Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 08 Diciembre 2021 16:33
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© gsmiga - Un hombre... sin suerte.
Está claro que lo tuviste todo en contra. Desde el comienzo de tu corta vida de 38 tacos. Movida, sí, pero llena de calamidades desde tu más tierna infancia. Tu papá se dedicaba a rocolectar algodón, allá, en Ar kansas, y como carecía de cualquier otra distracción a su alcance, se de dicaba en sus ratos de ocio a engendraros a vosotros. Unos dicen que fuísteis 15 hermanos, y otros elevan la cifra a 25. La verdad se que tú jamás la aclaraste, y la "tribu" a la que pertenecías se dispersó relati vamente pronto. Porque solamente os unía vuestra necesidad de superviven cia; de modo que cuando cada uno empezó a bandearse por su cuenta...man ta y carretera. Porque papá era muy severo. Te puso a recoger algodón a los 8 años de edad. Tenía una sutil teoría fruto de sus cavilaciones pe ripatéticas, cuando iba o venía de los campos, con el espinazo doblado por el duro trabajo..."Si tienes edad para sentarte a la mesa, también la tienes para coger el azadón". Simple y conciso, ¿verdad?

No pudiste ir a la escuela hasta que en unión de tu mamá y algunos herma nos dejásteis a papá y os mudásteis a Missouri. Allí mudaste de vida, al menos en apariencia y durante una corta temporada. Conseguiste un traba jo mal pagado, dada tu inexistente capacitación profesional, y te dejas te caer por la escuela. Mala cosa. Eras grande y fuerte...y analfabeto. Y los chicos se reían de tí. Aquello-cavilaste-no ofrecía futuro.

De manera que cruzaste la tenue línea roja y pasaste al campo contrario a la ley. Te dedicaste a atracar figones, tabernas y tiendas en unión de una pequeña banda que pronto llamó la atención de las autoridades. Tu recuerdo de aquella época lo expusiste con claridad absoluta..."Lo único que veía era un plato lleno de comida". Y proseguiste tu trayec toria delictiva hasta que te prendieron en 1950, por asalto a mano arma da. Aunque parezca paradójico, en la trena la suerte te sonrió. No mu cho, pero infinitamente más que antes. Conociste el capellán católico del penal, Alois Stevenson, que al ver tu fortaleza te animó a practi car el boxeo. Conservas buen recuerdo de él-"Fue el primer hombre que habló conmigo en lugar de darme órdenes"-dijiste. Claro, se dio cuenta de que eras un rebelde con causa y decidió canalizar la agresividad que te invadía de ciega cólera que tú mismo no sabías explicar; y como tu físico te ayudaba, decidió que lo mejor para tí era proporcionarte una salida honesta a la explosividad que embargaba tu mente. Acertó.

Cuando te vio algo preparado, el cura se encargó de proporcionarte la "piedra de toque" que aquilatase tu valor en el ring. Así que habló con sus "relaciones" que le brindaron la oportunidad de contactar con Thurman Wilson, un peso pesado de cierta nombradía que se prestó a realizar un combate de "exhibición" contigo de sparring en la prisión. Le diste tal somanta de palos que al cuarto asalto dijo que no seguía y se fue al vestuario. El cura y tú ya sabíais a que ateneros.

De forma que al salir en libertad condicional en 1952, ya tenías más referencias para enfocar tu destino que dos años atrás, cuando ingre saste en el penal. Algo es algo. Porque el mismo cura te dio unas di recciones que te sirvieron para inscribirte en el campeonato Guante de Oro y ganarlo. Aquello iba por buen camino.

Subiste como profesional a la lona, el 2 de septiembre de 1953, y tu rival se mostró algo despectivo contigo en el pesaje. Se llamaba Don Smith, y te llamó "hijito"-Sonny-apodo que ya no te abandonó en el res to de tu existencia, y con el que te conoce la posteridad boxística. Charles Sonny Liston, el hijo de Tobías-Tobe-Liston, el que te puso un legón en las manos en plena infancia.

El caso es que "Hijito" puso KO al "padre paternal" en 33 segundos del primer asalto. No cabe duda que comenzabas con buen pie tu andadura en el deporte de pago. Sin embargo, seguías bordeando la ley. Porque tu mánager, Monroe Harrison se divorció, y para hacer frente a los gas tos decidió vender tu contrato a Frank Michell, que era un testaferro del "capo di tutti capi" John Vitale, jerifalte de la Mafia de Sant Louis, con lo que te viste en medio de un ambiente que no te convenía nada, dados tus antecedentes penales.

Y tu nuevo jefe, vistas tus "aptitudes" te usó-entre pelea y combate- para mantener en "orden" a los negros rebeldes que le causaban proble mas en sus "empresas". Tú eras el encargado de "amedrentarlos" y re ducirlos a la obediencia...utilizando métodos completamente descriptí bles. Error serio del que tardaste en percatarte. Porque esa, digamos, actividad subterránea, estaba empañando a los ojos de las autoridades tu rosario de vistorias en el ring que se sucedían unas tras otras. De esa etapa solamente resistió Marty Marchall, que te venció a los puntos, pero al que en la revancha pusiste a dormir por KO, y en el de sempate volviste a vencer, ésta vez a los puntos. Dicen los que te veían en acción que eras un zurdo que peleaba con guardia ortodoxa, lo que desorientaba a tus rivales que en el momento menos pensado sentían estallar en sus mandíbulas tus "jabs" de izquierda, mortíferos de nece sidad.

Otra vez te perdió tu carácter cuando te enfrentaste con un patrullero y lo dejaste malparado. Sucedió en 1956 y volviste tras las rejas. Al go que te habías prometido a tí mismo que no sucedería nunca más. Por eso, al salir de la trena, agarraste a Geraldine y os fuísteis a Fila delfia...a probar suerte y respirar aires nuevos. Y también allí te "protegieron" dos mafiosos de postín: Frankie Carbo y "Blinky" Paler mo. Mal asunto, Sonny, porque tu contrato estaba "repartido" entre va rios personajes de mal pelaje. Un 52% para Carbo, un 12% para tu anti guo "capo", Vitale, y el 24% para tí y tu mánager, Pep Varone. Tuviste el triste "honor" de ser el último campeón de los pesados manejado por mafiosos.

Sobre la lona seguías tu curso habitual, tumbando tíos a toda pastilla. Cimbreaste al cubano Julio Mederos por KO en tres asaltos; y luego des pachaste a Wayne Vetea en 69 segundos, brevísimo tiempo que te permi tió romperle 7 dientes. Así te las gastabas. Después pusiste a dormir en el primer asalto a Frankie Daniels. Y luego te enfrentaste a un contrario que te lo puso dificil. Se llamaba Bert Withehurst y peleaba para costearse los estudios de medicina. Solamente le ganaste a los puntos...en dos ocasiones.

Y llegó tu año, 1959, en el que pusiste los cimientos para escalar el podio al campeonato, con cuatro combates importantes. Ya no eran sim ples sacos los que te ponían enfrente. Ganaste en seis rounds a Mike De John; luego a un pegador extrarodinario, Clevelan "Big Cat" Williams por KO técnico en el tercer asalto. Después te deshiciste del cubano Nino Valdez tumbándolo en el tercer asalto. Y Willi Besmanoff te duró hasta el séptimo round.

En 1960 ya ocupabas el quinto puesto entre los pesados, y consecuente mente el dinero venía hacia tí y tú lo disfrutabas plenamente. Viajes a Florida, y hasta una pequeña estancia de veraneo en los Castkills, lugar a donde iba a solazarse la gente de posibles. Geraldine estaba encantada con su marido, y tú hasta agradecías a papá Tobe su severi dad que te obligó a abandonarlo y buscarte la vida por tu cuenta. No hay mal que por bien no venga, debiste pensar.

Ese año derrotaste a Howard King y volviste a derrotar a Cleveland Williams. Luego despachaste al tejano Roy Harris, que ya se había me dido con el campeón Floyd Patterson, cuyo cinturón ambicionabas. De modo que con vistas a tal enfrentamiento, programaste una serie de peleas con gente de renombre. Venciste a Zora Folley por KO técnico en el tercer round, y a Eddie Machen le ganaste a los puntos, lo que te convirtió en el primer púgil del escalafón, con derecho indiscu tible para medirte con el campeón.

Aquello fue un calvario. Hubo toda clase de trabas, aprovechadas por Floyd para mantenerte a distancia. Además, se metió la política por medio; y jugaban en tu contra tus antecedentes penales. Muy negro lo tuviste, Sonny, para qué vamos a ocultarlo.

El mánager de Patterson voceaba ante quien quería oirlo tu pasado criminal. Y las autoridades deportivas...le daban audiencia. Y la co sa se dilataba, porque tu te acercabas a los 30 tacos, edad en que lo mejor de uno comienza a declinar en un deporte tan exigente como el boxeo profesional. Tenías prisa, y las cosas iban lentas, muy lentas. Tomaste una decisión heróica. Intentaste tomar al destino entre tus manos y...compraste su parte de tu contrato a tu mánager, Pep Varo ne, porque necesitabas "limpiar" tu imagen. Contrataste a un nuevo mánager con el que no te entendiste y despachaste rápido. Luego, al guien te habló de Jack Nylon, un millonario excéntrico que no tenía repajolera idea del box, pero que según te informaron, poseía nota bles "influencias". Justo lo que necesitabas tú. Lo contrataste.

Pero la decepción no tardó en llegar. Ni así lograbas acercarte lo suficiente al combate definitivo de tu vida. Tuviste un momento de debilidad..."¿qué quieren estos indivíduos? ya no me junto con mafio sos y mi representante es una persona distinguida, ¿acaso no les bas ta? Pues parecía que no. Las autoridades deportivas de Nueva York estaban persuadidas de que seguías en contacto con los bajos fondos, y habian vedado la más mínima posiblidad de que pudieses pelear allí. Le tomaste ojeriza al doctor Charles Larson, presidente de la Asocia ción Nacional de Boxeo, que llegó a decir..."Si Liston llegara a ser campeón antes de que se rehabilitase sería una catástrofe". ¡Maldi to cabrón hipócrita! ¿Quién era ése mascachapas, más tieso que el pa lo de una escoba, para decirte que no podías pelear? ¿Qué tenía que ver tu pasado, si habías demostrado sobradamente que eras el mejor púgil del país? Así no había manera de rehabilitarse, porque los mis mos que te lo exigían te lo impedían en la práctica, al negarte la posibilidad de ejercitar tu oficio. Lo único que sabías hacer a la perfección. Los muy hijos de puta deseaban condenarte a la miseria de la que habías logrado escapar gracias a tus puños. Así que aquél fulano Larson y su cábila de seguidores hicieron todo lo que en sus manos estuvo para evitar que le rompieras la jeta a Patterson.

Menos mal que salió un valedor de última hora. Alguien con el su ficiente prestigio para que su voz fuera atendida...hasta cierto punto. Se trataba del duodécimo marqués de Queensberry, descendiente del "codificador de las normas del boxeo profesional". Se llamaba tu amparador Sir David Harrington Angus Douglas..."Si ahora no está en la cárcel es porque está en paz con la ley, y si es un buen boxeador tiene derecho a pelear con Patterson". ¡Alguien con sentido común, al fín!, resoplaste animado del más ferviente agradecimiento. Ahora se guramente te iban a conceder tu derecho a medirte con el campeón.

Pero hubo mar de fondo político. Tu gente de color estaba metida en el movimiento por los derechos civiles. A tí te daba igual, pero al sector más cultivado de tu raza no. Y tenían razón. Pero eso a tí te perjudicaba directamente. Porque el líder Martin Luther King ha bía "diseñado" el modelo de hombre de color intachable, integérrimo e inasequible ante cualquier actitud crítica que pudiese erosionar la pulcritud de su actitud política. Era el llamado "reino de los elegidos" que alcanzaría el paraíso de la "igualdad de derechos", ve dado hasta ese momento para vosotros. Buenos y malos, listos y ton tos, feos y guapos, fuertes y débiles...todos eráis, de alguna for ma, "inferiores". Las cosas estaban así, y a tí, que solamente desea bas ganarte la vida boxeando, no te apreciaban porque representabas exactamente el modelo contrario del "negro ideal". Además tenían al alcance de su mano, y de su propaganda, a grandes campeones de co lor que eran el vivo contraste contigo. La teoría era que se podía ser implacable en el cuadrilátero, y un primor en la calle, y ahí estaban el mismo Patterson, todo un caballero ahorrativo, discreto, fino, religioso; o el gran Joe Louis, todo un campeón honestísimo, amigo de los desfavorecidos, humilde; o "Papá" Jersey Joe Walcott, otro que tal, que llegó a campeón a los 34 años, por eso le llamaban "papá Walcott". Y luego estabas tú. No había color, debes comprender lo. De acuerdo, no fue culpa tuya, pero las cosas son como son, y no hay vueltas que darle, porque no van a cambiar. Y como los tiempos eran los que eran, te hicieron la puñeta a base de bien.

Percy Sutton, director de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, se puso erguido y galleó..."Estoy a favor de Patterson porque él nos representa mejor de lo que podría hacerlo Liston". Pedrada en todos los procreativos, Sonny, así te sentó tan desconsiderada afirmación. Y lo malo es que muchos negros pensaban igual...que la victoria de Liston supondría un retroceso para sus justas aspiraciones, precísamente ahora que parecían aproximarse a la meta soñada. Y era difícil comprender eso para tí, Sonny. Y lo sería para cualquiera en tu situación; pero no era nada en comparación con lo que vendría luego. Pero, al menos de momento, Floyd era al héroe, y tú el malo de la película. Seguías remando contra corriente. A pesar de lo cual, la lógica mercantil se impuso, y al olor de los golosos beneficios en el horizonte, os pusieron frente a frente en el tapiz. La ocasiòn llegó y tú no la ibas a dejar escapar. Y tan fuerte la apretaste, que en el primer minuto del primer asalto, el bueno de Floyd estaba panza arriba sobre la lona, soñando con los angelitos. "Por la forma en que cayó supe que no se levantaría", di jiste luego. Así fue. Ya eras campeón mundial. Ya no volverías a pa sar necesidad, y ningún holgazán, blanco, negro o mestizo volvería a tratarte como un robaperas. Eso seguro.

Mientras, un aturdido Patterson prometía en el vestuario..."Quiero volver a pelear con él". Y un ocurrente le dijo...¿Pelear dices? ¿Con quien has peleado esta noche? Así es la vida, la derrota es huér fana y la victoria tiene muchos padres. Tú lo sabrás de sobra, Sonny, porque poco tiempo después irías por la misma oscura senda que ahora transitaba el buenazo de Floyd.

Pero lo importante fue el subidón moral que experimentaste. Le dijis te a tu amigo Jack McKinney, cuando regresabas a Filadelfia, que ibas a ser el "campeón del pueblo"; que querías conocer al presidente de la Asociación para el progreso de las Personas de Color; meditabas recorrer iglesias, hospitales y orfanatos de tu gente, para hacerles ver quien eras en realidad. En tu mente se habían fijado las palabras de Joe Louis..."La única manera que tiene Sonny Liston de cambiar su vida es convertirse en campeón del mundo". Bien, ahora era tu ocasión. No había nadie para recibirte en triunfo al bajar del avión. No te recibió el alcalde. No quiso saber nada de tí el Presidente de la AN PPC. Tampoco obtuviste respuesta a tu petición para ir a la Casa Blanca a ver al Presidente. Un desastre, Sonny, y resignadamente, le dijiste a Geraldine..."Esto es lo que hay". Nada. Seguías solo. Úni camente estaba ella a tu lado. Como siempre.

La revancha con Patterson se dirimió en Las Vegas. Tú avisaste con suficiente antelación, honestamente, a quien quiso oirte..."Quien pa gue por este combate será idiota, va a ser peor que el primero". A buen entendedor, pocas palabras bastan. Además, en Las Vegas, la ciu dad de los casinos mafiosos, te trataron de primera, y Geraldine esta ba encantada. Ciertamente hubo unas pocas vocecillas de gente "cagapo quito" que hablaron de escándalo, lo que hizo que tu mánager sugiriese que era mejor que te entrenases en las afueras..."Vete a tomar por cu lo, nos quedamos aquí". Y allí seguiste.

El combate, celebrado el 22 de julio de 1963 tuvo poca historia. Al ca bo de un minuto y cuatro segundos del primer asalto, Floyd estaba de nuevo "durmiendo" sobre el tapiz. Se conoce que le había cogido cos tumbre y se encontraba cómodo en tal posición. En realidad, mucho más interesante que el combate fue la aparición de un jovencito insolente y mal hablado, que se presentó en el casino en que jugabas y te pidió, de muy malos modos, su oportunidad. Te insultó y se rió de tí, hasta el punto de que tiraste de revólver y comenzaste a disparar, lo que le puso en fuga; pero tu calvario acababa de comenzar. Por cierto, el mo zalbete se llamaba Cassius Marcellus Clay.

Pero no te libraste de él tan fácilmente, porque cuando Patterson es taba despertando de la dosis de cloroformo que le administraste, el impertinente niñato subió al ring y comenzó a vociferar que la pelea había sido un fraude, que tú, Sonny, eras otro fraude y que te iba a tumbar en el octavo asalto. Entonces le enseñaste tu cinturón y le es petaste..."Esto es algo que nunca tendrás"; y como siguiese berreando, ciego de cólera, añadiste..."Cuando te tenga frente a mí, te sacudi ré igual que si fuera tu padre".

Luego fuiste a Europa a exhibir tu fortaleza en combates de exhibi ción, pero cuando estabas más a gusto zurrándole la badana a los pú giles europeos..."que han aprendido a pelear en una academia de seño ritas finas"...estalló el enésimo escándalo. Se descubrió que tenías dos hijas ocultas, Mary de 17 años y Eleanor de 12; y como tú tenías 31, resultó que habías sido padre a los 14 años. Un record de precoci dad, Sonny, qué quieres que te diga.

Discurriste un buen plan para lavar tu dañada imagen y contrataste al bueno de Joe Louis para que te "defendiese" de tus acosadores. Ade más te dedicaste a mantener charlas televisivas de entrenamiento con jóvenes aficionados en el gimnasio. La verdad es que hiciste todo lo que estuvo a tus alcances para reparar lo que no tenía solución. Geraldine sabía tu "pecado" de antiguo, pero la Policía se dedicó a acosarte. Paraban delante de tu puerta para que supieses que te con trolaban. Llegaron a multarte por conducir demasiado despacio a tra vés de Fairmont Park, y siempre los tenías en los talones, intran quilizando a Geraldine y excitando tus nervios a diario. Tiraste la toalla y pusiste tierra por medio. Te fuiste a Denver..."Prefiero ser un farol en Denver que el alcalde de Filadelfia". Así desahogas te la rabia que te invadía.

Detrás de tí llegó Clay, el muy fantoche, con un omnibus pintado de rojo y blanco, con letreros que rezaban..."El púgil más vistoso del mundo, Liston caerá en el octavo". Lo que faltaba. Llamó a todos los periódicos y agencias de noticias para que viesen como se instalaba delante de tu vivienda. Un espectáculo inenarrable. Un día llamó a tu puerta, y cuando abriste empezó a insultarte y a mofarse de tí. Pensaste en liquidarlo allí mismo, pero dentro estaba Geraldine, y te contuviste. Fueron los vecinos los que acabaron llamando a la Po licía, con gran disgusto tuyo, que querías mantenerte alejado de su odiosa presencia.

Clay se dedicó a prepararse para acabar contigo. Le sacudió al cam peón británico Henry Cooper por KO técnico. Y fue allí, en el ves tuario londinense donde tu mánager, Jack Nylon le dijo..."He volado 5000 kilómetros para comunicártelo: estamos dispuestos".

La idea era aprovechar la afluencia de turistas a Miami, con la pelea para el 25 de febrero, y "hacer caja", porque tú y tu equipo, Sonny, únicamente veíais en Clay a un charlatán que os iba a llenar los bol sillos de dinero fácil. Después de todo, eras el campeón, y debías aprovechar tus años de esplendor para preparar tu retiro. Unas cuan tas peleas poco comprometidas para explotar el filón, y luego te irías del bracete con Geraldine hasta un lugar cálido y cómodo a dis frutar de la vida, que bien merecido lo tenías.

Claro que había temores de fiasco. Tú eras un mafioso de poca monta, y Clay se había afiliado al movimiento de los Musulmanes Negros, diri gido por Malcolm X, lo que bien podía alejar a la gente de la pelea del siglo. Por eso se trató de convencer a Malcolm X para que se man tuviese a distancia de la ciudad hasta la fecha de la pelea. Le dieron un asiento-el número 7-en la primera fila de ring, para ablandarlo. Al lado mismo del rincón del aspirante.

En el pesaje te insultó a placer, para caldear el ambiente, mientras sus acompañantes-Ray "Sugar" Robinson, Tony Mundini y Angelo Dundee- lo jaleaban. Vociferaba..."Soy el boxeador más guapo del mundo"... "En el octavo asalto se verá que soy el mejor". Le "calzaron" una mul ta de 2500 pavos que le descontaron de su bolsa.

Cuando subiste al ring, alguien te animó...¡Mata al negro, Sonny! No te hizo mucha gracia, porque negros eráis los dos. Pero pronto lo ol vidaste ante la provocación de Clay, que al verte con tu cinturón, te espetó..."¿Para qué quieres eso? ¿Para sujetarte los pantalones?". Pronto le darías su merecido al bocazas; ahora lo tenías enfrente y no escaparía a tu venganza. Saliste a por él, pero...no lo encontraste. Giraba, revoloteaba a tu alrededor mientras largaba sus aguijonazos so bre tu rostro. Trataste de acorralarlo en las esquinas, pero se esca bullía y vuelta a empezar; tú largando jabs y uppercuts que se per dían en el aire, y el voceando, gritanto, ensordeciendo tu atormenta do cerebro en el que se amasaban la ira y la impotencia. Asalto tras asalto estuviste persiguiéndolo y cosechando...aire ante tus potentes golpes, y abundantes cortes en tu rostro, producto de sus molestas "picaduras".

En el quinto asalto pareció venirse abajo-en realidad le dijo a su cui dador que no veía nada, y quiso abandonar..."Sal ahí y no dejes de co rrer, porque no te darán otra oportunidad, le dijo Dundee-. De modo que salió y ganaste el asalto. El único, porque en el sexto recuperó su tónica y te enloqueció con sus directos secos y punzantes sobre tu cara. Te lo jugaste todo a una carta. Cuando lo tuviste a tiro, le lar gaste un directo cruzado de una potencia explosiva. Tú eras mucho más pegador que él. Y si lo llegas a tocar, lo envías a Pernambuco. Pero...esquivó aquél golpe, capaz de derribar el muro de una prisión, y tú te dislocaste el hombro. Y ya no quisiste disputar el séptimo asalto y tiraste la toalla. El médico declaró que tenías lesionado el hombro, pero no le creyeron. Y pensaron que la ceguera de Clay la habías ocasionado tú con algún producto extraño en tus guantes; y a pesar de que el propio Clay confesó noblemente que se debió a que le entró en los ojos un poco de árnica que le echaron en los pómulos, na die le creyó. Seguías siendo un delincuente, Sonny, mal que te pesase. Luego, Clay hizo pública su afiliación a la secta de los Musulmanes Negros y pasó a llamarse Mohamed Alí. Esto hizo que la Asociación Mun dial de Boxeo no lo reconociese como campeón, pero sí lo hizo el Consejo Mundial de Boxeo. Pero a tí te preocupaba la revancha. Y al revés que en la anterior ocasión, te preparaste a fondo. Incluso te dedicaste a practicar artes marciales para ganar velocidad. Al fín, la revancha se firmó para el 16 de noviembre de 1964, pero hubo de suspenderse porque a Alí lo operaron de una hernia, y se acordó nueva fecha para el 25 de mayo de 1965 en Lewiston (Maine).

A pesar de tus buenos propósitos, visitaste la lona en el primer asal to. También hubo comentarios decepcionantes, porque, en apariencia, el golpe que te derribó, no pareció tan potente para uno como tú, ha bituado a recibir en la cabeza los porrazos de los guardias y resistir los tan guapamente. De modo que hubo quien se creyó que el tongo es taba a la vista; y tratándose de tí, Sonny, era posible esperar cual quier cosa. Mientras Jersey Joe Walcott te "cantaba" y contaba el KO irreversible, el botarate se puso a berrear..."¡Soy el mejor!", y di rigiéndose a la prensa..."¡Ahora os vais a tragar vuestros pronósti cos!" Un circo, como de costumbre.

Pero tú ya estabas fuera de la "lista", y dada tu edad y circunstan cias personales, el alejamiento iba a ser definitivo. Aún tenías una cuenta apreciable en el banco. De modo que te tomaste un año sabáti co para pasear con Geraldine por el ancho mundo. Estuvísteis en Euro pa, y cuando te pesó la inactividad, comenzaste a zurrarle a los pú giles locales. Ahora no tenías prisa, y las bolsas que cobrabas, aun si bien menores que las de USA, te ayudaban a mantener tus "ahorros" en estado de revista. Todo iba aparentemente bien. Hasta que conce biste la idea de volver a combatir por el campeonato. Echaste cuenta de que aún te faltaban cinco años para convertirte en "viejo", y como te encontrabas bien, pensaste en regresar y combatir de nuevo con los mejores. Y a tus 44 tacos comenzaste el meritoriaje de nuevo. Tumbas te a los primeros badulaques que te pusieron enfrente, pero tropezas te con tu antiguo sparring, Leotis Martin, que te liquidó en el nove no round. Luego peleaste con Chuck Werner, y como aún tenías pólvo ra en tus guantes, lo liquidaste en el décimo por KO. Fíjate cómo lo dejaste que le tuvieron que dar 57 puntos de sutura en el rostro.

Y se acabó, Sonny, fue tu último combate. Seis meses después, cuando te encontrabas negociando una pelea con el campeón canadiense Geor ge Chuvalo, Geraldine, que regresaba de visitar a su madre, te encon tró muerto en vuestra cocina. En tu antebrazo colgaba una jeringuilla que presumía tu adicción a la heroina. Era el 30 de diciembre de 1970. Nadie supo lo que te pasó en verdad. Tus deudos juzgaban impo sible que tuvieses afición a las drogas, aunque reconocieron que le pegabas al tarro de "jackdaniels" lo tuyo. Incluso Geraldine explicó a la Policía tu aversión a las jeringas. Te negabas a "pincharte" in cluso cuando estabas enfermo. Encontraron una bolsita de heroina en tu cocina, pero una parte de la Policía no se lo creyó, y juzgó que "alguien" te había ultimado. Gente del hampa, sin duda. Pero no su pieron elucidar móviles ni pistas sobre tus supuestos asesinos. El fiscal decidió echar tierra al asunto, porque al fín, no eras más que un delincuente, Sonny. Además, tu cuerpo se descompuso tan rápidamen te que poco se pudo investigar para saber de cierto qué es lo que te había pasado, aunque los médicos hablaron de ciertos niveles de codeina hallados en tus fluidos orgánicos. Un misterio sin resolver para siempre jamás.

Y te ofrecieron un entierro de primera. Tus restos transitaron por última vez por Strip Boulevard, en Las Vegas. Y te despidieron Ed Su llivan, Doris Day, Joe Louis y la inaccesible Ella Fitzgerald. Todo un cortejo de lujo para uno que iba camino de ganapán como tú, que rido Sonny. Y lo más connmovedor fué lo que dijo el padre Murphy, tu amigo, llegado expresamente de Denver para rezarle a Dios por tu al ma. El alma de un muchacho atemorizado y desasistido que peleó con la vida de la única manera que pudo: con sus puños. Porque, lo cier to es, Sonny, que no te dieron otra oportunidad. El cura dijo de tí ..."Sonny tenía virtudes que pocos conocían". Y añadió..." Lo estuvieron utilizando toda su vida, y después de muerto lo seguían utilizando. Ahí estaba otro show en Las Vegas. Que Dios nos valga". No fue una mala despedida. Por lo menos, no terminaste achicharrado en la "silla caliente", como era de esperar dados tus inicios en el mundo del delito; ni derribado con un tiro en la espalda en cualquier calle jón. Y eso ya fue mucho lo que dijo en tu favor.

Ahora estás debajo de tu lápida. Descansando de la faena de tu vida. Un rótulo escueto figura en ella: "Charles "Sonny" Liston. 1932-1979. Un hombre". Ni más ni menos que lo que fuiste. Duerme en paz.

© gsmiga
Comentarios
Pacoz el julio 09 2010 03:49:56
Los que sienten una pasión irrefrenable por los campeones dirán, ¡¡¡qué título tan estúpdo decir que es un "hmbre sin suerte" alguien que llegó a campeòn mundial de todos los pesos!!!. Sin embargo es así
LLagar primero, ganar un aprtido, un "tour", una copa, un títuulo justifica alganador sólo por ese día pero a la mañana siguente uno sale a la calle y lo persigue la misma sombra,,su pasado.
Eso le pasó a Sonny Liston. La gente tiene excelente memoria para enrostrar causas viejas y los vicios (cigarrillo, alcohol, droga), al día siguiente reinicina sus reclamos.
Muy bueno GSA.
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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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