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© Juan Manuel - Fuera de concurso
Ayer vi un hombre desnudo sobre un tejado.

No hacia calor. Nunca hace calor en la Zaragoza de los vientos, salvo en verano. En verano el calor en Zaragoza es el calor de los desiertos. Los Monegros y el Ebro conforman los acantilados de aire por donde el Cierzo corre inmisericorde el resto del año; arrancando alientos, paraguas y ropa tendida y arrancando lamentos por un sol de justicia que calcine por fin el asfalto. Echo de menos mis climas fraternos: El clima suave de San Sebastián perlado de agua que no moja, el cálido clima de cualquier encrucijada del Sur, las cinco de la tarde y las calles vacías de un casco viejo con olores a pino y piedra antigua. Debo volver a esos climas.

Ayer fue un día normal para Marzo. Quince grados. Vientos racheados. Frío.

Sin embargo el hombre no parecía tener frío. Estaba de pie en lo alto. Desnudo y al parecer descalzo, en equilibrio precario sobre el no muy pronunciado declive de las tejas rojas, en una suerte de equilibrio solemne y ritual por tranquilo, y casi litúrgico por lo sereno que de el emanaba. La conformación de su postura calmada, con las piernas abiertas afianzando el cuerpo, la posición de sus brazos en jarras, desafiantes y seguros, y la tranquilidad con que sus manos se apoyaban en sus caderas blancas así lo atestiguaban. Miraba las calles bajo él y su tejado, y pensé el tejado como suyo porque parecía ser parte de aquel genérico, como las chimeneas y las veletas, como las antenas y los propios gatos.

Pero sólo era un hombre desnudo. Un hombre desnudo y blanco en un tejado rojo. Firme frente al viento y el frío. Llevaba el cabello largo y oscuro y muy poco vello, el suficiente para manchar una pelvis en la distancia. Me separaban de él una avenida ancha y dos calles y quizá el abismo de motivaciones y de porqués que nos separa de cualquier ser humano y que a este en concreto le habían impelido a subir hasta allí de aquella guisa corita y, porque no decirlo, elegante en su pureza de cuerpo al viento. En las fachadas vecinas, nadie - al parecer -, se había percatado del evento.

Lo miré largo rato. Alarmado en un principio por lo que preví como resolución final y valiente que respetaba. como siempre he respetado a todos los suicidas salvo a los mas cercanos. Más tranquilo después, al verle pasear de manera plácida sobre las tejas con sus pies desnudos (Definitivo: iba descalzo), me encontré disfrutando de la vista de aquel cuerpo joven y osado que despreciaba así todas las miradas del mundo.

El escritor es un mirón de sensaciones y de sueños y un mirón de cuerpos y de gestos. Prostituimos lo que conocemos, gentes, personas o cosas, en aras de un papel que alguna vez será Arte, con mayor o menor fortuna, y ponemos así, siempre negro sobre blanco, nuestra percepción distorsianada - por humana - de un mundo que a veces no acertamos en comprender. Y nuestra culpa reside en la mirada.

Miré así al hombre desnudo que paseaba tranquilo por el tejado rojo. Intenté atribuirle los rasgos propios de cualquier personaje literario. Quien sería y a qué dedicaría su tiempo. Cómo hablaría o se expresaría en su trato familiar, en sus diferentes entornos. Qué deseaba en la vida y qué había obtenido de ella, y sobre todo. Qué extraña obsesión o principio le había movido a subir así al tejado un día frío de Marzo a las diez de la mañana.

Mientras tanto el hombre se había sentado sobre las tejas, de cara a la calle y de frente a mi mirada, y ahora fumaba un cigarrillo que no supe de donde había sacado. Descansaba unos brazos largos y no demasiado musculados sobre sus piernas cruzadas y yo imaginé el frío del tejado bajo su culo desnudo. Con una mano fumaba y con la otra, tal vez, se acariciaba las partes o se rascaba lentamente. Deseché la masturbación por la ausencia de movimientos furiosos en el brazo que se perdía entre sus piernas. Luego, forzando la vista, descubrí un paquete pequeño de color azul, no muy lejos de su cuerpo. Tabaco negro nacional que me dio pautas de joven obrero o cesante, como me las podría haber dado de amante del humo fuerte de aquella marca, como yo mismo lo soy desde hace años. Las pautas son las que son en cualquier momento dado y la interpretación que hago de ellas esta condicionada por mi sentido de lo literario.

Asistí como espectador en la distancia, emocional y física, a aquel largo paseo por las alturas de un tejado durante media hora larga. Podría decir aquí, en uno de esos giros melodramáticos que me caracterizan, que al fin el hombre sí había tomado una solución sobre la vida que lo sostenía y que luego de alzar los brazos al cielo nublado en una forma ignota de ritual salutación, se arrojó al vacío. Pero no seria cierto. Si lo es que alzo los brazos.

Lo cierto es que tal y como había llegado a su tejado se fue de el y que me dejó pensando en tejados de trece pisos de otras ciudades cercanas y caídas voluntarias de treinta metros. Me dejó pensando en el espectador distante que yo fui en aquel episodio y en el espectador distante en que me había convertido al contemplar otra vida antes cercana, con la lejanía y la dureza que habia elegido para cauterizar mi corazón y mi ego heridos. Pensé en todo ello, en distancias y adverbios de lugar equivocados y en la miserabilidad de mi alma de espectador impávido. Me avergoncé de mí como lo hago ahora que lo escribo, incapaz de no hacerlo: escribir; como incapaz soy de poder detenerla. En vano todo al fin: escribir, desahogarse, escuchar y observar, vivir... si la acción que pudiera ejercer para detenerla se ve demorada por mi propia mano, impelida por una razón que no es la mía, impuesta por otras lógicas que yo nunca concebí... y una fatiga que ya no domino.

Sólo queda así observar...

Y rogar para que no lo haga.

¿Fin?


Juan Manuel
3 abr 1999, 10:00
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Marzo en lluvias, buen año de alubias.
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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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