio de la calle 175 del Este de Broadway, el periódico neoyorkino Jewish Daily Forward, popularmente conocido entre sus lectores con el escueto nombre de Forverts, publicó el 5 de septiembre de 1939 el siguiente anuncio: “ME HE PERDIDO. ¿ALGUIEN PUEDE DECIRME QUIÉN SOY?”. Aquella llamada de auxilio tuvo éxito: dos días después un hombre de unos cuarenta años, vestido con un mono azul de trabajo, se presentaba en las bulliciosas oficinas del periódico.

Natural de Varsovia, Jacob Rosenberg era alto, corpulento, lucía una barba larga y espesa salpicada de canas, tenía los ojos oscuros y tristes, el pelo moreno. Hacía cinco años que había entrado en el país por el centro de inmigración Ellis Island y desde entonces había trabajado muy duro para mantener a su familia, desempeñando numerosos oficios: obrero de la construcción, mozo de almacén, electricista...

El señor Rosenberg aseguraba ser el padre de la chica que se había perdido.

–Iré por ella –dijo uno de los redactores más jóvenes–. No ha salido de aquí en las últimas cuarenta y ocho horas. Puedo asegurarle que ha estado muy bien atendida.

–Muchas gracias. Siento los problemas que haya podido ocasionarles. Sobre todo en días como estos, en los que tienen ustedes tanto trabajo.

–No ha ocasionado el menor problema –repuso el redactor–. Es una buena chica.

–Padece trastornos de la personalidad y pérdidas de memoria –se sinceró el señor Rosenberg–. A veces pierde la noción del tiempo. Su madre y yo estamos muy preocupados. No es la primera vez que le ocurre esto… No tenemos ni idea de quién la habrá ayudado a poner el anuncio en el periódico.

–Cualquiera sabe.

–Por cierto, se llama Alma.

–Es un nombre muy bonito –dijo el redactor, que salió inmediatamente a buscar a la chica.

Alma estaba en un saloncito, sola, sentada en un sofá bajo un retrato en la pared del escritor yiddish Isaac Peretz, hojeando sin demasiado interés unas modernas revistas en inglés de las que no entendía una sola palabra. Vestía ropa sencilla, casi vulgar. Era delgada y tenía unos ojos chispeantes, alegres.

–Tengo una buena noticia –le dijo en yiddish el redactor–: te llamas Alma Rosenberg. Tienes diez años. Tu padre está aquí, ha venido a recogerte –Alma sonrió–. Pero tengo también una mala noticia –añadió medio en broma.

–¿Cuál es la mala noticia? –preguntó ella.

–Eres judía.


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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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