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© LA BRECHA Y EL CORMORÁN

En otra memorable jornada, quiso comerse el tiempo. O eso pensó él. Quien ingiere tiempo, puede desplazarse por él, a voluntad. No obstante, ¿De qué está hecho y dónde puede hallarse? Lo meditó unos segundos y ya no dudó: despanzurró todos los relojes que sus bolsillos pudieron comprar en el negocio más cercano, vertiendo sus vísceras en guisos, estofados y hasta postres. Las mesadas de su cocina se convirtieron en un descarnado campo de batalla, con cronómetros y relojes de péndulo, de arena y de muñeca abiertos al techo, gimiendo las heridas. Hicieron falta tres lavajes de estómago consecutivos y una semana de internación en el hospital municipal para librar a Nicandro de la arena, el cuarzo y los chips de más de diecisiete relojes y un par de cronómetros, que nunca más marcarían las horas.

Una madrugada lluviosa se despertó con la angustia de un mal sueño anegado de gritos, plumas, dolor y agua salada. Se incorporó en la cama tratando en vano de armar el rompecabezas de la pesadilla, pero las piezas se negaban a dejarse ordenar. Caminó contrariado hasta el baño, abrió la canilla de agua fría para despabilarse, alisó con gesto distraído los cabellos que se le rebelaban en el remolino de siempre y sin saber porqué tuvo la impresión de que estaba siendo observado.

En efecto, un hombre de rostro enjuto, aire inocente, barba y bigote canos, lo miraba con fijeza. Presa del pánico, Nicandro permaneció inmóvil, incapaz de articular palabra, a la espera de que el extraño manifestara sus intenciones. Cerró los ojos aterrado, en una actitud infantil, implorando que el espectro se esfumara de la misma forma subrepticia en que había aparecido. Esperó segundos interminables y con lentitud fue levantando los párpados, sólo para confirmar que el viejo seguía allí, sólo que esta vez, percibió un vaho de miedo en su mirada. Eso le insufló algo de valor. Ya no era el único asustado. Estiró la mano para saludarlo, sin conciencia real de lo que estaba haciendo y el anciano hizo lo propio, pero no llegaron a estrechárselas. La helada materia del espejo impidió el contacto.

Como protagonista de una escena que intuía haber vivido (o anhelado), Nicandro reconoció los rasgos del anciano en el retrato al óleo de un desconocido sobre el escritorio de su bisabuelo. El descubrimiento, cuya trascendencia comenzaba a dimensionar le heló la sangre; comprendió que el hombre del espejo era una versión del pasado y muy entrada en años de sí mismo.

Las primeras palabras del reflejo, pronunciadas en un castellano añejo pero comprensible, confirmaron sus sospechas y le causaron una impresión tan honda como la fascinación experimentada al tiempo que el relato avanzaba.

“Soy Nicandro Masto, nacido en la villa de Marín. He vivido apenas unos años como hombre. Un olvido de Dios, la suerte perra o la fatalidad trocaron mi existencia un eterno vagar por los tiempos, al cortar el hilo conductor de mi vida hace ya más de doscientos años.”

Con apenas un eco de voz, el anciano narró su búsqueda de siglos por los espejos de hombres y mujeres, en procura de enlazar lo que alguna vez fue su pasado con un futuro hasta ese momento arisco; ambos extraviados una mañana de junio de mil setecientos noventa y siete, en que soñó que echaba a volar desde el palo mayor de una embarcación, convertido en cormorán. Explicó que en pleno vuelo, había despertado del sueño y al verse en el aire había entrado en pánico, llevándose por delante nada menos que el palo mayor de la goleta para caer luego con una seria herida en el hombro, a las aguas agitadas de un mar turquesa.


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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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