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© José Puentes - La cruz de la cumbre
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La cruz de la cumbre
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Allí en la cima del collado, cruce de caminos hermano del viento, todo era diferente.

Tan sólo unos minutos antes, al pie de la ladera se abría un valle frondoso con su río pequeño flanqueado de abedules, de robles, de sauces. Después de ascender por aquella carretera que se curva por la pendiente una y otra vez, llegó al alto del Foxo, paisaje de páramo y de pastos, de aire fresco y ventoso, de soledad mansa y apaciguante.

Habían pasado treinta años desde aquel día. Carlos no sabía porque había vuelto allí esa tarde de primavera que anochecía. Bajó de su coche y se puso a caminar entre tojos pequeños en dirección a la cruz que ya divisaba en la lejanía.

El diecisiete de mayo del cuarenta y seis su vida cambió. Es cierto que ascendió en el Cuerpo --con el tiempo llegó hasta teniente--, pero perdió a su novia Iria al día siguiente.

Aún podía recordar su cara de desprecio, de asco, cuando le dijo adiós para siempre. Tan obcecado estaba que en aquel momento no lo pudo entender . De nada le valió explicarle, decirle que había cumplido con su deber; ella leyó en sus ojos la verdad que él no quería aceptar.

Iria murió en el cincuenta de tuberculosis. Sus padres le dijeron que de pena. A partir de ese instante, lejos de sentirse liberado, quedó más vinculado a su recuerdo, al de los dos.

Durante aquellos treinta años no fue capaz de querer a ninguna mujer. Tarde o temprano siempre veía en sus rostros la cara de rechazo de Iria, aunque ellas estuvieran sonriendo. Era un mal que se fue agravando con el tiempo hasta que no fue capaz de aguantar la mirada de una mujer, por miedo a verla a ella.

Mientras rememoraba todo esto sus pasos le acercaban cada vez más a la cruz. No sentía nada, ni el viento, ni las piedras, ni los tojos y la luz gris de la Luna llena se alzaba a sus espaldas.

Aquel día del cuarenta y seis supieron que la guerrilla estaba desmoralizada. Casi no tenían municiones ni muchas vituallas. Por un chivatazo se enteraron que se habían dividido para buscar comida, cada uno por su cuenta.

A uno de ellos, el Antón, lo vieron por aquella zona de la montaña. No lo pensó dos veces --había sido su mejor amigo y el anterior novio de Iria-- tomó su arma y se fue solo al monte.

En el alto del Foxo Antón lo vio primero. Cuando se dio cuenta quien era y que no llevaba compañía, salió de su escondite y le llamó. Estaba flaco, demacrado, y sonreía. Él, antes que Antón pudiera hacer nada, le apuntó con el mosquetón y disparó.

Cayó con los ojos muy abiertos, con la sonrisa en los labios, con un agujero negro entre las cejas por el que comenzó a salir un hilo de sangre.

Aquello le valió los galones de cabo y todo lo demás...

Con los años comprendió lo inútil de aquella muerte: Antón, aunque viviera, no podría recuperar a Iria, acabaría en la cárcel o en el extranjero. Pero sus celos le cegaron.

Poco a poco, había llegado al pie de la cruz.

"Pago por Antonio Saavedra. 17 de Mayo de 1946", ponía en la base de piedra. La habían pagado los padres de Antón.

En ese instante oyó una voz que le saludó por su nombre y le dijo que llevaba treinta años a esperar por él. Entonces lo vio como antaño, con su sonrisa, con el agujero entre ceja y ceja.

Mientras le alargaba la mano le pidió que se fuera con él. Carlos, sin entender porque lo hacía, le dio la mano y se fueron.

Si alguien estuviera por allí en ese momento hubiera visto dos lucecitas que se alejaban de la cruz por el aire.

Su coche, con el cuerpo dentro, fue encontrado días después en el fondo del Barranco de la Loba. Había muerto al desnucarse.

Ahora hay otra cruz, en la curva por la que se fue el auto, que tiene escrito en su base: "Pago por Carlos Ervedelo. 17 de Mayo de 1976".

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© José Puentes, 1997
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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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