Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 30 Septiembre 2022 17:33
Navegación
las Ediciones
VSnail beta 1.0
Iniciar Sesión
Nombre de Usuario

Contraseña



¿Aún no eres Miembro?
Pulsa aquí para registrarte.

¿Has Olvidado tu Contraseña?
Pulsa aquí para solicitar una nueva contraseña.
Pergaminos
Sindicación
Foros Noticias
Textos Enlaces

Comunidad
© José Puentes - El espejo inglés.
Y el niño dijo: ¡Mamá, en ese espejo se ve Inglaterra!

La madre le contestó, como cansada: ¡Es un espejo, Jorge! Lo cogió de la mano y cruzó la carretera en dirección a la única casa que había entre los campos por aquel lado.

En el espejo se veía una carretera estrecha y azul abrazada de prados verdes y desde la lejanía se acercaba un coche circulando por la izquierda hacia el cruce con una pista de grava y tierra de color blancuzco, que parecía terminar en una casona vieja y gris rodeada de árboles.

Alejada ya la pareja de madre e hijo, después de pasar un coche por su derecha, se acercó al cruce un ciclista dominguero todo adornado de amarillos, polainas y casco preceptivo que observó el espejo. Estuvo a punto de frenar y parar, que el poste estaba medio girado y casi no se podía ver el camino blanco en toda su longitud, pero se decidió a seguir con esa especie de civismo a medias —o incivismo neto— que consiste en criticar las cosas, mas no ponerles remedio. Opinó mal de la señora, que acaso habría dejado al niño jugar con el poste haciéndolo girar. Más aún, de quien lo instaló de forma tan endeble que lo pudiera un jovencito alterar, y pasó luego al político de turno, al funcionario culpable y así siguió su camino y decurso mental.

En el espejo se veía una carretera estrecha y azul abrazada de prados verdes y a lo lejos se alejaba un ciclista circulando por la izquierda dejando atrás el cruce con una pista de grava y tierra de color blancuzco, que parecía terminar en una casona vieja y gris rodeada de árboles.

Con el ciclista se cruzó el director de un instituto, doctor en física y regordete en exceso, que caminaba por prescripción facultativa después de saltarse en el último reconocimiento médico todos los límites numéricos que proponen los analistas para considerarnos prudentemente sanos. Una vara de abedul y un libro parecían su único equipaje, a más del sobrante adiposo, y, aunque sudoroso, se desplazaba a buen ritmo dando golpecitos a la piedras que se encontraban en el pequeño arcén. Una de éstas golpeó el soporte metálico del espejo que sonó como campanil ahogado. El físico orondo detuvo su marcha y observó el convexo armatoste. Vio sus defectos, las marcas de la intemperie, su rudimentaria sujeción a la columna metálica y, sin poderlo evitar se acercó a él, se puso por detrás y, después de calcular el ángulo que debería tener para que los usuarios de la vereda blanca pudiesen ver con facilidad los vehículos que se acercasen por su izquierda, lo giró e intentó fijar con unas abultadas piedras. No sabemos si contento o no de su esfuerzo, continuó su camino pensando en la última vez que había estudiado algo de óptica.

En el espejo se veía una carretera estrecha y azul abrazada de prados verdes y de lejos llegaba un camión inglés en dirección al cruce con la pista de grava y tierra de color blancuzco, que parecía terminar en una casona vieja y gris rodeada de árboles y por la que se acercaba ahora un auto viejo.

En el coche iba un anciano algo vizco y cansado, manos gruesas de labrador y unas gafas que más parecían prismas que lentes graduadas. Marchaba a poca velocidad con el pequeño trote por los baches y la vieja suspensión, e iba pensando en el espejo y como lo había colocado el día anterior. Con su problema visual y el ángulo que formaba el camino era la única manera de enterarse si venia alguien por su izquierda. Recordaba el abuelo su discusión con los obreros municipales y con el concejal pedáneo para que pusieran el espejo como él quería, pero no hubo manera de convencerlos. Tuvo que esperar a que se fueran y luego girar con sus manos el poste mientras el cemento todavía estaba fresco. Llevaba las ventanillas alzadas para que no le entrara el polvo de la pista seca y blanca por la que circulaba. Llegó al cruce casi a la vez que el camión, miró al espejo y tomó la carretera hacia su derecha sin frenar. El camión inglés que venía a más de ochenta circulando por su izquierda, olvidado su chofer de la nación que pisaba, lo pasó sin rozarlo, pero hizo sonar su claxon atrompetado y estridente.

El viejo salvó la piel aunque maldijo al camionero y se ciscó en el espejo. Pura injusticia.

En el espejo se veía una carretera estrecha y azul abrazada de prados verdes y desde la lejanía se acercaba un coche circulando por la izquierda hacia el cruce de la pista de grava y tierra de color blancuzco, que parecía terminar en una casona vieja y gris rodeada de árboles. Por la parte posterior, casi tapada por el poste apenas se veía una placa metálica que rezaba algo así: "Norton & Strangler. London".


Jose Puentes.

Comentarios
No se han Publicado Comentarios.
Publicar Comentario
Inicia Sesión para Publicar un Comentario.
Valoraciones
La Valoración está disponible Sólo para Miembros.

Inicia Sesión o Regístrate para votar.

No se han publicado Valoraciones.
En imágenes
Breves
De donde vino el asno vendrá la albarda.
Mini Charla
Debes Iniciar Sesión para publicar un mensaje.

fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

Archivo de Charlas